Adiós Elena Brineman

JUAN D. COTES MORALES
Siempre había borboritado en mi corazón la idea de que todos los representantes diplomáticos y funcionarios de agencias e instituciones de algunos países acreditados o prestando servicios entre nosotros eran muy felices.

La dispensa de atenciones especiales, protección, sueldos, condiciones de trabajo, exenciones impositivas, el fasto de las recepciones, las apariencias de tener muchos conocimientos, despreocupaciones y hasta gozos por el sibaritismo que se le presume, era el reflejo de lo que a mí llegaba, veía y, en ocasiones compartía.

Recuerdo a los embajadores Lowell Kilday, Robert Pastorino, Donna Rinnak, Robert J. Smolik, americanos; Abel Clavijos de Hostos, venezolano; Miguel Barandiarán, peruano; Juan Ramón Molina, hondureño; Edmund Duckwitz, alemán; Guy Alexandre, haitiano; Irving G. Tragen y Anna McG. Chisman, de la OEA.

Todos parecían muy entusiastas y optimistas. Sin embargo, confidencialmente, algunos me expresaron que los diplomáticos constituían un ghetto muy aburrido, con muchas limitaciones morales, sociales, culturales, espirituales, políticas, religiosas, económicas y familiares, las más de las veces, desesperantes por las inadaptaciones, desubicaciones y hasta separaciones por razones éticas, comerciales y profesionales.

Los más simpáticos de todos han sido siempre los maestros y los técnicos del área.

Se aprende mucho con ellos. Recuerdo con admiración y respeto a Carlos Paldao, Fernando Villalobos, María Virgen Sánchez, Daniel Arredondo, entre otros.

Ahora, después de seis años de servicio, se despide de nosotros Elena Brineman, una mujer de sonrisa bondadosa, trato amable, trabajadora incansable, sin tiempo para aplatanarse.

El día 31 de enero el 2006, el presidente George W. Bush, desde el Capitolio, frente a los miembros del Congreso, del Tribunal Supremo, del Cuerpo Diplomático y un público invitado de manera muy especial, pronunció un discurso sobre el estado de la nación, que sin duda ha sido la mejor exposición del señor Bush, quienes esa noche invitó a la nación para “alentar a los niños a que tomen más matemáticas y ciencias y asegurarnos de que esos cursos sean suficientemente exigentes como para que compitan contra otras naciones”.

El presidente Bush propuso esa noche “capacitar a 70 mil maestros de secundaria para que dicten cursos avanzados de matemáticas y ciencias, llevar a 30 mil profesionales de las matemáticas y ciencias a enseñar a las aulas y prestar ayuda oportuna a los estudiantes que tienen dificultades con las matemáticas para que tengan una oportunidad de tener puestos buenos con salarios altos. Este año aumentaremos los recursos para alentar a los jóvenes a permanecer en la escuela para que más jóvenes en los Estados Unidos tengan mayores aspiraciones y puedan hacer realidad sus sueños”.

La señora Brineman, sin conocerla, me atrevo asegurar que su pensamiento está exactamente identificado con lo que dijo el presidente Bush esa noche y quizás por ese motivo afloró en su corazón la idea de despedirse de nosotros invitándonos a hacer reflexión sobre un estudio de la Madre y Maestra y de INTEC que comparaba a los estudiantes del sistema de educación pública con los usuarios de la educación privada.

Doña Elena habló de educación, salud, justicia, y sobre todo, de la flamante y exuberante corrupción que todo lo posibilita y que tanta extrañeza causa a ella y a mucha otra gente que se preocupa por nosotros. Sólo habló del pecado de la sociedad.

Sugirió como solución duradera una mayor inversión en la educación. ¡Qué bueno que el Magistrado Jorge Antonio Subero Isa le haya hecho un acto de reconocimiento y desagravio!

Finalmente, creo que el distinguido señor Hans Hertell, Embajador de USA, puede prestarnos un inestimable servicio si le sugiere a doña Elena Brineman hacer de público conocimiento las investigaciones que su oficina hizo para que nos sirvan de herramienta con las cuales trabajar incansablemente, a fin de que, dentro de nuestras posibilidades, iniciemos hoy mismo un programa parecido al anunciado por el presidente Bush.