Abril, otra vez abril

POR CARMEN IMBERT BRUGAL
Si los protagonistas de abril comprendieran lo pernicioso de sus reyertas. Si asumieran que además de la omisión y la manipulación oficial de la gesta, sus disputas y claudicaciones son responsables de la indiferencia de la juventud. A la mayoría de los jóvenes dominicanos le importa poco lo ocurrido y no entiende cómo los de entonces pudieron sobrevivir cobijados bajo la sombra de Joaquín Balaguer.

Sin justificar transacciones es imprescindible explicar el contexto, las tardías reacciones, las sorpresivas conductas. La defensa de la constitucionalidad no fue regenteada por personas formadas en escuela democrática alguna. Aquellos adolescentes deslumbrados por la posibilidad del disfrute de los derechos ciudadanos, crecieron en la tiranía. Los portaestandartes de la soberanía y del repudio al golpe de Estado, contra el gobierno de Juan Bosch, tenían la impronta de la represión en su espíritu. De otra manera no podía ser.

Para diseñar el empedrado camino hacia la democracia, los representantes del Partido Revolucionario Dominicano -PRD- consideraron pertinente conversar con Ramfis Trujillo, luego de su arribo al país el 5 de julio del 1961. La Unión Cívica Nacional-UCN- enarboló la bandera del anti trujillismo y fracasó. El “Basta Ya” de Viriato Fiallo fue vencido por “Borrón y Cuenta Nueva”.

En la conjura contra el primer gobierno electo de manera libérrima por el pueblo, después del trujillato, estuvieron mansos y cimarrones. La jerarquía católica no disimuló su rechazo contra el líder del PRD, luego Presidente de la República. Seis días antes del 25 de septiembre de 1963, Joaquín Balaguer decía: El país ignora qué clase de gobierno tiene, si un gobierno izquierdista, cuya labor consiste en ablandar el ánimo público y preparar el terreno para el advenimiento de un sistema comunista o si un gobierno dominado por la noble ambición de realizar una auténtica revolución social para que las masas se liberen de la injusticia, el privilegio y la iniquidad de la explotación.

La ciudadanía entusiasta que había llenado las urnas de votos blancos no reaccionó después del golpe. La instauración ilegal del Triunvirato, sus desaciertos y tropelías provocaron la resistencia de un cuartel forjado en la tiranía. Un grupo militar propugnaba por el retorno de Juan Bosch y la vigencia de la Constitución del 1963, otro pretendía el derrocamiento de Donald Reid Cabral y el retorno de Balaguer.

El gobierno de facto conoció las intenciones militares. Quiso contrarrestarlas con la designación del coronel Fernández Domínguez, uno de sus mentores, como representante diplomático en España. La ausencia del Coronel no detuvo el proyecto. La delación precipitó la acción. Los Campamentos 27 de Febrero y 16 de Agosto se sublevaron el 24 de abril. A través de Tribuna Democrática, programa de radio del PRD, la voz de José Francisco Peña Gómez anunció la prisión del Jefe de Estado Mayor, general Rivera Cuesta, y la sublevación. La multitud ocupó las calles de la ciudad de Santo Domingo, buscando espacio y respeto. La decisión de un pueblo armado con la Constitución dislocó las fuerzas represivas. Comenzó el enfrentamiento. La lucha era desigual, sin embargo, la sangre no ahogó la decisión popular. El 27 de abril, Rafael Molina Ureña, Presidente Provisional, después de la renuncia de Reid Cabral y Francisco Alberto Caamaño Deñó asisten a una reunión con Tapley Bennet- Embajador de EUA-. Ese día, el Coronel pactó con la gloria, se sintió vejado por la actitud de Bennet. Mientras eso ocurría, una Junta Militar, con sede en San Isidro, integrada por el capitán Olgo Santana Carrasco, el coronel Enrique Casado Saladín y el coronel Pedro Benoit, esperaban la asistencia de EUA. Benoit había solicitado la intervención armada y Lyndon Johnson atendió presto. El Presidente de los EUA no toleraría otra Cuba en el Caribe. La embestida de EUA, con la excusa de proteger a sus súbditos, se transformó en Fuerza Interamericana de Paz-FIP-. Se utilizó el apoyo de dictaduras regionales. Costa Rica envió 20 soldados, Honduras 250, Nicaragua 170, Brasil 1250. El 28 de abril llegaron “los americanos”. La defensa de la Constitución se transformó en salvaguarda de la soberanía.

Abril del 1965 comenzó en septiembre del 1963, cuando la obcecación conservadora decidió asaltar los balbuceos de la democracia. Continuó en Manaclas, aquel diciembre de inmolación y luto que no provocó revuelta alguna. Abril es la epopeya de una generación. Su génesis. Con la huella de esquirlas, de proyectiles, entre poemas y ráfagas, soportando el vaho de los cadáveres, la ilusión de entonces se convirtió en compromiso temerario. Empero, todo tuvo que cambiar para continuar igual. Los constitucionalistas firmaron con la OEA un Acto Institucional y un Acta de Reconciliación. Las tropas extranjeras permanecieron en el país y los comandantes abandonaron el territorio nacional. El gobierno provisional auspició la celebración de elecciones. Regresan del exilio los principales candidatos, Juan Bosch-PRD- y Joaquín Balaguer-Partido Reformista-. Todavía para algunos el triunfo del candidato reformista resulta inexplicable. El historiador Roberto Cassá dice: El Balaguer del 61 no es el Balaguer del 66. En el 61 era una criatura del trujillismo, un individuo rechazado hasta en términos sociales. “El pulpero de Navarrete” se le llegó a llamar en actividades políticas de la UCN. En el 65 el grupo dirigente que sobrevivió a Trujillo tenía una situación muy delicada, peligrosa y Balaguer ya tenía una porción de pueblo, podía ser una alternativa y el grupo se puso en sus manos, sobre todo a través de la instigación directa del gobierno de EUA”.