¡Ah, la corrupción!

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Que el 4 por ciento dispuesto por la Ley de Gastos Públicos ha sido bien aplicado, que se han invertido y gastado esos dineros en la educación.
Supongamos que la Contraloría General de la Nación supervisó debidamente las inversiones y gastos.
Supongamos que la Cámara de Cuentas de la República Dominicana dijo el visto bueno a cada una de las inversiones y gastos.
De ser así, si esas instituciones realizaron sus investigaciones dentro de lo establecido por las leyes, habría que convenir en que los fondos públicos se están aplicando correctamente.
Que el gobierno ha hecho lo que debía hacer, que ha actuado con limpieza, con pulcritud, con elevación de miras, con el tino necesario como para que no se hayan destinado fondos de maneja antojadiza.
Que esos dineros fueron aplicados con todas las de la ley, lo cual es difícil de creer.
Las frecuentes inauguraciones de edificios dispuestos y construidos especialmente para alojar escuelas, han sido ampliamente publicitadas por la prensa nacional, por la radio, por la televisión, por las redes sociales. Eso no se puede negar.
El Presidente Danilo Medina y sus ministros, han figureado, como si lo merecieran, cuando reivindican como buenas las inversiones y gastos correspondientes al 4 por ciento del Presupuesto de Ingresos destinados por la Ley de Gastos Públicos para la educación.
Pero, especialmente desde antes del inicio del año escolar, la prensa ha publicado, la radio ha comentado y la televisión ha mostrado, la cantidad de escuelas en funcionamiento, que carecen de servicios sanitarios con agua corriente, decentes, higiénicos, adecuados.
También se ha visto la publicación de escuelas que operan de modo tal que hay que empujarlos pupitres para formar el espacio por donde escampa dentro y llueve afuera de muchas aulas.
En otros casos se trata de falta general de higiene, debido a fallas relacionadas con la estricta disciplina que debe imperar en cada plantel escolar.
Resulta verdaderamente extraño que el gobierno insista en presentar como bueno lo que es malo, en intentar voltear la vida nacional para que los pisos sean la parte arriba y tengamos que caminar colgando de cabeza. Eso no se lo traga nadie, ni la inconmensurable bondad del pueblo dominicano, ni la vocación de permisividad que nos inoculan, día tras día, para evitar que estalle la caldera de los acumulados problemas que aquejan nuestra sociedad.
Solo el jueves pasado El Nacional publicó: protestan en Santiago por falta de butacas; piden terminar Liceo en Las Charcas, Santiago, en construcción desde hace 7 años; Educación y la Asociación de Profesores intentan mejorar el aprendizaje.
¿En qué extraños vericuetos gastaron el dinero del 4 por ciento, la construcción de edificios contribuye a favorecer amigos y convertir en millonarios a constructores favoritos de algunas autoridades?
Ese es otro gato entre macuto.