Adolescencia e infelicidad

ATAHUALPA SOÑÉ
Podrían ser interminables las causas que se enmarcan dentro de aquellas que son consideradas como las de mayor incidencia, no obstante, existen algunas que por su frecuencia e incidencia hemos de citar algunas. – Presiones sociales: La frecuencia con la cual la adolescencia se ve afectada por los adultos, es prácticamente incalculable, ya que las mismas provienen tanto de padres, maestros y demás miembros de la sociedad. Los adultos temen que el adolescente no llegue a ser el individuo que ellos esperan, trabajador, obediente, cooperador, agradecido, incluso que extravíe su vida sexual.

Como resultado de esta derivaciones, el adulto es conducido y de manera muy especial los padres, a refunfuñar, amonestar, censurar, castigar, con una frecuencia inusual. Resulta comprensible que estos actos formen parte de mecanismos que actúan como freno frente a los esfuerzos del adolescente en su afán de llegar a ser un adulto maduro e independiente.

– Problemas de adaptación. En cualquier edad la adaptación va acompañada de ansiedad más o menos intensa. Durante la adolescencia la fuente principal de conflictos adaptativos se halla constituida por el desarrollo físicosexual, con la concomitante manifestaciones de expresión.

– Idealismo. Todo adolescente posee elevados ideales respecto de sí mismo, de su familia, amigos, la comunidad, la patria, pero en realidad, muy pocas veces dichos ideales alcanzan los niveles establecidos. Esto así, por las muerte de amigos, rupturas con los padres, amistades y miembros del sexo opuesto, sentimientos de inferioridad, falta de popularidad; todos los elementos que se recuerden dejan un gran sinsabor de acuerdo a la intensidad con que se recuerden, y todo precisamente por la falta de madurez.

– Falta de seguridad. Con el asomo de la maduración sexual, ellos esperan que la actitud de su familia cambie hacia ellos, y naturalmente, se desilusionan cuando esto no ocurre, además el adolescente ya no se halla libre de responsabilidades, como cuando era un niño, pero tampoco posee los derechos privilegiados del adulto.

– Frustraciones en las relaciones heterosexuales. Todo adolescente posee elevados ideales y los amoríos son parte de ello. Sus experiencias pueden ser felices, pero de hecho, poco lo son; van acompañadas de tal intensidad emocional que regularmente se encuentran condenados al fracaso desde el principio, y cuando se interrumpen o se cortan resultan ser experiencias dolorosas.

Como la mayor parte de la adolescencia es la “edad del romance”, pocos encuentran en sus experiencias románticas la felicidad con que han soñado desde la época en que creían en los cuentos de hadas, en que todos los romances terminaban de manera feliz y los enamorados “vivían eternamente felices…”

– Sentimientos de insuficiencia. Por lo regular los adolescentes tienen conceptos ilusorios de sus aptitudes y niveles de aspiración muy por encima de su fácil alcance, por lo cual habrán de sentirse incapaces cuando no logran alcanzar los objetivos que se han fijado.

Pocos adolescentes se encuentran en las posiciones de privilegio, o cerca de ellas, lo cual constituye un golpe demoledor para su ego. Aquellos que se aceptan a sí mismo, que tienen una apreciación realista de sus recursos, combinada con una apreciación de su propia valía, sin ser esclavos de sus opiniones ni de las de los demás habrán de reconocer también sus limitaciones sin culparse innecesariamente.

Entre los caracteres más destacados de las adolescentes que se aceptan a sí mismo está la espontaneidad y la responsabilidad. Pueden percatarse de sus faltas y reconocerlas.