ALEJANDRO TOLEDO
Termina mandato con apoyo popular

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LIMA (AP).- Dos años atrás muchos peruanos pedían a gritos la renuncia del presidente Alejandro Toledo o que el Congreso declarase el cargo vacante. La popularidad del mandatario estaba por debajo del 10%.

Pero Toledo, que superó la pobreza y el racismo para llegar a ser el primer presidente de raíces indígenas democráticamente elegido en Perú, soportó los golpes y siguió adelante. Hoy, a punto de concluir su mandato de cinco años este 28 de julio, el presidente de 60 años goza de una renovada aprobación de los peruanos.

En seis meses su popularidad se incrementó de un 10% a más de 30%.

“Después de convivir con la posibilidad de la vacancia y la impopularidad durante casi todo su gobierno, Toledo concluirá su mandato sin crisis económica, con éxitos macroeconómicos, despegue de las exportaciones, crecimiento sostenido del PBI, un acuerdo de comercio con Estados Unidos y estabilidad institucional’’, dijo Luis Benavente, director de una empresa encuestadora.

Toledo incluso dejó abierta la posibilidad de postularse nuevamente a la presidencia en cinco años, algo que alguna vez fue inimaginable.

“Esta es mi última votación como presidente’’, dijo Toledo en junio, antes de emitir su voto en los comicios presidenciales, y haciendo una pausa, agregó con una sonrisa “por ahora’’.

Algunos observadores dicen que Toledo, quien no puede postularse para una reelección inmediata, empezó a ser visto con buenos ojos cuando en los comicios para elegir a su sucesor los peruanos tuvieron que optar entre los que algunos describían como el cáncer y el sida.

El ex presidente Alan García, quien llevó al Perú a la ruina económica en su primer mandato en los años 80, terminó derrotando a Ollanta Humala, un militar neófito en política con una retórica nacionalista radical que asustó a muchos.

“Por primera vez en 60 años un proceso electoral no está concentrado en el debate de cómo salir de la crisis’’, dijo Toledo antes de la elección. “El Perú está en marcha. Le dejo una economía fornida y una democracia intacta’’.

A pesar de la solidez de la economía, el resurgimiento de la figura de Toledo es sorprendente tomando en cuenta los escándalos políticos que tuvo que enfrentar.

El optimismo inundó Perú hace cinco años cuando Toledo asumió la presidencia luego de una década de gobierno autoritario de Alberto Fujimori, cuya gestión colapsó a raíz de un escándalo de corrupción en noviembre del 2000.

Los pobres veían a Toledo como uno de ellos. El presidente fue un niño lustrador de botas quien logró estudiar en la Universidad de Stanford de los Estados Unidos y convertirse en economista del Banco Mundial.

Impulsó su campaña promoviéndose como un pobre que triunfó en la vida y un paladín de la lucha contra la pobreza y la corrupción, e inició su administración con una aprobación de casi 60%.

Pero su popularidad rápidamente comenzó a desvanecerse cuando se vio envuelto en escándalos, que incluyeron investigaciones a sus familiares y allegados por denuncias de tráfico de influencias y nepotismo. Un sobrino suyo fue encontrado culpable de abuso sexual. La esposa de Toledo se enemistaba diariamente con la prensa.

Con su gusto por los trajes de diseñador, las botellas de whisky Johnnie Walker etiqueta azul de 150 dólares y las escapadas de fin de semana a un balneario en la costa norte, Toledo fue acusado de llevar un estilo de vida despilfarrador en una nación donde uno de cada dos peruanos vive en la pobreza.

Toledo fue obligado a recortar su sueldo de 18.000 dólares mensuales —el más alto de un presidente en América Latina— a 12.000 dólares, tras ser muy criticado por gente de todos los sectores sociales.

Los pobres lo acusaron de olvidar sus raíces en un paupérrimo poblado de los Andes y su infancia en los barrios pobres de una ciudad costera conocida por su industria de fabricación de harina de pescado.

Quizás lo que más afectó su popularidad a inicios de su gobierno fue su resistencia a reconocer a una hija nacida fuera de su matrimonio.

Las encuestas mostraban que los peruanos lo veían como un líder inepto y un mentiroso por no cumplir sus promesas electorales, incluida la de crear 2,5 millones de puestos de trabajo.

En meses recientes esas percepciones empezaron a desvanecerse, aunque las encuestas muestran que la mayoría de peruanos están complacidos de ver a Toledo dejar el poder, especialmente los pobres, que sienten que no se han beneficiado del crecimiento de la economía del país.

En una reciente entrevista con una estación televisiva limeña, Toledo culpó al profundo racismo de Perú como al menos uno de los factores de su imagen negativa, algo en lo que coinciden sociólogos y analistas de la opinión pública.

“Hay un racismo mudo, asolapado en el Perú. Para mucha gente todavía le es difícil digerir que en el Palacio de Gobierno hay un presidente con esta composición étnica’’, dijo Toledo, quien es bajo de estatura, de piel cobriza y con marcados rasgos andinos.