¿Abrir más la frontera?

El problema haitiano es histórico, político, legal, diplomático, social, económico, y por supuesto, humano.

La presión de nuestros vecinos ha hecho que la comunidad internacional haya deseado y esté apostando a una fusión completa de los dos estados, porque la migración no solo ha tocado nuestro suelo sino que ha transcendido a playas más lejanas. Ellos no quieren recibir esos nacionales con sus problemas y enfermedades y por eso nos los quieren endosar.

Ese éxodo es comprensible pues todo ser humano tiene el derecho a subsistir.

Después de la sentencia del TC, el Presidente Medina, con un espíritu humanitario, sometió al Congreso una ley para enderezar todos los entuertos creados en el pasado por funcionarios incapaces o corruptos, lo cual es muy loable.

Esta ley, justa, por demás, ha sido malinterpretada o acomodada a su manera, por 10 millones de haitianos que viven en el oeste de la isla, y desde ya, han creído que pueden venir a “arreglar papeles” y quedarse viviendo como residentes legales.

El espíritu de la ley es legalizar los que ya están aquí, no los que están allá. Los que están allá, lo que deben hacer es exigirle a su gobierno que les ayude a modificar su estilo de vida y que les proporcione una educación integral, comenzando con enseñarles a cuidar su medioambiente. Es impresionante y llama a temor y reflexión, ver una foto aérea de la frontera donde se ve el verdor de los bosques de un lado y la aridez desértica del otro lado.

También, que les suministre sus papeles de identidad (a los que están en suelo dominicano) a precios asequibles, no a los precios actuales por los cuales viven quejándose.

Nosotros estamos en el deber de ayudarlos en ese y otros problemas como lo hemos hecho siempre; lo que no podemos permitir es que esos 10 millones vengan para acá. Aquí tenemos nacionales haitianos de sobra, muchos trabajando y muchos pululando por las calles de Dios pidiendo limosnas.

Legalicemos a los que ya están aquí. A los otros hay que cerrarle la frontera bien cerrada, a menos que vengan a hacer un aporte real a nuestro país. Controlemos bien la frontera y mejor todavía, controlemos a los que controlan la frontera, que son los principales culpables de los ingresos ilegales,cobrándole a esta pobre gente sumas que oscilan entre 3,000 y 10,000 pesos.