Ahorremos

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Los precios internacionales del petróleo han alcanzado niveles sin precedentes. La última cotización de ayer martes sobrepasaba los US$71.60 por barril en el mercado de Nueva York. Estas alzas obedecen a varias causas, pero esta vez principalmente al nerviosismo generado por asperezas importantes en las relaciones entre Estados e Irán. El conflicto de Irak no ha dejado de influir en el comportamiento del mercado petrolero.

Hay también factores comerciales, derivados de la relación oferta/demanda. Uno de ellos es el inusitado crecimiento de la enorme economía china, por encima de un diez por ciento, lo que entraña, entre otras cosas, un incremento grandioso del Producto Bruto Interno (PBI). Esa circunstancia ha debido motivar aumentos considerables en la demanda de energía e hidrocarburos.

-II-

El comportamiento del mercado petrolero ya preocupa a grandes economías de América y Europa, debido a que las alzas continuas del precio del petróleo presiona seriamente los costos industriales y comerciales.

Y si esto está ocurriendo con las grandes economías, imaginemos lo que está pasando con las pequeñas y débiles, como la nuestra.

Los precios de los combustibles han estado fluctuando en alzas consecutivas, aunque disminuyeron ligeramente el último fin de semana, probablemente por el descenso en la cotización del dólar.

Hasta el momento no hay nada que permita intuir cuál será el techo de esta escalada alcista, cuándo se detendrá, ni cuál será la barrera tras la cual empiecen a surgir conflictos derivados por esta situación.

Una variable que nunca falta en situaciones como la actual es la especulación que se desencadena cuando los productores de bienes como el petróleo empiezan a saborear las mieles de los altos ingresos derivados de sus productos.

-III-

En el caso de nuestra economía, que está en etapa de recomposición y crecimiento, las alzas petroleras podrían significar un serio revés para la continuidad del proceso.

El Gobierno ha emprendido planes dirigidos a ahorrar energía y consumo de combustibles derivados del petróleo. Por ejemplo, se estimula la producción de energía por medios no convencionales y han sido sustituidos por luminarias fluorescentes de bajo consumo millones de bombillas incandescentes de alto consumo.

Pero ante las alzas petroleras hace falta más. Por ejemplo, se debería insistir en la sincronización de los semáforos, en procurar disminuir las pérdidas en la energía, tratar de que los combustibles que llegan al país reúnan los requisitos internacionalmente acordados para mejorar su rendimiento e incentivar a la gente para que ahorre electricidad y combustibles.

Las continuas alzas petroleras plantean una incertidumbre verdaderamente preocupante. Ahorremos cuanto podamos.

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