Abrir más espacios a la pujante industria turística

Abrir más espacios a la pujante industria turística

Las resplandecientes playas dominicanas son imanes para incesantes inversiones que hacen crecer la hospitalidad que garantiza la llegada constante de visitantes extranjeros y nacionales; motores de la normalización casi inmediata que con buenos auspicios del Estado logró la llamada industria sin chimenea convulsionada mundialmente por la pandemia.

Más allá de los alejados enclaves de sol, arena y amenidades de sello local está el potencial para resultar acogedores y seguros de otros lugares del país bien dotados por la naturaleza, particularidades urbanísticas y huellas del pasado aborigen y de los primeros contactos con el viejo mundo.

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Avanzar hacia una mayor visibilidad de escenarios para turistas que son motivos de orgullo patrio requeriría el previo saldo de una deuda de condiciones que necesariamente deben ser más favorables en materia de servicios públicos, seguridad ciudadana y de tránsito. El inventario de preocupaciones e insatisfacciones del dominicano común vale también para la meta de mejorar geográficamente al país como destino de excursionistas de allende los mares. Ni unos ni otros deberían estar expuestos a abrumadores inconvenientes por fallas eléctricas o de otros servicios; ni a la aparición súbita del malhechor armado y motorizado; o a la peligrosidad de las imprudencias en el tránsito que colocan al país entre los de mayores siniestros. Que conste: no se necesitan muy elevadas estadísticas de males para crear la percepción que ahuyenta.

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