Actos de desesperación

Cuando las crisis sacuden a los países, la mejor forma de enfrentarla es pidiendo ayuda y no adoptando medidas desesperadas y absurdas. Es como si usted cayera en la arena movediza. Si patalea y se desespera, se hunde más, siendo su única posible salvación, calmarse y gritar “socorro” para que lo rescaten.

Ningún Gobierno alrededor del planeta puede asumir que no necesita ayuda para salir del atolladero financiero en que se encuentra. Y esa ayuda algunos la necesitan más que otros, como es el caso dominicano. Pero si este patalea, se hunde más rápido y si decide no pedir socorro, nadie lo salva. 

El reciente anuncio del Gobierno de diferenciar el ITBI para favorecer la venta de materiales de construcción para viviendas de bajo costo y subsidiar intereses con los mismos fines, es el tipo de medidas desesperadas que pueden resultar en una grave distorsión de la economía, donde como siempre, los beneficiarios terminaran siendo los edificios de lujo y de ricos.

La distorsiona de muchas maneras. Generando un mercado negro en la venta de esos materiales ya que es imposible controlar un subsidio fiscal de este tipo focalizado a un grupo de constructores. Igualmente,  generará un incentivo maligno al importador afectando la industria local y su nivel de competitividad. Y finalmente, el Gobierno no tiene un centavo para estar ofreciendo esa clase de subsidios cuando no puede pagar sus inmensas deudas. Ojala esta sea otra de las tantas promesas que nunca se cumplen.

Aquí se le debe a las 20 mil vírgenes, incluyendo bancos comerciales, empresas suplidoras del Estado, sector eléctrico, productores agropecuarios, contratistas del gobierno y ni mencionar los compromisos con instituciones. Por ejemplo, hay atrasos de hasta 4 meses en los subsidios a los hospitales, centros de educación, seguridad social, nominas a empleados, etc. etc. Y lo peor del caso es que no hay ni habrá dinero para enfrentar esos compromisos salvo que  se realice una profunda reestructuración del gasto público y se eliminen los grandes dispendios que estas autoridades han institucionalizado con fines estrictamente proselitistas.

Decía en mi artículo anterior en esta misma columna, que una de las grandezas del acuerdo firmado entre Leonel Fernández y Miguel Vargas Maldonado, era el hecho de que al prohibirse la reelección consecutiva, el Presidente tenía las manos más libres para ajustar y reencauzar la economía. 

Que podía ponerle un freno a la corrupción galopante en su Gobierno y que podía desmantelar gradualmente y con prudencia esa estructura proselitista que ha construido con fines de perpetuarse en el poder. Una estructura parasitaria y extremadamente virulenta para la economía, cuyo costo ronda el 2% del PIB, equivalente a dos terceras partes del déficit fiscal del 2008. 

Ya es  tiempo de que estas autoridades descontinúen esos anuncios desesperados y abandonen sus políticas macroeconómicas restrictivas para los sectores productivos pero expansivas para sus onerosos gastos.

Es tiempo también de pedir socorro y buscar ayuda urgente, especialmente del FMI.