ALERTA. Elsa Báez lleva al cuento su lenguaje poético

Juan Freddy Armando
Juan Freddy Armando

En las dos entregas anteriores, publiqué una versión ampliada de la primera parte del prólogo escrito para el libro Historias de Cicatrices, de la escritora Elsa Báez. A continuación la segunda parte dedicada a analizar los cuentos del libro.
La mayoría son relatos breves, casi microcuentos, y otros más extensos. Muestra talento para la narración, aunque al ser su primera incursión en ese género, los textos no pueden ser considerados como joyas sino piezas valiosas que indican un buen comienzo.
Eso sí, estoy seguro de que ella dará a la literatura dominicana cuentos de antología si sigue el camino correcto para todo escritor joven: leer con cuidado y minuciosidad a los grandes del género, para aprender trucos. Por ejemplo, cómo Kippling maneja el suspenso, Bosch las exquisitas descripciones, Chejov la sensibilidad humana, Del Risco las nostalgias personales, Cortázar los juegos y humanización de objetos cotidianos.
Hay en este libro relatos que valen la pena de ser citados y leídos, por la destreza verbal y narrativa vista en ellos.
Empecemos con La Vecina del Frente, donde sencillez, sensibilidad humana y lo barrial se mezclan para dar un texto conmovedor, humano y muy triste. Continuemos con El Paraíso, excelente remedo del paraíso y sus paraísadas. Juega muy bien con el mito y lo rehace, replantea, le pone variantes renovadoras y dinámicas sin perder el sentido; Si Pudiera Comprarte Amor trabaja la idea de que puedan venderse o comprarse los sentimientos. Esta sirve de eje a una narración cuyo punto de vista muestra que la autora conoce la cualidad principal que ha de tener una historia para ganar el merecimiento de ser contada: referir algo fuera de lo común, original en el enfoque o planteamiento. El Reloj de los Millones, cuento que me recuerda aquel de Gabriel García Márquez titulado En Este Pueblo no Hay Ladrones. En el de Elsa, ladrona es la policía; en el del Gabo es el dueño del establecimiento, quien acusa al ladrón confeso de haber sustraído lo que realmente no robó él sino el mismo comerciante. Muerte Instantánea juega con la agonía, apostando a autodefinirla, narrando el proceso de la propia muerte. Es muy original, Pues lo hace sin temor, sin desesperación, como si fuese un observador quien estuviese narrando, con la técnica llamada del Dios Omnisciente.
Otros cuentos de calidad son: Siempre, en el que la autora ha elegido la voz de la segunda persona, por lo que quien narra está contándole la historia al que le está sucediendo la misma, a la manera en que René del Risco, Miguel Alfonseca otros pusieron de moda en los años ‘70 y ‘60.
Aquí cabe observar la curiosidad de que, contrario a lo que podríamos esperar en una mujer escritora, en muchos de sus textos narra un hombre, incluso la voz escogida en muchos de los cuentos es la del varón enamorado en vez de la mujer.
Los tres mejores cuentos del libro, a nuestro juicio, son a) La comilona que Trajo Anita, b)Nos Han Desterrado y c) Descubrimiento.
La comilona que Trajo Anita posee contenido y forma que seducen y secuestran al lector. Basado en los mitos populares dominicanos, que son una fuente tan rica para crear y recrear buenas historias. En este caso, la escritora juega con el doble escenario, y usa la tradición mitológica popular de la santería, el montarse y los mediums, combinados con el tema de los engaños y la represión política. Lo desarrolla de forma coherente e impactante.
Nos Han Desterrado maneja también lo mágico-religioso. Tiene la virtud de lo breve, y narra la tristeza y angustia de un luá o metresa que se queja de que ya no vienen a buscarlo, que la brujería ha perdido vida en la sociedad moderna.
Descubrimiento merece un especial trato crítico. Es el mejor del libro, basado en nuestra tradición indígena. Muy bien escogidos los nombres, historia, persecución y cierre. El dramatismo y el suspenso de saber que los salvajes caníbales estaban cerca, mantiene la tensión del lector hasta el final. No deja de ser encantador, aunque hubiera sido todavía más impactante y atractivo si hubiese usado del recurso del salto alternado y secuencial entre los tres escenarios creados por la autora –perseguidos, caníbales y pareja que se retrasa en la carrera-, al ir de vez en cuando a mostrar lo que pasaba entre los primeros, a lo interno de los segundos y el suspenso de los terceros.
Sin embargo, lo bueno que tiene el cuento es que nos envuelve sin poder detener la lectura, por su gran fuerza verbal, manteniendo la atención y tensión del lector. Finalmente, tal como expresamos en el título de esta entrega, la autora ha entrado a lo cuentístico sin abandonar lo poético. Continúa escribiendo poemas, y usa la lengua poética en su narrativa. Algo muy valioso porque los mejores cuentos y novelas poseen esa virtud. Pondré dos buenos ejemplos:
1. La chilena María Luisa Bombal, en su novela La Amortajada: “Levemente cruzadas sobre el pecho y oprimiendo un crucifijo, vislumbra sus manos; sus manos que han adquirido la delicadeza frívola de dos palomas sosegadas”.
2. El dominicano Juan Bosch, en el cuento La Mujer: “La carretera está muerta. Nadie ni nada la resucitará. Larga, infinitamente larga, ni en la piel gris se la ve vida. El sol la mató; el sol de acero, de tan candente al rojo, un rojo que se hizo blanco, y sigue ahí, sobre el lomo de la carretera”.
Califico a Historias de Cicatrices como un valioso libro. Felicito a Elsa Báez, y aseguro que alcanzará un importante lugar entre narradores y narradoras del país.