Afuerado de la historia criolla

Máximo Gómez, el héroe de numerosas batallas al machete y al uso de la tea incendiaria, permanece a 172 años de su nacimiento que fuera celebrado el pasado martes 18, como un ser de otra galaxia en la nebulosa del pueblo que lo vio nacer y en donde desarrolló sus primeras experiencias militares, cuando entusiasmado con Pedro Santana, fue leal a las fuerzas españolas de la Anexión que ocuparon el país en 1861.

La vida del gran libertador de Cuba en el país fue una mezcla de ilusiones, desde los intentos de sus familiares para que no fuera militar, hasta que joven de 19 años participó en la batalla de Santomé en contra de los haitianos. Luego llegó a ser oficial de un ejército de ocupación que en 1865 fue repatriado hacia Cuba con la salida de las tropas invasoras por orden de la reina de España Isabel II.

Ocurrió que tres años después de su llegada a Cuba, Máximo Gómez sufrió la conmoción patriótica y civilista que lo hizo apartarse de España que oprimía la isla, y junto a otros héroes banilejos como Modesto Díaz y Luis Marcano, emprendieron la gran tarea de la guerra con el Grito de Yara que durante 10 años puso en jaque el dominio español sobre la isla antillana.

Esa primera campaña independentista terminó con el pacto del Zanjón, mediante el cual los cubanos se retiraban de los campos de batallas y España continuaba el dominio sobre la isla. Así Gómez salió para otra isla y se marchó a Jamaica para luego ir a parar a Honduras que, por sus relaciones con el presidente del país, fue encargado de organizar el ejército hondureño hasta que en 1885 volvió a su país, con tan mala suerte que en medio de los tumultos políticos de los rojos y azules, se vio encargado por el presidente Woss y Gil. Gómez reclamaba unas armas que le había enviado a su primo Francisco Gregorio Billini cuando éste era presidente. A Gómez le ocurrió casi lo mismo que a Juan Pablo Duarte cuando éste, en 1864, regresó a su país para ponerse a las órdenes de los restauradores y fue rechazado por éstos exiliándolo de nuevo diplomáticamente.

En los primeros años de la década del 90 de siglo XIX, Máximo Gómez se establece en Monte Cristi y adquiere una propiedad que bautizó como la Reforma y allí vino a parar José Martí para conquistarlo a concluir el proceso independentista de Cuba en una segunda campaña que sería para la inmolación de José Martí y dejó solo a Gómez que con un triunfante ejército, y con su peculiar estilo de ganar las batallas, llevó las fuerzas cubanas victoria tras victoria en una impresionante campaña de tácticas de guerrillas y batallas a campo abierto.

En 1900 el Chino Viejo retomó al país y fue objeto de recibimientos apoteósicos tanto en la capital, en San Cristóbal y en su pueblo natal Baní, donde la emoción le hizo flaquear su espíritu de acero, curtido en mil batallas, y al retornar a Cuba, murió en el 1905 como el padre de la independencia cubana.