Africa presente, Haití ausente

ALEJANDRO HERRERA CATALINO
Siempre que pensamos en un país fuera del continente africano con estructura social dramáticamente desigual; estructuras económicas y políticas inexistente o extremadamente débiles; desarrollo institucional primitivo; estado de los recursos naturales y ambientales en niveles catastróficos; población mayoritariamente de raza negra y de supersticiosas creencias religiosas, el primero que llega a la mente es Haití.

Sin embargo, al pensar en qué parte del mundo han emergido lideres en los últimos veinte años con aptitudes diferentes para enfrentar desafíos similares, el último que nos llega a la mente es Haití y uno de los que primero tenemos presente, salvo países excepciones, es al continente africano.

Por supuesto que esa abstracción o prejuicio, arrastra sesgos de dimensiones cuantitativas. Ahora, sus similitudes cualitativas son innegables a pesar de que Africa es un continente de más de 55 países, más de 850.0 millones de habitantes, y tiene un territorio de más de 30.0 millones de km2 en tanto que Haití tan solo tiene una población de un poco más de 8.0 millones de habitantes y apenas 27 mil km2; sin embargo, los hechos discriminan ambas realidades, por un lado haciendo reconocimiento a Africa en los diferentes aspectos en que ha mostrado avances.

Una posible causa de ese merecido reconocimiento lo es la transformación en todo ese continente de las estructuras políticas, pasando de gobiernos, en su mayoría, dictatoriales y militares a gobiernos democráticos. Y no solo ha sido un acontecimiento en Sudáfrica donde a partir de la eliminación del régimen de apartheid, la elección de Nelson Mandela en 1994, siguiéndolo otros dos presidentes de la raza negra, sino en otros países del continente donde ya empieza a tomarse como referencia de avances democráticos en el mundo.

Otra es la participación de los africanos en organismos internacionales en posiciones cimeras, par cita un caso, la secretaria general de las Naciones Unidas dirigida por el ghanés Kofi Anann quien a su vez engalanó al continente negro con el Premio Novel de paz 2001.

Otra causa adicional es que siendo ambas realidades bien arraigadas en las identidades culturales de sus poblaciones, los africanos han sabido internacionalizar su cultura, no solo en las artesanías, sino en las artes plásticas, la música y la literatura. Y  ahí están los resultados en literatura, para citar dos casos, en las celebridades de Leopoldo Sedar Snghor, y los laureados premios novel en literaturas Wole Soyinka de Nigeria y John Coetzee de Sudáfrica.

Una ultima causa ha sido puesta en evidencia con el reciente otorgamiento del Novel de la paz 2004 a la keniana Wangari Maathai, por haber contribución, de cierta forma, a la paz en el continente infligiendo en los africanos una aptitud positiva hacia la preservación de los recursos naturales induciendo a reforestar más de 30 millones de árboles. Así ha evitado muchos conflictos originados por falta de agua, árboles y recursos naturales en Africa.

Pero no es solo una diferencia de reconocimiento e imagen, los líderes africanos también han sabido articular mecanismos confiables para atraer inversiones, cooperación y recursos, por ejemplo el  NEPAD (Nueva Alianza para el Desarrollo de Africa) los cuales buscan la reconstrucción del continente atrayendo 64,000 millones de dólares anuales en inversiones extranjeras a cambio de la instauración de buenas prácticas políticas y fiscales.

Entonces la realidad es a la luz de esos hechos contrastante. Mientras Haití sigue ausente y sus líderes aun no dan muestra de cambiar de aptitud, en Africa, los africanos vienen democratizando sus realidades, internacionalizando la riqueza de su identidad y su gente se está empeñando en la reforestación de su territorio. Es por eso que muchos nos preguntamos de manera optimista, ¿Cuándo los líderes haitianos aprovecharan la impronta que vienen haciendo los africanos; ¿Cuándo se valdrán  por si mismo para hacer ese necesario y alcanzable cambio de aptitud?