Afinidades que desafinan

Afinidades que desafinan

Están patentes con diversidad de casos los conflictos de intereses que provienen de la tendencia de los gobiernos a nombrar funcionarios sin importarles que pertenezcan a ámbitos de negocios incompatibles con las funciones que les asignan y de otros que por vía electoral logran relevantes investiduras legislativas y municipales a partir de la abundancia de recursos para los proselitismos.

Su poder de “convencimiento” a potenciales votantes tiene mucho olor a dinero, dádivas y a propaganda costosa gracias a ganancias fáciles.

Ser conspicuos en el mundo de sorteos y azar, cuyos auges preocupan socialmente, concede cartas de triunfo para acceder a principalías de Estado, y aunque algún liderazgo de poder se moleste por críticas a los partidos políticos por la debilidad de sus filtros, muchos pelos en mano dicen que la burra es baya.

Advenedizas o curtidas figuras del partidarismo ponen a la vista que sus antecedentes como empresarios de cualquier renglón, constructores, financistas, transportistas, productores agropecuarios o de cualquier otro desempeño capitalista o protagonismos de otras índoles con los que han hecho crecer patrimonios, les agencian pasaportes para un viaje hacia cúspides gubernamentales que pueden convertirlos en juez y parte.

Nada asegura que esa entrega de bastones de mando sea lo que más convenga a la sociedad. Los intereses particulares son eso, más que nada.

Torrentes del daño ambiental

La protección ecológica de costas, playas y aguas del mar Caribe tiene que comenzar tierra adentro.

Evitar que sigan recibiendo la enormidad de basura que generan miles de familias que habitan junto a cañadas urbanas que constantemente alimentan los flujos de detritus que agreden susceptibles hábitats naturales. Se duda mucho que baste con simples plantas de tratamiento para salvar litorales dominicanos.

Si no se erigen prontas barreras en márgenes de los cursos de agua barriales, cubriéndolos, cercándolos y motivando a la gente de su cercanía para la conveniencia de distanciarse de inmundicias y reciclar lo salvable de sus desechos, se estará condenando a esta parte del planeta que ocupamos, a veces irresponsablemente, a una degradación crecientemente adversa a la salud y al aprovechamiento sostenible de recursos.