La historia tornillo II

Federico-Henríquez-Gratereaux

Trujillo, pues, llegó a mandar la policía que los norteamericanos nos dejaron al desocupar el país en 1924. Era entonces el único cuerpo armado existente. Esa fue la fuente de su poder, tanto militar como económico. Los años de la ocupación norteamericana fueron una escuela de corrupción, abusos y humillaciones. En esa “academia” se formó y deformó el brigadier Trujillo. Esto no impide que se reconozca que los invasores establecieron medidas sanitarias, administrativas, que resultaron útiles y valiosas para nuestro país. La dictadura del generalísimo Trujillo terminó en 1961. La conspiración para matarlo sólo podía brotar de personas de su entorno, que conocieran sus hábitos, costumbres, horarios, aficiones y fobias.

Muerto Trujillo, era obligatorio que el poder volviese a manos de los experimentados funcionarios que le acompañaron durante treinta años de despotismo. Viriato Fiallo y Juan Bosch fueron flores artificiales prendidas con alfileres sobre la sociedad dominicana. Balaguer, por el contrario, representaba la vegetación endémica, adaptada perfectamente a las condiciones del clima político precedente. Los méritos morales o intelectuales de Fiallo y de Bosch -que son indiscutibles- no tienen nada que ver con la “continuidad” de las costumbres políticas, con el estilo “vernáculo” de ejercer el poder.
A Balaguer puede acusársele de cualquier cosa, menos de ser tonto y haragán. Inteligente, sagaz, informado, trabajador, Balaguer absorbió la historia política de tres décadas. Las maniobras de la administración pública las aprendió en el campo de batalla de la maledicencia y las zancadillas. En los diversos gobiernos de Balaguer se trazaron calles, avenidas, se construyeron presas y canales, viviendas, oficinas públicas, parques, zonas francas industriales.
En los escritos de Balaguer es visible su preocupación por los tipos psicológicos de nuestros hombres públicos: Billini y Espaillat, por un lado; Báez, Santana, Lilís, por el otro costado. Oscilamos entre hombres valiosos sin contacto con las masas; y hombres atroces, con raigambre popular, que perpetuán las debilidades ancestrales de nuestro pueblo. Balaguer, ya exhausto, disminuido por la ceguera y la mala circulación de la sangre, decidió acudir al cumpleaños de Juan Bosch, su oponente formal, un paso previo a su apoyo a Leonel Fernández. Fue el propio Balaguer quien hizo la transición del trujillato a la “democradura”. La historia es tornillo y tuerca.