Acuerdos de comercio bilateral: un asunto peligroso

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Comentario Editorial
 Estados Unidos está siendo acusado por muchos por haberle propinado un golpe mortal a la ronda de Doha, pero hay pocas señales de que alguien esté tratando de resucitarla. La química entre los representantes de comercio de EEUU y la Unión Europea, es cada vez más corrosiva. Entonces, ¿qué pasa ahora con las negociaciones comerciales y la llamada ronda del desarrollo?

Para los países más pobres, la respuesta es la más simple. Se pueden beneficiar del comercio con el resto del mundo, pero las barreras comerciales injustas no son su mayor obstáculo. Muchos de los países pobres tienen algún tipo de acceso a los mercados ricos, aunque los países ricos ofrecieron más en la reunión ministerial de la Organización Mundial de Comercio de diciembre, y deberían respetar esos compromisos. Pero los obstáculos principales en los países pobres no son las tarifas, sino los agujeros y la burocracia. Esa tarea le corresponde a los gobiernos locales y las agencias como el Banco Mundial. La OMC no es una institución para el desarrollo, ni lo será nunca.

Para el resto del mundo, la forma de avanzar no es tan clara. EEUU parece haber sido capturada por sus comités agrícolas, mientras que casi todos los demás miembros de la OMC se ven contentos con cerrar un acuerdo débil. La UE estaba buscando un acuerdo con recortes en las tarifas cercanos al 50%, con 5% de los productos clasificados como sensibles y exentos. Algunos participantes emergentes grandes, incluyendo India, Indonesia y Filipinas se sentían bien respaldando eso. Pero la mitad de una tarifa alta sigue siendo una tarifa alta, y el acuerdo hubiera secado las conversaciones sobre agricultura de cualquier capacidad significativa para reducir la pobreza.

La OMC parece haber sido secuestrada por una coalición a la que le gusta la idea de cerrar acuerdos bilaterales, siempre que estos estén vacíos. Eso no va a funcionar. La agricultura es el tema más espinoso del comercio global, dadas las emociones que rodean a la agricultura. Pero llegar a un acuerdo que apenas incrementa el comercio mientras institucionaliza la protección de intereses especiales, hubiera preservado el sistema, mientras lo vaciaba de contenido. En retrospectiva, ese fue siempre un riesgo en una ronda fundamentada en posturas sin sentido y promesas imposibles, más que en las perspectiva de reducir tarifas.

Por eso, en lugar de un acuerdo débil, nos hemos quedado sin acuerdo. Eso difÍcilmente sea un consuelo. Algunos países ahora están flirteando con acuerdos de comercio bilateral, pero pudieran descubrir que se trata de un asunto peligroso. Esos acuerdos han tenido tendencia a inclinarse a favor del poderoso y a estar decorados como arbolitos de Navidad con artículos y provisiones de intereses especiales. En EEUU, hasta para ellos el apetito pudiera estar desapareciendo, a juzgar por la paranoia creciente sobre el comercio en el Congreso, o los trabajos que se necesitaron el verano pasado para aprobar el Acuerdo de Libre Comercio con Centroamérica y República Dominicana (CAFTA-DR), un acuerdo en gran medida simbólico con la menores economías del mundo.

Comparado con los acuerdos bilaterales, las negociaciones de Doha pudieran parecerse a un matrimonio tedioso con una pareja desaliñada. Sin embargo, el bilateralismo les soltará las  riendas a los intereses particulares. Los negociadores del comercio deberían mantenerse fieles a la OMC. 

VERSION: IVAN PEREZ CARRION