Alemania y el Euro

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El pasado 23 de noviembre una subasta de bonos soberanos alemanes fracasó; solo 3.6 billones de euros fueron colocados, de 6 billones ofertados. Lo notable no es solo el evento en sí, sino el momento en que ocurre. El mercado ha indicado de manera inequívoca dos cosas: 1) Aunque en menor medida que los bonos italianos y griegos, los bonos alemanes ahora son como ellos activos riesgosos y 2) Alemania no está exenta del contagio de la crisis que ha estado afectando al sur de Europa.

Al parecer Alemania ha llevado muy lejos la estrategia con la que ha respondido a la crisis de la eurozona, creando una coyuntura que ahora amenaza con envolverla a ella también en la vorágine financiera que ha sacudido los países periféricos y por lo menos a uno de los del centro: Italia.

La estrategia alemana ha sido proponer una serie de iniciativas famélicas que no han llegado a nada, mientras se mantiene una oposición rotunda a dos medidas que pueden asegurar la solución de la crisis: la emisión de eurobonos y la asunción cabal del rol de prestamista de última instancia por parte del Banco Central Europeo (BCE).

Detrás de esta postura alemana hay dos factores, por un lado la convicción de que mantener al borde del abismo a los países periféricos e Italia es la receta ideal para forzarlos a implementar reformas llamadas a hacerlos más competitivos y menos despilfarradores. Esta postura se presenta envuelta en un discurso ético-religioso: “los pecadores deben ser castigados” y el orden fiscal establecido. 

Por otro lado, motivando más la postura antes indicada, Alemania aprovecha la coyuntura para ahorrar billones de euros asegurándose financiamiento súper barato debido al enorme flujo de capitales que ha abandonado los bonos de los países con dificultades fiscales en la eurozona. Los bonos alemanes a 10 años se transaban en el 2008 a 4.7%, hoy se transan a 2%, cerca del nivel más bajo en 200 años. Se estima que entre 2009 y 2011 Alemania se ha ahorrado en costo de financiamiento cerca de 27 billones de euros, y se ha asegurado ahorros de otros 20 billones hacia el futuro.

Esta estrategia de Alemania ha generado efectos colaterales que empiezan a afectarle a ella también. El contagio se ha extendido a España e Italia, países que por su tamaño no pueden ser rescatados dentro del marco de la eurozona; Francia pudiese perder su calificación AAA; la calificación de riesgo de Bélgica ha caído de AA+ a AA; los bonos de Hungría y Portugal, antes con grado de inversión, son ahora basura (junk);  y lo impensable en esta coyuntura, el fracaso de una colocación de bonos alemanes.

Mirando la eurozona desde una perspectiva amplia, no solo la periferia ha recibido transferencias gracias al euro; Alemania también se ha beneficiado enormemente gracias al tipo de cambio y a la política monetaria centralizada que el euro ha implicado.

Angela Merkel se ha caracterizado por ser un político que abandona los principios cuando defenderlos se convierte en un lastre que puede hundirla y dañar su imagen. Ojalá que en esta ocasión ella se apegue a ese patrón de conducta; de lo contrario todos nos lamentaremos en Occidente.