Ahora es el petróleo

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Con la rueda de prensa el pasado jueves 10 de este mes, el Presidente de la República acentúa la percepción en importantes sectores de la población de que, como de costumbre, no enfrenta de manera resuelta y con propuestas concretas, las crisis que se les presentan y que su gobierno no da muestra de capacidad ejecutiva ni una adecuada gerencia de los temas políticos y administrativos que debe enfrentar.

Ante la evidencia de esas carencias, el presidente casi siempre recurre a los golpes de efectos que no conducen al fondo de los problemas. La referida rueda de prensa se inscribe dentro de esa práctica y fue utilizada para crear la falsa conciencia de que la presente crisis económica y moral por la que atraviesa la sociedad dominicana se debe a los altos precios del petróleo y que esta es una crisis mundial.

De ese modo, inicia un nuevo mandato mundializando la crisis que tiene ante sí, crea un causante de la misma y gobierna con esa excusa. Durante la administración que termina se construyó la falsa conciencia de que Hipólito y el PRD eran el origen de todos los males del país; ahora, en la que inicia el 16 de agosto, se pretende encontrar en el petróleo la causa de la crisis.

Es cierto que el súbito alto precio del petróleo tiene un impacto negativo en las economías y en otras esferas de la vida de todo el mundo, pero no es menos cierto que en caso de nuestro país la multiplicación del precio de ese combustible actúa, esencialmente, como detonante de una serie de hechos de mala conducción de la cosa pública.

Durante muchos años la clase política dominicana ha comprado petróleo barato y a veces, como ahora, con forma de pago privilegiada. Sin embargo, estamos en los últimos lugares en los principales indicadores de calidad y nivel de la educación y la salud,; somos de los primeros en trata de gente y en exportación de mujeres para la prostitución.

Comprándolo caro, este gobierno generalizó el subsidio y hasta regalaba los derivados de ese combustible a las mafias del transporte de pasajeros y de mercancías, a determinados sectores empresariales.

Medidas de desmontes súbitos de muchos de esos subsidios y graduales de otros, de racionalidad y sentido de pertinencia del gasto público, eliminación de los sueldos lujosos, del dispendio y robo de los bienes públicos, compromisos y acciones concretas tendentes a institucionalizar el país, son cosas de las que se espera hable el Presidente, además de propuestas que abran el camino hacia acuerdos de fondo con los sectores claves de esta sociedad.

Si el presente equipo de gobierno, que será esencialmente el del futuro, recurre al fantasma del petróleo, para decir que nada se puede hacer ante la actual crisis y para justificar su permanente inacción, no cabe duda de que los próximos cuatro años serán años perdidos. Otro gobierno fallido, con la única diferencia de que ahora la excusa no será Hipólito sino el petróleo.