Agricultura: Cambia el paisaje

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¿Por qué tantas preocupaciones rodean la marea de biocombustibles en EEUU?
El repunte de la demanda de maíz utilizado para producir etanol está transformando la economía agrícola de Estados Unidos, escriben Kevin Morrison y Doug Cameron. Pero en la medida que disminuyen las reservas de granos, aumentan los temores de que los precios de los alimentos puedan afectar a los consumidores.

Merlin Bartz solía trabajar diligentemente durante la semana para el servicio de conservación del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) en Washington, y dirigirse después los fines de semana a su granja en el corazón del cinturón de maíz en Grafton, Iowa.

Este mes abandonó los viajes y se convirtió en un agricultor a tiempo completo. “Con el maíz a US$4 [el bushel] y los frijoles [de soya] a US$8, dejo el departamento y regreso a casa”, dijo a sus colegas.

Su decisión no deja de ser rara, Los últimos 80 años han visto emigrar a muchos millones de personas del país rural hacia las ciudades. Sin embargo, la decisión de Bartz apunta a la renovada confianza en el sector agrícola cultivable de EEUU. Ya no se trata solo de alimentar una población global en expansión: los precios de las cosechas también están a niveles récord debido a la demanda de granos y oleaginosas para producir biocombustibles.

Como bromeaba Mikle Johanns, el ministro de Agricultura en la conferencia anual de su departamento el mes pasado en Arlington, Virginia: “Yo crecí en una granja, tú sabes, en Iowa, y a veces pienso `¿Habré tomado la vereda en vez de seguir el camino?´”

La globalización de la agricultura, un auge de inversión en la producción de etanol derivado del maíz y los adelantos tecnológicos, prometen, en conjunto, alterar el paisaje físico y económico del centro agrícola de EEUU. Sin embargo, la exposición de la “América” rural a fuerzas más volátiles del mercado –en la medida que la agricultura se vuelve más interconectada con el sector de la energía– también contiene las semillas de una ruina futura en potencia.

Se espera que el etanol devore una cuarta parte de la producción de maíz estadounidense este año, y los productores de alimentos advierten sobre una onda de choque en los precios globales, cuando los piensos para el ganando a partir de cereales se incrementen y los agricultores siembren más maíz y menos de otros cultivos. Esto podría obligar a los criadores de ganado a reducir sus rebaños, una medida que haría subir los precios de la carne.

El informe anual sobre el área cultivable de la USDA, que se publicó el viernes, fue observado muy de cerca, e incluyó cifras para el0 maíz sembrado que revelarían el mayor incremento en cultivo en más de un siglo, desde 1946.

Dick Bond, jefe ejecutivo de Tyson Foods, el mayor productor de proteínas del mundo, ha pedido a Washington que reconozca los reclamos de los dos sectores que compiten, el alimentario y el de la energía, cuando redacte su propuesta de ley de agricultura. “Si no se aborda este asunto, el problema mayor a largo plazo será la disponibilidad de granos para proteínas y otros alimentos de EEUU y el mundo”, advirtió.

La USDA pronostica que los recibos de efectivo de la agricultura este año van a estar 22% por encima del promedio de la década pasada. Sin embargo, Bertz y otros no deberían esperar demasiado una bonanza. Después de tomar en cuenta costos más altos de fertilizantes, pienso y semillas, el departamento pronostica que los gastos agrícolas serán de un 24% más sobre el promedio de 10 años. Esto pondrá a los agricultores estadounidenses a compartir un ingreso agregado de US$67 millardos (£34 millardos, _50 millardos), con escaso cambio en relación con 2006.

Realmente, el sector agrícola de EEUU, el mayor del mundo, ha tenido muchos periodos de optimismo que han cedido el paso a los contratiempos. En los años 70, la agricultura fue el primer segmento de materias primas que vio rápidas alzas en los precios, precediendo el repunte en los precios del petróleo. En particular, los granos estuvieron respaldados por una gran demanda soviética, inesperada, después del fracaso de la cosecha en ese país.

Pero eso alimentó la inflación en EEUU ,y a principios de los años 80 la Reserva Federal subió las tasas de interés. Esto trajo “muchos incumplimientos en los pagos –los agricultores no pudieran cumplir con el pago de su deuda, algo muy parecido a lo que está ocurriendo en el sector de [hipotecas residenciales] subprima hoy”, dice Keith Collins. jefe económico de USDA.

Los agricultores abandonaron la tierra y no fue hasta la primera mitad de la década de 1990 que los precios del maíz, trigo y frijol de soya, los tres cultivos principales de EEUU, empezaron a subir de nuevo gracias a las fuertes exportaciones hacia las economías emergentes de Asia. Pero no duró mucho tiempo: la crisis monetaria de Asia a finales de los 90 le puso fin. Por eso, Collins es optimista: “Mientras que vacilo en decir que esta vez es diferente, el fenómeno del etanol está teniendo un efecto trágico para el resto del sector agrícola”, dice.

La demanda de etanol está tragándose las reservas de maíz de EEUU, que se han contraído a bajas de 25 años, en relación con el consumo, y se pronostica que decaerá aún más, a menos de 5% del total de los suministros de EEUU a finales de la década. Esto es cerca de una cuarta parte del volumen que ha tenido tradicionalmente. Las exportaciones de maíz estadounidense, que representó cerca de 70% del comercio global de maíz del año pasado, también se pronostica que baje durante los próximos tres años, aunque Argentina y Brasil están impulsando su producción para reemplazar la caída esperada en los embarques de EEUU hacia el exterior.

