Acogerse a lo dispuesto

El aumento al salario mínimo no sectorizado de un 14% que, en aproximación a las aspiraciones de las partes, dispuso el organismo facultado para ello es un innegable aporte a la preservación de relaciones armoniosas en el ámbito obrero-patronal. Tras las prolongadas negociaciones que precedieron la resolución, correspondería a los representantes de los empleadores expresar su aquiescencia sin resquemores; y como la principal demanda colateral ha sido la reclasificación de empresas en coincidencia con la aplicación del incremento, ahora toca establecer la adecuación de categorías en el estricto plazo convenido.

La elevación decidida para zanjar diferencias llegó retrasada en atención a los mandatos de ley; y en atención a la realidad predominante para muchos asalariados, no serviría de mucho para compensar el costo a que va llegando la canasta familiar en el común de los trabajadores situados en atendibles expectativas mayores. En vista del crecimiento certificado de la economía y el notable vigor de las inversiones y de consumos en algunos sectores de poder adquisitivo, la bonanza ha tardado en incluir en sus efectos a los niveles de remuneraciones inferiores. Llegar al factor humano que aporta eficiencia a la producción con poca participación en beneficios; mientras de otro lado, la rentabilidad de empresas pequeñas debe ser protegida de exigencias salariales que no correspondan. Para eso es la reclasificación.

Estallidos para oídos sordos

A lo largo del libreto reformador de la Constitución han estado en exhibición las intenciones y capacidades intrínsecas del poder para aglutinar respaldo congresual “por los medios que sea”; con un legislador de la causa proclamando que “aquí todos nos conocemos y no somos suizos”, una forma de echar a un lado los imperativos de moralidad, ética y legalidad que deben reinar en funciones legislativas. La “aplanadora” del boschismo del 63 nunca hizo residir su poderío en el dinero.

De existir cabal vigencia de respeto a valores y principios y de interés por perseguir sobornos más allá de los de Odebrecht, tal “confesión de parte” (casi con relevo de pruebas) habría hecho temblar la actual sede de Themis; y los guardianes de la honra pública y del imperio de la legalidad dieran señales de vida.