¡Alerta!

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JOAQUÍN RICARDO
En declaraciones recientes, dadas a los medios de comunicación del país, el presidente del Partido de la Liberación Dominicana y Presidente de la República, doctor Leonel Fernández, ha reiterado su opinión en el sentido de que “hay que evitar el triunfo de la Alianza Rosada, la Gran Alianza Nacional, para que no continúe la dictadura que tienen en el Congreso”. Este planteamiento ha sido recurrente en los labios del primer mandatario. Sin embargo, lo que no ha calculado el doctor Fernández es que ese mismo razonamiento, con más fuerza conceptual y, por ende, con más veracidad, se le puede formular al Partido de la Liberación Dominicana y al propio Presidente de la República.

No hay que ser experto en teoría política ni haber recibido un doctorado “Honoris Causa” de Harvard para saber que la teoría de la separación de los poderes, claramente expresada por Charles de Secondat, barón de la Bréde y de Montesquieu, en su obra más conocida, El espíritu de las leyes, aboga por la separación de los tres poderes del Estado como la mejor manera de guardar el equilibrio necesario en el sistema democrático como forma de gobierno.

La separación de los poderes se ha convertido en una obligación para el mejor funcionamiento del aparato del Estado, especialmente cuando desde el Poder Ejecutivo se toman acciones que distan mucho de las ideas de otro gran pensador del siglo XVIII, el ginebrino Jean-Jacques Rousseau, quien criticó duramente la existencia de las sociedades corruptoras, al tiempo de exponer los principios morales de la vida pública y privada en sus obras filosóficas, resaltando entre ellas la publicada en 1762 con el título de El Contrato Social.

¡Qué distante se encuentran los señores que nos gobiernan de los postulados éticos y filosóficos antes mencionados!. Los nuevos girondinos criollos, al menos así piensan, han utilizado el poder para avasallar desde el mismo a sus adversarios. Hablan de un consenso que no aplican en sus decisiones y favorecen un nuevo Congreso…controlado por ellos. Naturalmente, el mismo debe estar integrado por personas que compartan el mismo encuadramiento mental y que han crecido con la praxis del resentimiento social y la exclusión, sin desdeñar a la traición, pues son capaces de morder mano que les ha dado de comer. Sólo bastaría recordar, para apuntalar nuestra afirmación, los intentos de desconsideración durante la primera administración peledeísta contra la persona que les regaló el poder. La ingratitud y la mezquindad se ensañaron contra el doctor Balaguer, hechos que no debe olvidar el verdadero reformista. Sólo la hipocresía y el fino cinismo de los que nos gobiernan le permite hace referencia al Frente Patriótico y a la figura del líder histórico del Partido Reformista Social Cristiano.

Debe entender el pueblo dominicano, que sufre la incuria y la intolerancia gubernamentales, que si vota a favor de los candidatos peledeístas estaría sentando las bases para una dictadura de partido que no permitiría la disidencia, pues así lo han demostrado. Quién realmente propugna por una gestión absolutista, en donde se concentren todos los poderes del Estado, es el Presidente de la República. De ahí su persistente lamento de no poseer el Poder Legislativo y la mayoría en los ayuntamientos del país.

Ha llegado a tal extremo esta vena absolutista en el primer mandatario que ha tenido la osadía de acusar al Congreso Nacional de “ser un permanente constructor de muros de contención, rechazando los proyectos que contribuyen con el verdadero desarrollo del país”. Este acto de cantinflismo e ingratitud políticos sólo sirve para desconocer la extrema tolerancia del Congreso con el endeudamiento extreno en que ha incurrido la presente administración y las facilidades otorgadas a la misma para la renegociación de la deuda. No desea recordar el señor Presidente que ese Congreso que él persistentemente denigra le ha aprobado US$1,400 millones en bonos, US$400 millones en financiamientos y RD$7,000 millones en bonos nacionales.

No resulta nada nuevo ni debe sorprender esta vocación totalitaria en los que nos gobiernan. Si no han instalado una administración orientada hacia ese fin, se debe a que el pueblo no la aceptaría. No obstante, la intolerancia gubernamental, el inescrupuloso manejo de los resortes del poder, y la más férrea persecución económica y política a que someten a sus opositores, nos indican lo que ocurriría el día en que los seres inmaculados que nos gobiernan obtengan el poder absoluto.

Tengo la sospecha de que ese desmedido afán por obtener la mayoría congresional y municipal del señor presidente del Partido de la Liberación Dominicana y Presidente de la República se debe, además de las inclinaciones absolutistas, al deseo oculto de solucionar el déficit cuasifiscal del Banco Central con la aprobación de nuevas cargas impositivas al contribuyente, con el fin de no verse obligado a reducir la enorme burocracia pública, que sólo sirve para alimentar a los compañeros de partido, y no tener así que someterse a un régimen de austeridad, para seguir con el dispendio de Estado. Sería interesante que los señores del Gobierno dieran a conocer los más de veinte proyectos de leyes que tienen guardados para la próxima adecuación fiscal, sólo a la espera de que se cumplan sus deseos de lograr la mayoría anhelada. El pueblo dominicano, empresarios, maestros, amas de casa, jornaleros, productores agrícolas, si es que queda alguno, chiriperos, es decir todos los dominicanos pagaríamos con nuestro sudor el alegre dispendio de Estado que caracteriza a la presente administración.

El próximo día 16, debemos acudir masivamente a las urnas para detener con el poder del voto a la horda de hierofantes en su intento de obtener el poder absoluto. Recordemos la importancia de la separación de los poderes y el equilibrio que la misma representa en el ejercicio de la democracia en los regímenes modernos.

Mientras, debemos alejarnos de esa picadura de Medusa que representan las promesas del primer mandatario, inmerso en una abierta campaña electoral como si él fuera candidato conquistando opositores mientras desatiende su obligada atención a los graves problemas que aquejan al país, como la energía eléctrica, los combustibles, la salud, la educación y la delincuencia, pues con ellas ocurre lo que expresa el proverbio chino: “mucho ruido en las escaleras, más nadie entra a la habitación”.