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Durante el corto acercamiento político y económico que tuvieron Moscú y Washington en 1959, la URSS organizó una exposición de sus productos en Nueva York, al igual que Estados Unidos haría en Moscú.

Richard Nixon, entonces vicepresidente norteamericano, acompañó a la exposición al primer secretario del Partido Comunista, Nikita Khrushchev y al acercarse a la Pepsi Cola, Donald M. Kendall, un alto ejecutivo de Pepsi, le sirvió a los mandatarios un poco de su bebida y así fue como Pepsi obtuvo los derechos exclusivos de la venta de su gaseosa en la URSS. En 1974 abría su primera planta en la ciudad soviética de Novorosíisk. A finales del 1980 los soviéticos bebían 1.000 millones de botellas de Pepsi Cola al año.

Por ser el comunismo y el capitalismo dos sistemas tan diferentes, fue muy difícil el intercambio de divisas, por lo que recurrieron al trueque. A cambio de la bebida, la URSS le otorgaba a Pepsi los derechos exclusivos de la distribución de la vodka Stolichnaya en territorio de EEUU.

La situación cambio por diferencias sobre política internacional entre los dos países y la colaboración estuvo a punto de romperse. En 1989, Pepsi Cola y Moscú firmaron un acuerdo donde Pepsi Cola se hacía propietaria de 17 submarinos obsoletos y tres antiguos buques de guerra que debían ser procesados como chatarra y así obtener su paga. Además, Pepsi compró unos nuevos buques petroleros y los arrendó. A cambio, la compañía abriría plantas de producción en la Unión Soviética.

Al desaparecer el bloque socialista, otras compañías, incluida Coca Cola, penetraron en el mercado postsoviético. Aun así, Rusia es el segundo país con más ventas de Pepsi, y mantiene la mayor parte del mercado de bebidas gaseosas.