¡Ajá! ¿Y?

Para tranquilidad de interesados e indiferentes el Senado de la República eligió a un grupo de ciudadanos, repitió una, para suceder a los miembros de la Junta Central Electoral sobre algunos de los cuales hay recuerdos muy ingratos.
Leer que el sustituido Presidente de la Junta Central Electoral obvió reclamar como su principal mérito en su ejercicio de la posición: atajar a la oposición con toda suerte de triquiñuelas, bajezas, retorcimientos legales, es un poema de difícil digestión.
Hay que tener la cachaza de un metro de gruesa para atreverse a decir que Roberto Rosario cumplió con su deber, salvo que él entienda que su deber era retorcer la voluntad popular en favor de su partido.
Esa página oscura de las lides electorales no debe ser olvidada nunca, y le debe ser enrostrada, como una herencia envenenada, a los hijos de los hijos de Rosario y de los otros tres magistrados, salvando la decorosa actuación del doctor Eddy Olivares.
Este país ha tenido la poca fortuna, la desdicha, la cobardía y falta de iniciativa, de permitir que funcionarios irrespetuosos de la voluntad popular y de los procedimientos y procesos democráticos, se alcen con el santo y la limosna y se dediquen a gobernar para su bienestar, como si sus actuaciones estuvieran enmarcadas en la Constitución y las leyes.
Por supuesto, todo ello es fruto del viento de conformismo que nos adormece y nos fuerza a la desintegración democrática, que permite acallar el espíritu de protesta que debe estar presente y aceitado para que el pueblo no permita abusos e inconductas.
El “debate” terminó. La oposición se prestó, como una colegiala enamorada, a permitir el juego de aquí lo pongo y allí lo dejaste, a una corta y una larga, a que se burlaran, como lo hicieron con el conteo y acotejo de los votos, con un diálogo de sordos que sólo contribuye a demostrar que, de más en más, nos convierten en unos buenos para nada, unos pendejos, guanajos, zombis que somos capaces de creer que vivimos.
Ahora que fue puesto a cargo de la Junta Central Electoral un grupo de ciudadanos en los cuales mucha gente confía, es oportuna una reflexión ¿están conscientes de la responsabilidad que pesa sobre sus hombros y su futuro? ¿Resistirán las presiones de un poder omnímodo cuya misión fundamental es mantenerse en el gobierno por encima de cualquier cosa, puesto que temen la acción popular cuando se les acabe la impunidad?

Señores miembros de la Junta Central Electoral la nación los observa, sus amigos y conocidos los vigilan recuerden lo importante es honrar la buena fama que les precede, actuar correctamente y salir con la frente en alto. Se puede.

¡Adelante y valor!