Alcance y limitaciones del método crítico de Giovanni di Pietro

La propuesta de Giovanni di Pietro acerca de cómo analiza, con su método ecléctico, las obras literarias responde a una pregunta que le formuló Manuel Mora Serrano en la entrevista que le hizo y que figura como anexo en “Otras lecturas. Más ensayos de literatura dominicana”.

Léase con detenimiento la respuesta de Di Pietro: “Simple. Me fijo en los protagonistas, lo que hacen y lo que dicen. Me pregunto por qué lo hacen y por qué lo dicen. Después, voy mirando si ellos tienen alguna dimensión simbólica o metafórica; o sea, si representan algo en específico, un concepto, un ideal. Si es así, tengo la clave al (sic) sentido de la novela, pues el texto estaría dramatizando esas cosas a través de sus actuaciones [de los protagonistas]. La próxima fase es preguntarme cuál es la relación entre ese contenido y la sociedad o ambiente que la produjo. Esta no es una lectura sociológica de la novela, como algunos han dicho despectivamente: es una manera de justificar su existencia, su razón de ser. Porque, si la obra no tiene una razón de ser, o no es buena o sólo se reduce a las fantasías personales del autor, las cuales son muchas veces poco recomendables. Tercera y última fase, es averiguar qué aporta esa obra a la literatura del país, y, más allá de eso, a la literatura universal. Esto es así porque ningún escritor, aunque lo pretenda, está escribiendo simplemente para su propio deleite (eso se llama onanismo literario, si lo practica), sino que siempre tiene en mente a su sociedad y, últimamente, a la humanidad, ya que pertenece a un país y al mundo.” (Pp. 342-343).

He ahí, in extenso, el modo de operar del método ecléctico de Di Pietro aplicado al análisis de textos literarios. Ese método él lo aplica incluso a ensayos literarios. Tengo la convicción de que el método de Di Pietro, al igual que el de Roland Barthes o cualquier otro que se funde en la teoría del signo, solamente funciona para textos de un “plural parsimonioso”, como denomina el crítico francés a las obras literarias que no sobrepujan el estadio de una pluralidad infinita de sentidos. Barthes brinda como ejemplos de textos parsimoniosos los llamados clásicos escritos por Balzac, Zola, Flaubert, Dickens, Tolstoi. Para la literatura escrita en español diré que los textos clásicos serían los de Pérez Galdós, Pío Baroja, Clarín, Unamuno, Valle Inclán, Pardo Bazán y los demás autores del llamado nacionalismo literario de la generación del 98, así como los producidos por escritores latinoamericanos desde la independencia hasta 1950, los del modernismo, los textos de la novela indianista, el realismo latinoamericano, la novela de la tierra. El desapego a este realismo comienza con la novela psicológica y culmina Borges, con algunos  autores del “boom” y obras como “Cien años de soledad”, “Paradiso” de Lezama Lima,“Rayuela” y algunos cuentos de Cortázar.

Para la cultura dominicana, todo es texto clásico, desde Galván hasta hoy.  Por esta razón se explica que nuestras obras literarias no planteen el reto que Barthes señala para las obras no clásicas, cuyos “sistemas de sentido pueden apoderarse de este texto absolutamente plural, pero su número no se cierra nunca, al tener como medida el infinito del lenguaje.” (S/Z. México: Siglo XXI, 1980, p. 3) Solamente la poesía dominicana en algunas zonas anti realistas trabajadas por Freddy Gatón Arce, Moreno Jimenes, Manuel Llanes, Rafael Américo Henríquez, Franklin Mieses Burgos, Antonio Fernández Spencer y Manuel del Cabral, por ejemplo, pueden aspirar a esa pluralidad infinita del sentido.

Con la excepción quizá de los excesivamente simbólicos (“Poema de la hija reintegrada”, “Vlía”, “Adán de angustias”, “Ariel esperanzado”, “El fuego”, “Rosa de tierra” y otros de la misma categoría), los textos literarios dominicanos no poseen una pluralidad infinita de sentidos. Son simplemente plurales, ya que en ellos “no puede haber estructura narrativa, gramática o lógica del relato; si en algún momento éstas dejan que nos acerquemos es “en la medida” (…) en que estamos frente a textos no totalmente plurales: textos cuyo plural es más o menos parsimonioso.” (Barthes, ibíd.) Que son los textos con los cuales se ha enfrentado Di Pietro en la novelística, la cuentística, el teatro y la poesía o el ensayo dominicanos. Y no solo Di Pietro, sino todos los críticos criollos.

Pero no es lo mismo enfrentarse con el método ecléctico a textos como los cuentos fantásticos de Poe, el “Ulises”de James Joyce; “En búsqueda del tiempo perdido”, de Proust; los poemas de simbolismo infinito  de William Blake; las elegías de Rilke; algunos textos de los autores de la nueva novela francesa (“El último año en Marienbad”, “Revoluciones minúsculas”, “Los frutos de oro”).O a textos de un gran simbolismo como “Un golpe de dados no abolirá jamás el azar”, de Mallarmé; y de Lautréamont (“Los cantos de Maldoror” y “Poesías”); de Rimbaud (Estación en el infierno y Barco ebrio) o a las novelas de Raymond Roussel.

O enfrentarse a novelas existenciales de lo absurdo (“El castillo”, “La metamorfosis” y “El proceso”), de Kafka; poemas paradójicos de Borges o Lezama Lima o, si se desea, tipos de textos como aquellos que no dan cuenta de zona geográfica alguna, ni de tiempo ni conflictos aparentemente políticos o sociales y cuyos personajes, argumento, trama o tema son un yo que no se confunde con el pronombre personal. Por ejemplo, “Horizonte cuadrado”, o “Altazor”, de Huidobro; o algunas novelas de Macedonio Fernández, cuyo trabajo es una ética del sujeto en contra de las ideologías literarias de una época, el cuestionamiento de la literatura en curso y el planteamiento de un nuevo discurso poético. O enfrentarse con los poemas de Henri Meschonnic, los cuales trabajan, de cabo a rabo, una simbólica de la acción de un sujeto que logra constituir a otros en sujetos a través de la transformación del sentido, del lenguaje y la historia.

¿Cómo podrían dar cuenta de la infinitud de sentidos métodos tan binarios como el ecléctico, el sociológico marxista o funcionalista, el semiótico e, incluso, el paradigma de lo tradicional como es el método estilístico-estético? Es más fácil pisar el terreno de los textos de plural parsimonioso. No hay muchas posibilidades de equivocarse. 

Debido al rechazo de estos métodos, excepto el periodístico frívolo o “light”, la sociedad dominicana con sus lectores y sus críticos partidarios inconscientes de la teoría del signo, no están cultural y políticamente preparados para aceptar el tipo de crítica ecléctica de Di Pietro, y mucho menos un método como el semiótico que, aparte de las fallas señaladas por nuestro crítico, no tiene pertinencia en cuanto al abordaje de la literatura, pues sus conceptos tecnicistas están adaptados al análisis de las prácticas artísticas o ideológico-informativas que no usan el lenguaje humano, tal como lo ha demostrado Émile Benveniste en su ensayo “Semiología de la lengua” y que los semióticos partidarios de la teoría metafísica del signo, consciente o inconscientemente, se niegan a aceptar, pues se les arruinaría el negocio del monopolio de su hermenéutica literaria. La no aceptación de una crítica como la de Di Pietro por escritores, intelectuales, críticos y lectores prueba que el estadio cultural en que se encuentran es el del empirismo y su teoría del signo.