Adolfo Moreta Féliz – De Ruanda a la Hispaniola

Está calendarizado que cada 21 de marzo empieza la primavera. Su llegada es motivo, en campos y pueblos pobres, para renovar esperanza. Tristemente, en Haití han transcurrido más de doscientos años sin disfrutar las positivas expectativas que traen los contrastes y matices de sus colores. Las violentas confrontaciones y súcubas ambiciones políticas lo han estancado en un perenne otoño, hasta llegar a transformar la más hermosa y exuberante vegetación del Caribe en un desierto montañoso. Y ya están creadas las condiciones factibles para extender el árido paisaje y el flujo rojo del drama hacia los territorios del Este. Haití tiene una extensión de 27,750 Km2. La población estimada en el año 1999 era de 7.5 millones de habitantes. Su densidad de 270 hab/Km2. Un índice de fertilidad de 4.7 hijos por mujer. La composición social y cultural está claramente dividida en dos: haitiander y haitianos.

La categoría de haitiander no lo determina el origen ni el color de la piel. Lo determina su condición social. Los haitiander son la minoría. Apenas el 5% de la población. Es una élite intelectual empresarial con plena conciencia de clase. Y con ínfulas de clase dominante. Pero su status y predominio viene dado por la seguridad de saber a quiénes representan. Según estadísticas, el 0.1% es blanco de ascendencia francesa, canadiense, norteamericana, árabe, etc. El restante 4.9% es el haitiander criollo de origen afro haitiano, anteponen su ego de selectos elegidos y los intereses de los países que representan, antes que los del pueblo haitiano.

En el libro “Azúcar Amargo: hay esclavos en el Caribe”, Maurice Lemoine establece que la riqueza de Haití está repartida entre “doscientas familias millonarias en dólares, rica, entre los ricos de Haití.” Y “otras 3 mil 800 familias cuya renta familiar está calculada en más de 90,000 dólares anuales, sin contar los haberes en bancos extranjeros”. En cambio, “los haitianos se hunden en el desastre”.

Los haitianos y haitiander históricamente han vivido con sentimientos contrapuestos que subyacen en su espíritu y estado de ánimo. Los haitianos con un explosivo y reprimido sentimiento de ira impotente por los muchos años de explotación; y los haitiander temerosos de un estallido de manumisión similar al encabezado por Boukman en 1791. Una breve recordación práctica del estallido fue realizado en 1991.

Jean Bertrand Aristide fue el primer presidente haitiano electo democráticamente. Boukman, Toussaint Louverture, Jean Jacques Dessalines son sus modelos para mantener el fervor patriótico, y paradigmas de referencia para conducir a los haitianos por senderos de paz y prosperidad. Aristide es idolatrado por su pueblo. De nuevo los haitianos son despojados del poder político por los haitiander sobre la plataforma de los países desarrollados y la SC. Al ser recientemente destituido como presidente, Aristide expresó lo siguiente: “El fuego de la violencia que se extiende en Haití va a provocar la marcha de muchos haitianos”. La avalancha, ¿hacia dónde?

Los haitianos representan más del 95% de la población. Pueblan todo Haití, excepto, los lugares exclusivos para haitiander. Un 60% es analfabeto. La mayoría vive con menos de un dólar diario, sin acceso al agua, ni a la asistencia médica, ni a otros servicios esenciales. Un excelente comunicador de la República Dominicana, gran conocedor de la problemática haitiana, dice que aún en la era digital, hacen sus necesidades fisiológicas a la intemperie.

Si cotejamos los indicadores del nivel de vida de Haití, su composición social, étnica, cultural, y lo comparamos con los de Ruanda, podríamos decir, obviando la distancia y diferencias entre continentes, que Haití es una Ruanda en el Caribe de los americanos; y Ruanda es un Haití en la zona de Los Grandes Lagos de Africa bajo la manipulación y explotación de los… países desarrollados.

Ruanda tiene una extensión de 26, 340 Km2. Su población estimada en el año 1999 era 7.6 millones de habitantes. Una densidad de 288 hab/Km2. El índice de fecundidad 5.8 por mujer. La composición étnica cultural es 90% hutus; 9% tutsis; 1% twa. “La incompatibilidad más importante, consiste en la decisión de las elites tutsis y hutus moderados de no compartir el poder… En el miedo de los hutus ser inmisericordemente explotados; y de los tutsis a ser exterminados por una reacción violenta de los hutus”.

La vía más expedita para desintegrar países y refundar naciones, son las “guerras sin fronteras” que instigan algunos países desarrollados de la llamada comunidad internacional. En la primavera de 1994, aproximadamente un millón de tutsis y hutus moderados murieron en Ruanda por el desbordamiento de la ira hutus. ¿Qué provocó esa violenta reacción? Juvenal Habyarimara era el jefe de Estado de Ruanda en 1994. No obstante las frustradas expectativas de mejoría de vida de la población hutus, por primera vez, sentían que tenían un presidente que los representaba. Habyarimara fue asesinado con un misil aire tierra que impactó su avión cuando descendía en el aeropuerto de Kigali. Aún se desconoce quiénes lo asesinaron.

Los hutus acusaron a los tutsis de ser los responsables, y ordenaron una matanza o “limpieza étnica” contra los tutsis. Sin embargo, la minoría tutsis fueron los que finalmente se quedaron con el poder. Más de dos millones de ruandeses abandonaron Ruanda convirtiendo toda ╡frica Central en un polvorín. La mayoría se estableció en Zaire. Según el The New Time, “a partir de ese punto, la historia de cómo Zaire se convirtió en República Democrática del Congo no es sino la historia de cómo Ruanda prosiguió su guerra civil en territorio vecino”.

Hacia el territorio vecino, se extiende Haití con el flujo rojo de sus dramáticos conflictos. Y con el paisaje agreste de su primavera.