Actitudes y leyes chuecas

Eusebio Rivera Almodóvar

En “La Casa del Conductor”, establecimiento oficial para reportar accidentes de tránsito en la ciudad capital, pude ver en una pantalla frente a la sala de espera, algunos mensajes impactantes con imágenes de accidentes reales por claras violaciones a las señales de tránsito y me pregunté: ¿Por qué no había tenido la oportunidad de verlos en todos los canales de televisión a cualquier hora del día, pasados sin costo como una contribución de las empresas televisoras a la educación y concienciación de la ciudadanía sabiendo que 30 segundos de transmisión gratuita cada hora no lesionaría las ganancias de esas empresas difusoras? Y, si se oponen, podría hacerse por decreto, ya que aquí, por esa vía, no es raro que se ponga a un pelafustán a ganar cientos de miles de pesos del erario.
Mientras esperaba, reflexioné sobre la remodelada Ley de Tránsito y las nuevas multas que se reglamentaron con ella y que siempre me han parecido exageradas porque los conductores que más transgreden las leyes, por su elevado número, sus niveles de instrucción y la habitualmente deplorable condición de sus vehículos, son los que conducen autos, minibuses y motocicletas para transporte público y sus ingresos diarios no soportan multas que, en ocasiones, no pueden recaudar en uno o varios días de labor, convirtiéndose en víctimas del fatídico macuteo.
Es mejor 50 multas de 100 que 1 de 5000; serían 50 ciudadanos penalizados y educados, aportando para mejorar el salario de los policías, contra 1 que no podría pagar y tal vez, si lo hace, lo comunicaría a familiares y amigos mientras los otros 50 lo compartirían cada uno con su barrio.