Alfabetización mediática: Nuestras amadas redes sociales

Alfabetización mediática: Nuestras amadas redes sociales

Eduardo Caballero Ardila

Por Eduardo Caballero

El avance permanente de las redes sociales es un proceso indetenible y exponencialmente creciente. Cada día vemos aparecer una nueva red que responde a nuevas necesidades y oportunidades.

La triple w (www) nació en 1991 y la primera red social  (www.classmate.com) apareció en 1995. Desde entonces el desarrollo de nuevas redes sociales ha sido permanente. Podemos recordar que el año 2003 nació Linkedin, el 2004 vimos aparecer a Facebook y a Flickr, en 2005 hizo lo propio YouTube.

En 2006 apareció Twitter y en 2009 WhatsApp (que fue posteriormente comprada por Facebook en 2014). El año 2012 nació Pinterest y en 2016 fue lanzada TikTok.

El Informe Global sobre el Entorno Digital (2021), elaborado por Hootsuite y We Are Social, estima que 4.200 billones de personas utilizan redes sociales, esto representa cerca de 54% de la población mundial.

Esas personas consumen en promedio 2 horas y 25 minutos diarios en las redes sociales, lo que explica su importancia. Casi 99% de los consumidores de redes lo hacen regularmente a través de sus teléfonos celulares.

La red social más visitada según este estudio es Facebook, que es seguida por 2.740 millones de personas, y posteriormente Youtube que acumula 2.291 millones de seguidores.

Su uso intensivo ha traído como consecuencia que el visionado de los medios de señal abierta o de suscripción haya cedido una parte muy importante a favor de ellas.

Este crecimiento no solo tiene que ver con el desarrollo de la tecnología, así como el incremento en el acceso de personas en la red a nivel mundial, sino también por  el interés de los desarrolladores porque es un extraordinario negocio que no para de crecer.

Grandes corporaciones han nacido en cuartos universitarios o en garajes sin las barreras de entrada de otras empresas del sector industrial o financiero. Su éxito a corto plazo está centrado en la creatividad, los contactos y en la tenacidad de sus desarrolladores.

Varias de estas redes sociales tienen hoy un valor patrimonial mayor que el de las más importantes corporaciones a nivel mundial.

Es difícil imaginarse que Facebook tenga un valor patrimonial superior al de Boeing, una de las empresas multinacionales estadounidense más importantes que diseña, fabrica y vende aviones, helicópteros, misiles y satélites, o que el valor de Zoom sea superior al de dos fabricantes de automóviles combinados: General Motors y Ford.

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Las redes sociales solo pueden ser catalogadas como positivas para el desarrollo de la humanidad, pueden ofrecernos muchas ventajas si sabemos cómo utilizarlas adecuadamente. Ellas han llegado para cubrir vacíos y solucionar problemas como:

  1. Permiten generar y mejorar la comunicación y la interacción. Las redes facilitan la comunicación al instante sin barreras espaciales, culturales o físicas. No ha permitido contactar con familiares y amigos con quienes habíamos perdido conexión.
  2. Son un extraordinario canal de  entretenimiento
  3. Nos permiten estar permanentemente informados.
  4. Son una vía para la participación ciudadana, permitiendo exponer denuncias sociales con un mayor alcance que el de los demás medios de comunicación.
  5. Son un extraordinario vehículo para promoción y publicidad. Adicionalmente, son un buen espacio para la atención y comunicación con clientes y relacionados
  6. En la educación puede tener múltiples beneficios como aumentar la participación, creatividad y autonomía en la educación.
  7. Permite la búsqueda de oportunidades laborales y mejora la visibilidad profesional.

Sin embargo, las bondades de su desarrollo están sujetas por quienes las dirigen, por quienes la utilizan y por quienes producen el contenido que se comparte a través de las mismas.

Dicho en palabras de Pablo Ramos (2001), quien compiló Tres décadas de educomunicación en América Latina, “el conocimiento se acrecienta siempre que se usen los medios justos y los procederes correctos”.

