Al Reservas y sus competidores

Eusebio Rivera Almodóvar

Hace algunos días escuché uno de los merengues tradicionales (clásicos) de nuestro país interpretado por el Coro del Banco de Reservas y lamenté no haberlo escuchado antes y no haber tenido la oportunidad de copiarlo o adquirirlo en alguna producción formal. Lo clásico existe porque los artistas son perecederos pero el arte es eterno; ellos mueren, pero sus obras sobreviven al paso de los siglos.
El Banco de Reservas, como toda entidad de servicio, y en especial por su característica de banco del Estado, tiene debilidades y fortalezas que, en el caso de las primeras, he criticado en ocasiones anteriores, pero su esfuerzo en términos de apoyo a nuestra cultura es una actividad loable que sería mezquino no reconocer. Sin embargo, en proporción con los voluminosos beneficios de su funcionamiento mixto (público-privado) se podría esperar y justificar una mayor colaboración con la ciudadanía agregando a la existencia de su “Centro Cultural Banreservas” un aporte nacional para que en todas las escuelas públicas del país existan profesores de música y drama (nombrados por las autoridades locales) para formar coros, bandas escolares y grupos de teatro y cuyos instrumentos y material de trabajo sean aportados por el Reservas y otros bancos solidarios que, al final de cada año académico, hagan concursos o competencias donde sean reconocidos y premiados los profesores, sus bandas, sus grupos y las escuelas, con dinero suficiente para estimular el mantenimiento de la actividad.
Se ha dicho “el niño que abraza un instrumento musical jamás empuñará un arma” y puedo agregar, “tampoco caerá en manos de los vicios y la delincuencia” porque el arte ennoblece y purifica el espíritu. ¡Hagámoslo!