ALERTA. Roger Zayas: Retrato humano y artístico de Johnny Ventura

ALERTA. Roger Zayas: Retrato humano y artístico de Johnny Ventura

“Johnny fue la foto 359 de mi proyecto fotográfico “365 Rostros”. Ésta que adorna este escrito, la hizo un fotógrafo francés que estaba documentando nuestra charla sobre la dominicanidad en la UNESCO.

Qué gran privilegio compartir nacionalidad con este hombre!

Descansa en paz, Caballo! Que la tierra te sea leve. Rest In Power!

“Estar parado frente a este hombre te provoca revisar hasta el fondo tu dominicanidad. Uno de mis sueños para este proyecto era fotografiar al «Caballo Mayor» y para un día como hoy, Santa Claus no pudo dejarme un mejor regalo que fotografiar al «Señor Merengue».

Johnny nació el 8 de marzo del 1940 en el barrio San Carlos, de la capital.

Hijo de «guardia», su padre fue trasladado constantemente de pueblo en pueblo: Moca, La Vega, Montecristi, el Batey Madre y en La Vega es cuando desarrolla hasta los 13 años.

Creció en una barriada de donde salieron Santiago Cerón y «El Songo», Francis Santana.

La casa de madera donde vivía era de su abuela materna, Tomasina Soriel y luego del ciclón San Zenón las leyes obligaron a que se construyera en mampostería y como ella no tenía dinero se vio obligada a venderla.

De ahí se fueron a La Vega, donde su abuela se convierte en cocinera de uno de los colegios más prestantes de la provincia, el Colegio Juan Pablo Duarte, y cuando le preguntan a ella sobre la paga de sus servicios, ella pidió que se permitiera a su nieto estudiar allá y así, un niño pobre estudió en un colegio de ricos.

El Bachillerato lo terminó en Santo Domingo, en La Normal, haciendo el bachiller de Ciencias Físicas y Matemáticas.

Luego que termina el programa de Paco Escribano, pasó a La Voz Dominicana en busca de la beca. Empezó a cantar en los programas del canal y se la ganó. A los aficionados los becaban, si eran muy buenos, con $25 pesos de subvención para sus estudios y a Johnny le dieron $60 en confabulación con el público y el presentador, en un momento en el que se encontraba en el estudio Petán Trujillo. Cada aficionado cantaba 1 canción, a Johnny le hicieron cantar 5”.

Sus padres se divorciaron cuando tenía sólo 5 años y Johnny se quedó con su mamá.

Vivían en un cuartito pequeñito, cerca de lo que era el Hipódromo Perla Antillana, hoy Plaza de La Salud y ahí tenían una pequeña cama «colombina» o «cama de sandwich». Una noche, Johnny despierta en la madrugada y ve a su madre durmiendo en el piso. Él le pide que suba a su cama, que mejor duerme él en el piso, pero su madre no quiso y le pidió que se quedara en la cama. Ahí le confesó que todos los días dormía en el piso porque él tenía «mal dormir». No pudo dormir más y desde que se levantó, salió a buscar trabajo, sólo 13 años de edad, y lo encontró en una fábrica de mosaicos como asistente del mosaísta. Entraba a trabajar a las 11:00 p.m. y regresaba a casa hasta las 7:00 a.m., llegaba a su casa para lavarse todo el residuo del cemento y se iba al colegio. Dormía en la tarde y en la nochecita hacía sus tareas para luego volver al trabajo. Desde ese momento hasta el momento de esta entrevista, no ha dejado de trabajar nunca.

Su madre consigue trabajo como cocinera en una casa de familia y se llevó a su hijo con ella, pero una de las hijas de la casa dio a luz y trajeron a una niñera, pero ésta no quería dormir con un «hombre» en la misma habitación, Johnny apenas tenía 14 años, y tuvo que irse a vivir en otro lado.

De ahí se fue a dormir donde un zapatero que conocía su madre y ella le pidió que le dejara dormir allá. Este trabajaba al lado de una fábrica de cal y Johnny dormía en el piso, al lado de una pared de cal que dividía un sitio del otro. Todas las noches tenía que limpiar, porque la cal pela, para poder hacerse su camita.

Se inscribe en un instituto comercial luego de graduarse de bachiller y en el camino a clases ve un estudio de fotografía. Ahí se le prendió un bombillo y Johnny le pidió trabajo al fotógrafo. De esa forma estaba cerca del instituto.

Con el tiempo se hizo fotógrafo y le pidió a su jefe que le dejara seguir trabajando en las horas siguientes al final de la tarde, porque sentía que iba más gente después de esa hora, que le comprara una camita colombina que guardara allá mismo y seguía trabajando.

En el instituto se destacó declamando, cantando, bailando, haciendo comedias y todo lo hacía para levantarse a las chicas. Dos de sus compañeros, Sergio Jiménez y Andrés Araujo vieron más allá y le insistieron que fuera a los programas de aficionados de La Voz Dominicana y La Voz de La Alegría, de Paco Escribano.

Andrés lo invitó a comer y junto a Sergio se fueron caminando por una ruta ya pensada por ellos y al rato estaban frente al estudio de Paco Escribano. La orquesta sonaba y sus amigos le pidieron que entrara a cantar. Johnny no quería, pero Sergio lo retó: «Si tú eres hombre, entra y atrévete a cantar». A esto no se pudo resistir, su orgullo de macho lo hizo entrar. Ensayó, cantó en el programa y ganó el primer premio, era el 2 de junio del 1956. A partir de ahí no tuvieron que llevarlo más, y cuando se hizo profesional, Sergio Jiménez se convirtió en su manager durante 50 años, hasta el día de su muerte.