Algo De Todo

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La intolerancia a la lactosa se da por una deficiencia de la enzima lactasa, producida por el intestino delgado y encargada de la absorción de la lactosa, un tipo de azúcar presente en la leche y en muchos alimentos preparados.
La lactasa se encarga de dividir la lactosa en sus dos moléculas: glucosa y galactosa, para poder ser absorbida. Si esto no sucede porque no hay suficiente cantidad de lactasa o ninguna, la lactosa sin ser absorbida producirá fermentación y gases, distensión abdominal con dolor y sonidos de movimientos intestinales que se pueden asociar con diarrea y, en casos extremos, vómitos y estreñimiento.
No es lo mismo intolerancia a la lactosa que alergia. Las alergias son reacciones inmunes a través de inmunoglobulinas, la más común es la alergia a las proteínas de la leche de vaca y suele producir síntomas parecidos. No obstante, en muchas ocasiones, los problemas alérgicos se manifiestan con reacciones cutáneas, oculares y respiratorias que no aparecen en el caso de la intolerancia a la lactosa.
Existen otros alimentos no lácteos que aportan cantidades de calcio. De hecho, pueden aportar más que la propia leche (100 mg de calcio/100g de leche). Entre ellos se destacan las semillas de sésamo (700 mg de calcio/100g de semillas), el tofu (250 mg de calcio /100g de tofu), pescados azules como boquerón, sardina o anchoa (250 mg de calcio /100g de pescado), almendras y pistachos, verdura cocinada al vapor como espinacas, brócoli, lechuga, acelgas, perejil, y algas como wakame, y legumbres como garbanzos (150 mg de calcio/100g del alimento).
El calcio es primordial durante la gestación para un embarazo y un bebé saludables. El feto necesita calcio para tener huesos y dientes fuertes, ya que aumenta su densidad ósea, así como para un corazón, sistemas de coagulación y músculos sanos.