Al entrar diciembre

Bonaparte Gautreaux Piñeyro

Lo nuestro anda tan patas arriba que celebramos la fiesta del pavo (thanksgiving) y el viernes negro (black Friday), en la misma semana que dedicamos un día a la difusión del merengue por la radio.

Por supuesto lo del merengue, ese extraño rasgarse las vestiduras, tiene que ver, necesariamente, con un bien concebido plan de venta de discos, cuyo contenido sea un nostálgico paseo entre Compadre Pedro Juan, Caña Brava, Los Algodones y “al amanecer, nos vamos pa’ Guachupita” con el diablo Mateo, que sabe mucho por diablo y sabe mucho también por viejo.

Quizá se trata de una actividad que tiene que ver con el epitafio del ritmo cuya desnaturalización más visible se produjo cuando se colocaron cuatro “bailarines” en una tarima a dar saltos, como monos, y sustituyendo el baile “rítmico y acompasado”. Ello permitió que la Lambada se impusiera como baile sexual, sensual y cuerpo a cuerpo.

Sonar merengues todo un día en todas las emisoras ¿resucitara el merengue? Una golondrina no hace verano. El ritmo distorsionado, el baile que en ocasiones parece una sesión de ejercicios aeróbicos, el macuteo de los programadores de radio son algunas de las razones que conforman la zapata donde se coloca un adiós, tan profundo y prolongado al merengue, que hasta las picantes letras de doble sentido fueron echadas de lado por las protestas de dos o tres mojigatos de los que viven “a Dios rogando y con el mazo dando”.

Al merengue le pusieron y le quitaron tanto que terminaron convirtiéndolo en un estropajo cuya función dejo de ser útil cuando desaparecieron las “servilletas de pobres” y los cepillos de dientes conformados con una fina astilla de limón cuyo final se masticaba hasta que se convertía en un instrumento que servía para la higiene dental. Cuando el merengue dejó de parecerse al merengue, mejor digo, cuando el merengue dejó de parecerse al pueblo dominicano el negocio del espectáculo creó, inventó, puso en escena cualquier cosa que llamara la atención, aunque no llegara a los sentidos con el mismo mensaje, con la misma intención de reflejar nuestra realidad. Ahí comenzó una nueva etapa de la desnacionalización que nos lleva hacia el despeñadero, que nos confunde cuando el espejo de la afeitada mañanera nos devuelve un rostro difuso, a veces desconocido.

Sonar merengues todo un día en muchas emisoras del país ¿contribuirá a la difusión y rescate del género? Habrá que verlo. Ojalá sea así.

De lo que estoy seguro es que se requiere un estudio serio y una ejecución permanente de las recomendaciones de la investigación, para que se renueve el aire musical y sea rescatado, también el modo de bailar con un dulce abrazo que servía para limpiar hebillas.