Al son de nuestra libertad, viene el olvido temporal

Marien Aristy Capitan

Dos vasos se elevan en el aire. Celebran la libertad. Felices, se saben protagonistas de los días por venir. Pronto, muy pronto, podrán tintinar todo lo que quieran. Sin límites, la noche será suya… y, quién sabe, de otras cosas más.

A partir del 10 de diciembre la diversión estará servida. Ya lo anunció el Gobierno: ¡la veda etílica dirá adiós hasta el 8 de enero (por primera vez el “permiso” se extenderá durante casi un mes). Al hacerlo, se complacen las almas de los parroquianos más liberales y, cómo no, de los que llenan sus arcas cuando rueda el alcohol.

Estos últimos, de hecho, pesaron mucho más que la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud Pública, que habían pedido que se mantuviera el control de la venta de bebidas alcohólicas durante la Navidad. Y es que, advirtieron, República Dominicana ocupa el segundo lugar en el mundo en mortalidad por accidentes de tránsito vinculados al consumo de alcohol.

Con la medida, sin importar las consecuencias, el Gobierno vuelve a mostrar su cara más populista; complace a la mayoría de la población, cuyo pasatiempo número uno es beber, y hace que olvidemos todo: cuando se trata de celebrar, los dominicanos parqueamos las penas y problemas en un santiamén.

Dentro de unos días, cuando la chercha se instale en nuestro espíritu, dejarán de importarnos la sentencia del Tribunal Constitucional, el nacionalismo que manda a matar traidores, la patética imagen que damos ante la comunidad internacional, las tasas bancarias que nos asfixian, la falta de dinero en los bolsillos… ¡ay, cuándo vuelva enero!