Actualidad de la “apuesta” de Pascal

http://hoy.com.do/image/article/332/460x390/0/CF80BC72-95D2-4511-837A-C9E390CB09B5.jpeg

LEONARDO BOFF
Blaise Pascal (1623-1662) fue uno de los grandes genios de Occidente como matemático, físico y filósofo. Después de una profunda experiencia espiritual, en pleno debate con la razón moderna naciente, escribió una Apología de la Religión Cristiana, que debería responder a las objeciones de la época de forma cabal e irrefutable. No consiguió su intento, pues, enfermo de gravedad, murió con tan sólo 39 años, en 1662, en París. Dejó únicamente anotaciones y pensamientos dispersos que se encuentran bajo el título Pensées, Pensamientos, apreciados hasta nuestros días.

Después de ensayar todo tipo de argumentos a favor de la fe, se dio cuenta, muy honestamente, de que ninguno de ellos era cabalmente convincente. Entonces forjó el famoso argumento de la «apuesta», válido hasta el día de hoy.

En el párrafo 233 de sus Pensées, Pascal plantea la siguiente cuestión: “Dieu est, ou il n´est pas”: “Dios existe o no existe”. Sostiene que la razón puede aducir tanto argumentos a favor como en contra de la existencia de Dios, por lo cual no consigue llegar a una respuesta convincente. ¿Cómo salir de este camino sin salida? Entonces Pascal dice: “il faut parier”, “es necesario apostar”. No hay escapatoria, porque una vez que se planteó la pregunta uno se encuentra embarcado en ella, dice. La razón no se humilla por tener que apostar, y la apuesta te conviene: “tienes mucho que ganar y nada que perder”. Por lo tanto, la apuesta es racional.

Si afirmas “Dios existe”, y en efecto existe, lo ganas todo: la vida y la eternidad. Si afirmas “Dios no existe”, y realmente no existe, no tienes nada que perder: el sentido de la vida y la eternidad eran meros devaneos. Entonces es racional, aconsejable y justo afirmar que “Dios existe” y así ganas mucho.

¿Cuál es la actualidad de la apuesta pascaliana para nuestros días? Culturalmente la cuestión no se propone ahora en términos de “si existe o no existe Dios” sino en estos otros términos: ¿qué futuro tiene el planeta Tierra y la vida si tomamos en serio los avisos de alarma dados recientemente por renombrados científicos? Existen galaxias que se tragan a otras galaxias. ¿Qué sentido tiene el universo que, debido a la ley de la entropía, camina irrenunciablemente hacia la muerte térmica? ¿Tiene sentido la vida humana después de la experiencia de los campos de exterminio nazis y del tsunami del suroeste de Asia? ¿Tiene sentido el destino de las grandes mayorías sometidas al hambre, a todo tipo de explotación, como el estupro de niñas y niños, y la esclavitud sexual de mujeres?  Nos vemos desafiados a apostar: apostamos que, a pesar de todas las contradicciones, en el universo trabaja un sentido secreto. Un día se manifestará y será la suprema felicidad de la creación. Así, lo ganamos todo. La luz tiene más derecho que las tinieblas. La alternativa es que todo no es más que un absurdo, que la felicidad es ilusoria y todos acabaremos en polvo cósmico. Así, no perdemos nada cuando dejamos de creer.

Vale la pena entonces apostar con una actitud de confianza y de entrega radical (éste es el sentido bíblico de la fe) por que el mundo es salvable y el ser humano rescatable hasta el punto de descubrir la hermandad universal hasta con las hormigas del camino. Apostando así, tenemos todo que ganar aquí y en la eternidad.