Actores mediocres

La historia del teatro registra grandes actores al través de los años; así también los ha dejado consagrado el cine americano, el inglés, el francés, el español, el italiano y de otros países. Pero en ocasión no vamos a referirnos a esos eminentes artistas, que muchas veces nos permiten hacer un alto en las actividades cotidianas y disfrutar de una genuina representación.

Hoy nos toca hacer algunos comentarios sobre los políticos en su rol de actores con la elocuencia exagerada como se expresan y el entusiasmo que los desorbita y los saca de quicio, es que a veces la imaginación trasnochada pone a ciertas gentes en su verdadero sitio, trátase del Congreso Nacional, o al hablar en la TV o cuando hacen declaraciones a los periódicos, llegando en casos extremos, a perder el programa del tema que tratan y hasta de olvidarse de las condiciones reales de su líder y por qué no también, a perder la vergüenza. Ahí no se quedan las cosas, por que nuestros políticos, por lo menos algunos, son actores mediocres, para ser benevolentes con ellos y no decir tajantemente: Malos actores.

La evolución parlamentaria de estos ridículos actores de la vida nacional, corrientemente tiene poco que ver con esa otra que solemos llamar cultural. Porque sucede que el pueblo de a pie, quiere que un ministro o un director cualquiera cuando hable, desea que lo tranquilice, pero de un diputado, senador o regidor, pide algo más, que lo conmueva o por lo menos lo deje satisfecho. Pero desgraciadamente nuestros políticos como los actores malos que son, resultan fríos y la política resulta aburrida, porque no tiene nada de positiva.

Antiguamente teníamos Senadores y Diputados con una larga historia de singularidad y agresividad, o mejor dicho de sesudo espíritu crítico, además de ser brillantes oradores, fuera por las ideas que sustentaban o por las atinadas soluciones que supieron aportar para aclarar o justificar la existencia de algunos problemas. Hasta en la dictadura teníamos ejemplos de esos prestigiosos parlamentarios. Ahora la mediocridad en la mayoría de los casos, ha llegado al Congreso y lucen sus malas actuaciones haciendo el ridículo y moviendo a risas a los espectadores.