Aduanas y seguridad

Los trágicos atentados terroristas conocidos como 11 de septiembre marcaron también para siempre el quehacer aduanero y portuario escala mundial. Y es que la nación que sufrió de manera directa esa terrible e irracional tragedia tiene relaciones comerciales a escala global.

Los planes básicos de reforma y modernización que seguía cada país, bajo la orientación general de la Organización Mundial del Comercio y la Organización Mundial de Aduanas, estaban más bien dirigidos hacia la facilitación del comercio, garantizando al Estado los más efectivos niveles de recaudaciones. La misión de “cero obstáculo al comercio a escala global” ha quedado entre comillas.

Ahora, la seguridad es lo decisivo. La facilitación del comercio pasa a un segundo plano, aunque se mantiene la preocupación y se mantengan acciones en procura de que los efectos de las nuevas medidas orientadas a la seguridad, no supongan obstáculos que traumaticen la actividad comercial internacional.

El comercio seguro se impone desde ya al comercio fácil y ágil. Estos terribles sucesos han dado un vuelco al comercio despreocupado, calmado si se quiere, que existía o que se venía conformando a pasos firmes, en menor o en mayor grado en el ámbito general de las naciones.

Podrán aparecer buenas fórmulas para hacer un comercio internacional seguro y ágil, pero ya no es, ni será, tan fácil como se esperaba antes de esos trágicos acontecimientos.

El servicio aduanero deberá ayudar ahora a enfrentar cuestiones tan especializadas como el bio terrorismo, potenciales indocumentados terroristas (polizones), entre otros novedosos temas.

Para los países que, como el nuestro, dependen en más de un 80% de su comercio con Norteamérica, el panorama es verdaderamente serio. Habrá que trabajar duro en procura de minimizar los riesgos, por mejores que sean nuestras relaciones con esa nación.

A partir de julio del presente año, por ejemplo, los puertos dominicanos, y los de los demás países de la región, deberán contar con una certificación de seguridad para que desde ellos puedan salir barcos hacia Norteamérica.

Las empresas exportadoras dominicanas, hacia el mercado de Estados Unidos, deberán también contar con sistemas de seguridad apropiados. Pues, de lo contrario ni siquiera podrán pedir contenedores u otros medios de transporte de carga tanto a las compañías navieras como a las aéreas.

Dicho de otra manera, los puertos estadounidenses no recibirán barcos que hallan salido desde puertos no certificados y, por supuesto, tampoco recibirán carga de empresas inseguras.

La nueva regla norteamericana que exige el envío electrónico de los manifiestos de carga de los buques, con 24 horas de anticipación a la salida de éstos desde puertos de otros países; la Ley sobre bioterrorismo, entre otras medidas surgidas como consecuencia de los sucesos señalados, impactan directamente la manera de accionar en el servicio aduanal y ratifican un necesario cambio de mentalidad.

Así pues, la aduana dominicana debe tomar esta oportunidad para salir del atraso institucional que supone, entre otros elementos, un marco legal que data del año 1953. Se debe profundizar en la definición de un servicio aduanal donde impere el criterio de que el futuro es ahora.

Se requiere una aduana que, aunque orientada al servicio, no descuide estos nuevos retos, este nuevo elemento de seguridad, sin descuidar su ajuste eficiente a los procesos productivos y comerciales del país.

De nada serviría una empresa exportadora segura y certificada, y un barco o un avión para el transporte con los estándares apropiados de seguridad, si la aduana y, obviamente, también la Autoridad Portuaria, no fueren seguras. Por supuesto, no serviría de nada.

[b]Pero para hacer una aduana segura, hay que comenzar por lo básico.[/b]

A nuestro modo de ver, una aduana segura es aquella en la que sus funcionarios sepan rechazar el “regalo” de una jeepeta. La que sepa rechazar el “regalo” de un costosísimo rolex (conozco un caso digno) y de un simple radio de dos bandas. Una aduana corrupta es una aduana insegura.

Una aduana que reciba dádivas, sin mayores remordimientos y sin tapujos, desde las más exóticas hasta las más miserables, una aduana con fortuna sin sustentos, jamás podría ser capaz de atacar el tráfico de ilícito, el tráfico de ilegales, el bioterrorismo, el tráfico de armas, ni el contubernio.

Lo primero es, entonces, una aduana con fuerza moral. Ese es fundamento de una aduana segura en todos los ámbitos.

Lo segundo e inmediato sería una aduana capacitada, tecnificada y bien remunerada. Y lo tercero, una aduana con el dominio pleno de todo cuanto corresponda a la recepción y despacho de las mercancías de importación y de exportación. Pues, la incidencia de varias entidades, incluidas la Autoridad Portuaria, la Secretaría de Salud Pública, Agricultura, actuando como entes aislados y no integrados al quehacer aduanero, es una debilidad clara que conduce a la inseguridad.

Por supuesto, la seguridad, en fin, no solo debe ser vista como una cuestión de defensa de tipo bélico. También la seguridad aplica para que el Estado reciba el pago de los impuestos de manera transparente, y para que el ciudadano los pague de manera justa y sin demoras.

La República Dominicana, a nivel oficial y privado, debe asumir la responsabilidad nacional de enfrentar definitivamente la modernización del servicio aduanero, ahora con elementos nuevos más allá de lo que supone la Organización Mundial de Aduanas y la Organización Mundial del Comercio.