Acribillan 23 religiosos en Bagdad

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BAGDAD (AP).- Un grupo de hombres armados detuvo a un autobús en el norte de Irak, sacó a 23 miembros de una secta religiosa y los acribilló, informó ayer, domingo, la policía. La matanza de 23 yazidis –una secta curda que idolatra a una figura tipo ángel que los musulmanes y cristianos consideran herética– fue al parecer en venganza por la muerte por lapidación de una mujer yazidi que se había convertido al islam para casarse con un islámico .

Los asaltantes viajaban en varios automóviles cuando detuvieron al autobús a eso de las 2 de la tarde, cuando llevaba obreros de una fábrica de textiles en Mosul a sus hogares en Bashika, cuya población es de yazidi y cristianos.

Los agresores revisaron los documentos de los pasajeros y luego separaron a los cristianos de los yazidis, dijo el brigadier de la policía Mohammed al-Wagga. Los yazidis fueron llevados al este de Mosul, donde fueron colocados frente a un paredón y fusilados.

Anteriormente el domingo, dos atacantes suicidas detonaron sus vehículos llenos de explosivos en un cuartel policial en una zona residencial de Bagdad, matando a por lo menos 13 personas e hiriendo a 82, dijo la policía.

El primer atacante pasó a gran velocidad junto a un retén policial que protegía el cuartel e hizo estallar su vehículo justo frente al inmueble de dos pisos, informaron las autoridades. Un momento después, un segundo coche-bomba se acercó a los muros de concreto del retén y explotó, añadió la policía.

Las bombas estallaron en momentos en que el primer ministro Nuri al-Maliki llegaba a El Cairo en la primera escala de una gira regional por cuatro países para ganar el apoyo árabe a su gobierno.

Los estallidos derribaron edificios cercanos, destrozaron ventanas y sepultaron al menos cuatro automóviles bajo montones de concreto. Techos de metal fueron levantados por la fuerza de las explosiones, y la sangre formó un lodo rojo al mezclarse con el polvo del camino.  Un hombre no identificado, con heridas en un ojo y en las manos salió tambaleándose entre los escombros.

“Todas nuestras pertenencias y nuestro dinero fueron aplastados. ¨Qué clase de vida es ésta? ¨Qué hace el gobierno?’’, exclamó. “No hay empleos, y las cosas están muy mal. ¨Es justo?’’.

Los cuarteles policiales iraquíes suelen ser blancos de atentados por parte de los insurgentes, que consideran a los agentes traidores al país, por colaborar con el gobierno y con las fuerzas de la coalición encabezada por Estados Unidos.

Las explosiones ocurrieron aproximadamente a las 10.00 en Baiyaa, una zona habitada por suníes y chiítas en el poniente de Bagdad, dijo un agente policial a condición de permanecer en el anonimato porque no tenía autorización de hablar con la prensa.

La fuente añadió que 13 personas murieron —cinco policías y ocho civiles— mientras que 82 resultaron lesionadas —46 policías y 36 civiles—.

Pero el número de víctimas podría aumentar, pues las cuadrillas de rescate buscaban todavía a más personas que estarían atrapadas bajo los escombros en el lugar, desde donde una columna de humo negro se elevaba.

Las explosiones causaron también destrozos en viviendas y talleres automotores, localizados cerca del cuartel.

Un alto general estadounidense dijo el domingo que las fuerzas estadounidenses no tienen una tecnología que pueda detectar todos los ataques suicidas antes de que ocurran. El teniente general Martin Dempsey, que está a cargo de entrenar a las tropas iraquíes, dijo que la única solución es que las mismas, funcionarios del gobierno y civiles trabajen juntos para frenar a las células terroristas que planean y ejecutan esos ataques.