ALERTA. Mis recuerdos de Juan Emilio Bosch Gaviño

ALERTA. Mis recuerdos de Juan Emilio Bosch Gaviño

ANTES DE DESCENDER DE GENIAL ESCRITOR A HONESTO PRESIDENTE

Lo conocí tres veces. Sus ojos azules tomaron un alegre brillo cuando le dije un día, en su hogar-oficina de la César Nicolás Penson, que lo vi por primera vez en la campaña electoral de 1962. Ese proceso a través del cual llegó a la Presidencia. (Recuerdo que poco después, en su toma de posesión, un amigo periodista extranjero le dijo (cito de memoria): “Don Juan: Usted no ascendió a la Presidencia, sino que descendió desde su condición de gran escritor a la de Presidente de un país”. Muy correcto, porque es uno de los más excelsos literatos de todos los tiempos de la humanidad).

Yo tenía apenas 11 años de edad cuando lo conocí en la campaña, del siguiente modo: Mi madre, la profesora y modista Rafaela Amparo Monegro, me presentó a Juan Bosch. Era una boschista empedernida, contraria a mi padre Agustín Armando Bautista, viejo antitrujillista, partidario de la Unión Cívica Nacional.

Después de los mítines, Bosch conversó con la gente en la residencia del compañero Eugenio Fernández, otrora luchador contra Trujillo, principal dirigente perredeísta hatomayorense.

Mi madre me dijo: “Vamos para que conozcas a Juan Bosch, nuestro líder”. Efectivamente: lo saludé, y él posó su mano sobre mi infantil cabeza, y dijo: “Gracias, por traer al niño, que espero haga un buen revolucionario”. Conversó un rato con mi madre, y nos despedimos.

Muchos años después, Juan Bosch sonrió como ese día, cuando le conté ese acontecimiento que él, naturalmente, no recordaba.

POR SEGUNDA VEZ, LO CONOZCO DEBAJO DEL LIMONCILLO

El 18 de noviembre de 1973, Juan Bosch anunció su renuncia del PRD e informó sobre la formación del PLD.  Al saberlo, salí corriendo de la UASD, donde estudiaba periodismo, junto a Pedro Sánchez –en ese momento encargado de propaganda del Frente Universitario Socialista Democrático -FUSD- a la Casa Nacional del PRD a colocar el letrero frontal del nuevo partido.

Hacía poco que yo había salido del Bloque Revolucionario Universitario Camilista –BRUC-, expresión universitaria de los Comités Revolucionarios Camilo Torres (CORECATO). Porque me acerqué al  pensamiento de Bosch cuando se declaró marxista, en los artículos que desde París y Benidorm enviaba la Revista “¡Ahora!”. Constituyeron su “Tesis de la dictadura con Respaldo Popular”.

Recuerdo que los perredeístas intentaron recuperar la Casa Nacional, pero desistieron al escuchar lo dicho por la señora propietaria cuando supo de la división: “No sé de PRD ni PLD. Solo sé que el local irá para donde vaya Juan Bosch, porque él fue quien tan pronto llegó al país hizo que se actualizaran los meses de atraso que tenía el pago del alquiler”.

Luego, se produjo mi segunda ocasión de conocer a Bosch. El Comité Político recién formado convocó a un encuentro con peledeístas de todo el país en la misma Casa Nacional, sita en la Avenida Independencia 401, esquina calle Cervantes, en el sector capitalino de Gazcue.

“PARA ALGUNOS DE NOSOTROS, HA LLEGADO LA HORA DE DESCANSAR, PERO NO DESCANSAREMOS…”

Palabras del líder en esa ocasión (cito de memoria): “Compañeros: Como pueden ver ustedes, hoy somos poquísimos. No pasamos de la mata de limoncillos, pero les aseguro que en poco tiempo seremos muchos. Habrá más peledeístas que verdolaga en los campos”. Él cumplía 64 años de edad. Por eso, agregó: “Para algunos de nosotros, ha llegado la hora de descansar, pero no descansaremos ni ahora ni nunca de luchar por la libertad del pueblo dominicano”.

Aludía a que entre todos apenas ocupábamos el pequeño espacio entre la vieja mata de limoncillos y la pared oeste que había en el vetusto y hermoso edificio del Partido, con arquitectura de principios del siglo pasado XX.

Al terminar el acto, tuve la ocasión de saludarlo y decirle que me hice militante peledeísta desde el día y hora en que anunció la formación del Partido.

Fue la segunda vez que conocí a ese gran escritor, cuyos cuentos me habían conmovido desde mis diarios encuentros, de muchacho, con los libros de la Biblioteca Cultural de la Iglesia Católica, en mi Hato Mayor querido.

Precisamente, mi motivación para escribir literatura vino de esas lecturas y de los fragmentos de obras contenidos en la Gramática Castellana de Pedro Henríquez Ureña y Amado Alonso, durante el primero y segundo años del bachillerato.

El domingo próximo referiré el tercer encuentro con el gran Maestro.