Agosto, mes de dolores de cabezas

Comprar uniformes, zapatos, pagar colegiaturas y conseguir las mochilas, loncheras y útiles escolares para este regreso a clases son los principales gastos que en el mes de agosto de cada año ha llegado a convertirse en uno de los mayores dolores de cabeza económicamente hablando, debido a los altos costos en los que tenemos que incurrir la mayoría de los padres con hijos en las escuelas y colegios de nuestro país.

Aunque no es menos cierto, que la inversión que se hace en útiles escolares dependerá del poder adquisitivo de los padres y de la calidad del producto que se adquiera; lo que no concibo es cómo pretenden que el país se desarrolle a nivel de educación escolar cuando los requerimientos de los centros educativos son inaguantables para cualquier bolsillo, en donde no sólo te piden artículos inconcebibles como papel de baño, sino también otros más razonables pero en cantidades exageradas, y entonces me pregunto ¿qué se supone que cubre ese centro “económicamente” con lo que tú pagas, si ni siquiera las cosas básicas de consumo diario las resuelve? pero además, más aberrante aún me resulta el hecho de ver cómo desde el primero de primaria (o sea 6 años) piden hasta 10 y 11 libros donde ninguno cuesta menos de 700 pesos y de los cuales, para colmo, no se les dará total uso en el centro educativo, porque por experiencia propia en salas de tareas, les comunico que NO son pocas las escuelas ni colegios que ponen una cantidad inhumana de tareas para la casa, que cuando se le pregunta al niño/a son aspectos que muchas veces ni siquiera se les ha tocado en clases, esto es espantoso, pero yo me pregunto ¿y es que no hay forma de regular nada de esto aquí?

Mejor ni sobreabundo este tema del costo de los libros porque ya es algo cruel, es un verdadero abuso inmoral ¿cómo pretendemos en un país como el nuestro donde contamos con un 87% de los trabajadores del sector público -por ejemplo- devengando un salario mínimo de aproximadamente RD$10,000, que hasta aquellas personas más humildes que hagan el mayor de sus esfuerzos para que sus hijos puedan obtener una formación académica de calidad, asuman también los altos precios de 8,000 a 10,000 y pico de pesos por cada niño sólo en libros escolares?, sin contar la “magia” que tienen que hacer para cubrir los gastos del hogar y poderle dar de comer -diariamente- a esos hijos, porque se supone que si no están bien alimentados no podrán asimilar ni la mitad de los conocimientos básicos que deben suplirle todos esos libros.

No entiendo cómo esto no se fiscaliza, pero menos entiendo por qué desde el 16 de agosto del 2013 en que el presidente de la Cámara de Diputados, Abel Martínez, catalogó como un “abuso aberrante” los altos precios de los libros escolares y adelantó que elaborarían un proyecto de ley para regular sus ventas, y a pesar de que supe también que en marzo del 2014 la cámara baja -ante las quejas de los padres- acogió por parte de Martínez otra iniciativa para solicitar que en el pacto nacional para la reforma educativa se contemple y se debata el costo de los libros de texto y útiles escolares, acción que fue acogida por el pleno, el cual le envió una carta al Consejo Económico y Social expresándoles su preocupación, aún no se ha hecho NADA.

Yo, conociendo lo que planteó el ministro de Economía, Planificación y Desarrollo, Juan Temístocles Montás, de que la República Dominicana ocupa el lugar 146 de una lista de 148 países con peor calidad en la educación, sigo con grandes inquietudes si real y efectivamente vamos direccionados a concebir de manera adecuada los gastos en educación como una inversión para el futuro, no solamente en teoría, sino en la prácticamente, no solamente en las estructuras físicas, sino en la calidad de lo que vamos a obtener en ellas.