ALERTA. Notas sobre Un Tigre Perfumado Sobre Mi Huella, de José Fernández Pequeño

Juan Freddy Armando
Juan Freddy Armando

Escribí este comentario en 2015. El libro fue publicado por Editorial Cañabrava (1999), y Editorial Plaza Mayor, de Puerto Rico (2004), y presentado ese año en nuestro país. Como ha dicho Borges en un lugar del que no me acuerdo, los escritores de verdad siempre recuerdan a otros escritores. No temen sentir su presencia en el texto propio, porque su personalidad es tan diferente y única que sus lecturas sólo sirven de telón de fondo para enriquecer los puntos de vista desde donde ver la materia artística. Luego le aplican su propia individualidad, transforman la herencia de tal manera que los resultados sorprenderían al heredado, que no imaginaría toda la riqueza creativa que podría dar el recurso. Es así como las lecturas de autores inspiran a otros, sin menoscabo de su originalidad.
Un Tigre Perfumado Sobre mi Huella es libro de encuentros y desencuentros, donde se mueven los manes de algunos maestros del cuento. Claro, el autor los hace sentir, pero se impone su fuerza de escritor verdadero, con todas las consecuencias de originalidad y visión personalísima de su mundo narrativo.
Obra de misterios, realidades y sueños. Es una mezcla de técnicas cuentísticas, de enfoques narrativos, de teorías distintas entramadas en un conjunto que el autor ha dividido en tres grupos.
LEJANAS Y DESCABELLADAS VIRTUDES
Los cuentos agrupados bajo ese título son como si un pintor impresionista de repente quisiera escribir aplicando las mismas reglas de su pintar. Este movimiento pictórico se caracteriza por sus manchones que, de cerca nos nos permiten distinguir bien de qué se trata. Tenemos que alejarnos o cerrar un poco los ojos, para ver cómo si miráramos los objetos bajo el lente de un cristal lluvioso. Una primera lectura cercana y directa, interpretando las palabras acogiéndonos al significado que les reserva el Diccionario de la Lengua Española, nos da una orientación necesaria para la segunda aventura.
Ahora, nos desplazaremos de ese significado del principio y sobre sus zancos saltaremos al río de lejanas virtudes. Pensaremos en el español cubano, en el español fernández pequéñico, caribeño, y sobre todo, pensar el los fondos filósoficos que contienen. Eso nos permitirá viajar por un cuento como El cazador, donde el autor toma un tema aparentemente intrascendente, simple, y lo convierte en una angustia existencial, en obsesión dominante. Como si hiciésemos un acto violento al que estamos acostumbrados -el de cazar- y luego se nos convierte en un problema de conciencia, de dolor profundo. En estos notamos la influencia del autor del que se sirve Fernández Pequeño para el título: Lezama Lima, cuya oscuridad se diferencia de la de Alejo Carpentier en que no se basa en palabras técnicas y retruécanos verbales, sino en el uso limpio de la lengua sencilla y común pero hilvanada de forma tal que desafía nuestra capacidad de husmear para hallar el significado y gozarlo.
Quizás sea un recurso propio del intelectual al sentir que hay ciertas rebeldías que es mejor manifestarlas acompañadas de sus corazas multi-interpretativas. Consecuencia de los desajustes que casi siempre hay entre la vocación y realización de la vida intelectual y los planes estatales, que con frecuencia no tienen un lugar donde el creador se sienta libre. Casi siempre el sitio que le otorgan solo da para sentirse como Pedro en su casa: gordo, sano, fuerte y creyéndose libre -como dice la canción de Víctor Manuel- pero sin olvidar la “cariñosa” soga.
La cálida calidad que se respira en estos cuentos, nos enternece y lleva a compartir los desvaríos de los personajes.
LEVE REGRESO A LA TIERRA
Así llama Fernández Pequeño al segundo grupo de historias. Aquí nos lleva de forma casi lineal, intensa y apasionadamente desde una primera línea hasta la última con narraciones en las que nuestros ojos no quieren detenerse, ya que es un entramado que en cualquier línea podría obviarse, pero todo es disfrutable.
Buen humor, burla, sarcasmo marcan el cuento titulado A.M., y lo hacen el mejor del conjunto. Con los nombres que dominicanos y cubanos damos a las cosas, de tal modo que siendo en español todos, es muy nuestro. Juegos con la bebida, las infidelidades, el querer aparentar riquezas con la compra de un vehículo, el afán de mostrar falsa virginidad de la adolescente; todo eso da encantadora gracia a ese cuento. De modo que no necesitamos un final sorpresa. Dondequiera que el autor lo terminase, nos dejaría con ganas de seguir disfrutando sus creativas e hilarantes ocurrencias.
Las ciudades y sus recorridos, los detalles de las calles -eso que tanto apasiona al Cortázar de Rayuela o al Hugo de Los Miserables- seduce a Fernández Pequeño. Se nota sobre todo en Paredes del Infierno, encantador cuento del cornudo que desanda su angustia por calles, parques, parqueos, su trabajo, observando cosas que nunca había visto, al buscar reponerse del golpe de que su mujer se ha acostado con otro. Dilucidando el problema de que sus jimaguas -por decir hijas, en cubano- supieran esto, de que su dignidad de hombre bajara tanto, etc. Todo lo soluciona mentalmente en su deambular para llegar a un final sorprendente. En una nueva forma de final sorpresa muy distinta a la que nos enseñaran Quiroga, Bosch o Kipling.
INVENTARIO DE EXTRAVÍOS Y FINALES
Así llama el tercer grupo de narraciones. Es en cierto modo un regreso por otro camino a los cuentos del principio. Pero esta vez más tocados por el surrealismo y el simbolismo, que postulan la importancia de sugerir más que decir. De ellos, Variaciones de Una Flor es el cuento más interesante. En un ding dong poético que pasa de la mente a la dura realidad de una herida, la policía y su mujer, esa flor cierta que al caer se vuelve imaginaria -al revés de la de Coleridge- es un viaje como pelota de volibol entre lo gracioso y lo trágico, la esquizofrenia y el sarcasmo. Las aventuras del genial Guillermo Cabrera Infante dejan aquí algo de su cátedra.
Luego cabe destacar el cuento en que el autor se lanza al uso de diversos planos narrativos y cae bien. A la usanza de los años 80, la herencia de Joyce y otros, se siente en la historia titulada Meridianos y Paralelas. Los personajes juegan a mover sus caracteres en forma cónsona o no con su rol social de padre, madre, hijo, etc. siendo unas veces el inteligente o la obtusa, el rígido, la casa o el brujo. Tiene la magia de poner a la mesa y la casa como seres vivos, que sienten y padecen: Desde un golpe en la mesa con los dedos hasta la mudanza a la que el padre quiere obligar a hijo y madre.
La Casa Tomada, de Cortázar, late en el recuerdo de este cuento. Claro, a pesar de que el manejo de situaciones y lengua, personajes y diálogos es totalmente distinto. Digamos que vibra el tema de la soledad colectiva, la frialdad de los personajes y la casa vieja, que les son comunes.
EVALUACIÓN DEL LIBRO
Estamos ante una valiosa colección de cuentos, que seduce a sus lectores, los hace cómplices. El autor sale victorioso en casi todos sus lances, combatiendo y venciendo con la poderosa espada de la imaginación juguetona y creativa, la reseña de vivencias que nos hacen sentirnos ser sus personajes, la necesaria lengua poética y la selección de innovadores enfoques e historias.