Jocosamente, el exitoso empresario de medios digitales Reid Hoffman en un artículo publicado en The Wall Street Journal (2011), indica «Las redes sociales tienen mayor éxito cuando se corresponden con alguno de los siete pecados capitales». Hoffman lo define como un predictor de éxito y asocia a Facebook al pecado de la vanidad, a Twitter la ira, a Instagram la gula, a Netflix la pereza, a Tinder la lujuria, a Linkedin la avaricia y a Pinterest la envidia.

¿Se ha preguntado por qué muchos líderes del área tecnológica o desarrolladores de redes expresan públicamente que no le entregan dispositivos tecnológicos o de comunicación a sus hijos mientras son pequeños y no tienen raciocinio, o son manipulables?

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Hay que entender que el modelo de negocio de las redes sociales es mantener a la gente conectada, es por ello que en muchos hogares las redes se convierten en chupetas digitales que tranquilizan y seducen, quebrando la voluntad y doblegando la capacidad de resistirnos a sus encantos. Como dice Molière en Don Juan, una de sus obras cumbres, “los vicios de moda pasan por virtudes”

El director del Centro de la Tecnología Humana, Tristan Harris, lo explica en el documental El dilema de las redes sociales (2020), diciendo que en las redes sociales, el que tenga el mejor modelo, gana. Todo lo que hemos hecho, los clics, los videos que vemos, o los “me gusta”, crean cada vez un modelo mejor elaborado compitiendo por una atención que es limitada.

Ese modelo ayuda a predecir ¿qué se puede hacer con esa persona? Las redes sociales comenta Harris, son herramientas, y hasta allí no hay problema, el problema es que son herramientas para seducirte, sacarte información y comercializarla.

Este importante ex-ejecutivo de Google indica que existe una disciplina y un nuevo campo de trabajo que se denomina Growth Hacking (o hacker de crecimiento), que se traduce en un equipo de ingenieros cuyo trabajo es hackear la psicología de la gente para captar más, lograr más engagement y a que invites a mucha más gente.

En apoyo a esta tesis, Roger McNamee (early investor de la red social Facebook), expresa en el mismo documental que en esa plataforma nadie verá las noticias de una manera similar a otra, por muy cercana que sea, porque el feed se basa en cálculos de acuerdo con sus preferencias.

Cada persona tiene su propia realidad, con sus propios hechos. Con el tiempo, en redes como esta tiendes a pensar que todos están de acuerdo contigo, aunque no sea así, y es porque tus noticias piensan como tú, y cuando estás en ese estado eres fácilmente manipulable, igual que como te manipula un mago.

En opinión de este empresario, la ley va muy por detrás de estas cosas, la situación actual no está hecha para proteger a los usuarios, sino para proteger los derechos y privilegios de estas empresas ricas y poderosas.

Intentar detener el impacto de los mensajes de las redes sociales en nuestros hijos prohibiendo su uso es cuando menos inútil. Cuando intentamos frenar la tecnología prohibiendo el acceso lo que estamos haciendo es similar a cuando intentamos frenar el avance de un río con los dedos de la mano.

Ni siquiera las comunidades amish lo han conseguido, de manera que ¿por qué podremos lograrlo nosotros?

En 1975, Claude Steiner, reconocido psicólogo, discípulo y colega de Eric Berne y fundador con él de la Asociación Internacional de Análisis Transaccional, formuló “la teoría de la economía de las caricias”.

Indicó Steiner que el desarrollo intelectual y emocional del ser humano depende en gran medida de la abundancia o escasez de signos afectivos que recibe a lo largo de su vida, sobre todo en su primera infancia y que las caricias son tan necesarias como la comida o la bebida.

Extrapolando la tesis de Steiner al mundo digital, podemos observar cómo el acceso a las redes sociales permite que nuestros hijos reciban caricias virtuales, y de allí la importancia de que sus relacionados, padres, familia, etc., no dejen que los niños solo reciban caricias de las redes, abandonando el contacto físico, la conversación oportuna y el compartir necesario para su sano crecimiento y manejo social.

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