Ahora las oportunidades

Ha constituido una verdad de Perogrullo del presente gobierno aquello de que las crisis generan oportunidades. Ahora que fenómenos  telúricos han profundizado la crisis preexistente en Haití, y habiendo dado los dominicanos un ejemplo de solidaridad, ha llegado la hora de buscar y encontrar oportunidades para que ambas naciones alcancemos niveles más satisfactorios de desarrollo dentro del respeto a nuestras identidades y convivencia armoniosa.

Nuestro pueblo y su gobierno, fueron los primeros en acudir en auxilio ante su calamidad. Nuestros medios de comunicación fueron pioneros en alarmar al mundo sobre la tragedia sufrida y en alertar operaciones de rescate. Nuestra telefonía se extendió hasta restablecer sus comunicaciones destruidas. Los primeros suministros llegaron por mar y tierra procedentes de jurisdicciones dominicanas ante la destrucción de instalaciones aeroportuarias haitianas; y nuestros aeropuertos, especialmente los fronterizos, se prestaron para montar puentes aéreos que facilitara operaciones de ayuda. Nuestros hospitales se colmaron de heridos que eran atendidos sin miramientos. La nación se movilizó recolectando agua, alimentos, medicamentos y ropas que fueron transportados a Haití en extensos convoyes.  Y organizamos una cumbre internacional  que marcó el inicio de la asistencia de organismos y gobiernos extra isleños.

Ya esta asistencia internacional comienza a llegar. Los puertos y aeropuertos están rehabilitados, facilitando el envío de suministros procedentes de  organismos internacionales y potencias amigas. Tiendas de campaña, centros de refugio y hospitales ambulantes están siendo montados.En consecuencia, ya los dominicanos podemos replegarnos en las tareas inmediatas de asistencia que están siendo asumidas por organismos y naciones más poderosas que la nuestra, donde no hay tanta pobreza que vea pasar tantos alimentos y medicamentos sobre los cuales ellos también sufren carencias, provocando afrentas y resentimientos  capaces de revertirse contra el ordenamiento social.

El tiempo ha llegado para encontrar las oportunidades. Para ambas naciones, no para una, ni que las oportunidades de una perjudiquen a la otra.

Toca facilitar oportunidades a nuestras empresas constructoras para reconstruir Haití, aprovechando la mano de obra que nuestra industria ha entrenado; a nuestras empresas agropecuarias y manufactureras muchas veces limitadas por el reducido mercado doméstico; a generar empleos verdes, que aumenten la capacidad adquisitiva, en renglones como la reforestación para reverdecerlo a la par con nuestro verdor contrastante con su desertificación; a encontrar conjuntamente fuentes de aprovechamiento hidráulico y energético basados en nuestro mar común.

En resumen reconstruir a Haití para que los haitianos vivan mejor y prescindan de dominicana para  mejorar sus condiciones de vida.