Las mejoras en la tecnología de las semillas pudiera ayudar a evitar escasez en EEUU, pero tomará muchos años lograr el incremento en los rendimientos que se requieren para satisfacer con las demandas. Monsanto, la mayor compañía de biotecnología del mundo, reveló a finales de marzo un negocio conjunto con BASF de Alemania, que promete generar una mejora en los rendimientos de 20% en el maíz y otros cultivos, aunque no se espera que los nuevos productos lleguen hasta, al menos, unos cinco años.

“El dilema real de la próxima década es cómo cosechar más con menos”, dice Hugo Grant, presidente y jefe ejecutivo de Monsanto. “Ese va a ser el centro del enfoque para el planeta”.

Los requisitos del gobierno para mezclar los biocombustibles con la gasolina están provocando el incremento en la demanda. En su discurso sobre el estado de la Unión en enero, el presidente George W. Bush fijó una nueva meta para la producción de combustibles alternativos en EEUU: 35 millardos de galones en 2017, un múltiplo de la meta de 7,5 millardos de galones para 2012 establecido en la Ley de Energía de 2005. Mientras tanto, la Unión Europea decidió el mes pasado que un mínimo de 10% del combustible para el transporte debe provenir de biocombustibles.

Sin embargo, para alcanzar esa meta, Bush está contando con tecnología que no es comercialmente asequible hoy en día, y que pocos esperan que esté lista en los próximos cinco años. Por su parte, la UE tendrá que depender de importaciones de piensos, como el aceite de palma de Indonesia y Malasia y el aceite de soya de Argentina y Brasil para alcanzar su objetivo.

Con los fundamentos económicos del etanol y sus credenciales ambientales todavía abiertas al debate, y las políticas del gobierno sujetas a cambios, el panorama a largo plazo no está claro. Aún así, el surgimiento de los biocombustibles ya ha transformado la forma en que bancos e  inversionistas conciben la agricultura.

Morgan Stanley y Goldman Sachs, los dos mayores comerciantes de productos básicos en el mundo de la banca, han empezado a expandir sus operaciones de comercio agrícola durante los últimos 12 meses, habiendo pasado las últimas dos décadas concentrados en los metales y los hidrocarburos. Colin Bryce, jefe de títulos de ingresos fijos y materias primas en Morgan Stanley, dice que el atractivo del sector parte no solo de los biocombustibles, sino también de los servicios financieros que pueden ofrecer los bancos.

Bryce dice que las industrias que dependen de la agricultura están buscando formas más exquisitas para proteger sus exposiciones a los precios de las materias primas. Señala al sector de alimentos y bebidas, que tradicionalmente compró sus productos básicos mediante acuerdos con los grandes negocios agroindustriales, como Cargill, Louis Dreyfuss y Archer Daniels Midland. “Se parece un tanto al negocio del petróleo a principios de 1980, cuando una compañía como British Petroleum vendía combustible para aviones y también le servía al cliente servicios de administración de riesgo; pero todo eso cambió cuando los bancos entraron al mercado. Veo que se está produciendo una tendencia similar con la agricultura”, dice Bryce.

Barclays Capital, la rama del banco de inversión Barclays basada en el Reino Unido, también se está expandiendo en el área. Joe Gold, jefe de materias primas en Barclays North America dice que además de servir a los fondos de cobertura y los fondos de pensiones que están invirtiendo más de su dinero en materias primas agrícolas, Barclays también está financiando plantas de biocombustibles y arreglando la compra a largo plazo de pienso, y la venta de combustible.  “El clima y el informe sobre la próxima cosecha siguen siendo y seguirán siendo muy importantes para los mercados agrícolas, pero hay más factores moviendo los precios –en particular, la demanda de energía. La energía se ha vuelto una parte integral de los mercados agrícolas y eso ha cambiado la estructura de la agricultura.”, dice Gold.

La conferencia anual de marzo de la USDA normalmente junta a loa agricultores, funcionarios del gobierno, cabilderos de la agricultura, suministradores de semillas, fertilizantes y maquinaria agrícola, y a los comerciantes de grupos como Cargill. Pero este año, la presencia de otro grupo fue también obvia: los inversionistas potenciales.

“Yo he estado viniendo a este evento durante más de 10 años y apenas vi un fondo de cobertura aquí antes. Ahora  todos están tratando de convertirse en expertos en granos”, dice un analista de maquinaria agrícola. Un gerente de fondos de cobertura, al explicar su presencia, dice: “Si hay algún riesgo de los combustibles para la agricultura, es del lado positivo [para los precios de los granos], porque el gobierno de EEUU quiere más biocombustibles, no menos”. 

Pero John Johnson, jefe ejecutivo de CHS, una gran cooperativa agrícola estadounidense, dice que la industria debería tener cuidado con el alza que genera el etanol. CHS es dueña de 22% de BioEnergy, uno de los mayores productores de etanol de EEUU.

 “Podríamos sufrir consecuencias no intencionadas con este fenómeno”, advierte. “Si los precios de los granos suben demasiado rápido, podrían disparar los precios de los alimentos y provocar una reacción de los consumidores contra los biocombustibles. Los consumidores se inquietarían al ver que sus cuentas de alimentos suben tanto”. En otras palabras, el “boom” rural, podría volver a fracasar.

Version al español de IVAN PEREZ CARRION