ALGUNAS REFLEXIONES Y PREMISAS CLAVES PARA ENTENDER LA CRISIS DEL CORONAVIRUS Y CÓMO DEBEMOS ENFRENTARLA

ALGUNAS REFLEXIONES Y PREMISAS CLAVES PARA ENTENDER LA CRISIS DEL CORONAVIRUS Y CÓMO DEBEMOS ENFRENTARLA

La pandemia del Coronavirus ha generado una crisis multisectorial y sistémica que no debe enfocarse o tratarse sólo desde la perspectiva médica, sino debe enfocarse desde una amplia perspectiva que debe incluir todo el conocimiento humano disponible, especialmente haciendo partícipes a historiadores, filósofos, psicólogos, economistas, urbanistas, demógrafos, sociólogos, antropólogos, y pensadores en general, para poder comprenderla y enfrentarla efectivamente; cualquier mirada aislada resultaría sencillamente parcial.

Para enfrentar la pandemia se requiere un enfoque de abordaje dinámico debido a que los conocimientos que se tienen sobre ella cambian todos los días por lo tanto las recomendaciones de política deben cambiar también. No se pueden aplicar las mismas medidas iniciales aplicadas en noviembre en China para que surtan efecto en abril o mayo.

Para poder enfrentar la pandemia hay que estar plenamente abiertos al conocimiento científico: Su método de ensayo y error, su visión controvertida y dialéctica, pero sobre todo, dispuestos a una plena apertura mental para poder aceptar nuevos datos y descubrimientos, claves para entenderla. La rigidez mental no funciona en momentos de crisis.

Para comprender la pandemia debemos comprender el funcionamiento, historia y evolución de todas las enfermedades conocidas por la humanidad con las cuales éste ha tenido que convivir, utilizando la ciencia para crear tratamientos y vacunas. Las enfermedades y la respuesta natural sobre ellas, se comporta de forma parecida por lo tanto comprenderlas es importante para entender el nuevo coronavirus.

Los países y las regiones presentan grandes asimetrías y diferencias culturales, políticas, históricas, económicas y sociales, por lo que el abordaje de combate a la pandemia no puede ser similar en todos. lo que funcionó en China o en Corea del Sur, no funcionaría igual en Latinoamérica, Europa o Norteamérica.

La clave de curación de todas las enfermedades es el tratamiento a tiempo. Generalmente las enfermedades no tratadas pueden generar complicaciones médicas, por lo tanto, la clave para la eficacia del tratamiento, en el nuevo coronavirus, como en las demás, es iniciar en fases tempranas, lo que lamentablemente no ha ocurrido, porque el enfoque ha sido otro.

La principal diferencia, entre el nuevo coronavirus y otras enfermedades descubiertas y tratadas por la humanidad, radica en su novedad. El hecho de que sea nueva implica que no existían tratamientos adecuados, protocolos de atención y que tampoco existía en el cuerpo humano la inmunidad necesaria para frenar su entrada, por lo que su penetración en el organismo ha sido sumamente fácil, ya que no contamos con los anticuerpos para evitarlo.

El principal problema de esta pandemia no es la enfermedad en sí misma, sino más bien el problema logístico que representa la gran cantidad de contagios al mismo tiempo (ocasionado por la falta de inmunidad y la facilidad por cómo se propaga) y el posible colapso de los sistemas de salud, representado fundamentalmente en el uso de las unidades de cuidados intensivos y sobre todo la respiración artificial, que se hacen necesarias ante un tratamiento tardío que provoca complicaciones.

Atendiendo a la razón anterior, el enfoque principal de la OMS ha sido el aislamiento y la cuarenta para evitar los contagios y por tanto ¨aplanar¨ la curva de contagios y así evitar el colapso del sistema de salud. Sin embargo, este enfoque es sólo paliativo porque solo disminuye el contagio, pero no reduce las tasas de mortalidad, y además no funciona igual en todos los países. Un enfoque más integral debió incluir la identificación temprana de los casos y tratamiento a tiempo, lo que no ha sido imposible dado que no ha habido una orientación correcta en ese sentido y mucho menos ha habido una clara orientación para hacer flexibles los sistemas de salud que permitan dar tratamiento de emergencia a los afectados.

La causa fundamental del colapso del sistema de salud y del aumento de la mortalidad no ha sido propiamente el virus, sino la detección y el tratamiento tardío de los casos que se produce por los tiempos necesarios entre la aparición de los síntomas, la realización de la prueba y la confirmación del diagnóstico previo al tratamiento, y porque el sistema de salud no tiene capacidad (operando de manera rígida y normal con protocolos estrictos) para ofrecer atención oportuna, debido al cúmulo de casos por la gran cantidad de contagios. Por tanto, se necesitaba aplicar una medicina de guerra, que flexibilizase los protocolos y permitiera crear nuevos instrumentos de orientación a doctores y personal sanitario para tratar rápido y efectivamente los casos.

Está probándose además que esta atención temprana de la enfermedad, como de cualquier otra, incluido el tratamiento ambulatorio (o sea en casa), es una alternativa eficaz para evitar la generación de complicaciones y disminuir la presión sobre los sistemas de salud. Ya existen protocolos en algunos países para el tratamiento ambulatorio de los casos. Casi siempre es preferible (si hay la posiblidad) el tratamiento ambulatorio al hospitalario ya que este expone y vulnerabiliza más los pacientes desde el punto de vista biológico y psicológico.

El enfoque anticrisis promovido por OMS se concentró en hacer pruebas, encerrar poblaciones, paralizar el Gobierno y aislar casos. Este enfoque fue un error porque aunque estas medidas eran importantes, el enfoque debió de ser: Identificación temprana, tratamiento a tiempo, mayor protección de población vulnerable, medicina de guerra y ambulatoria, y convivencia con el virus.

Afortunadamente, y desoyendo las burocracias internacionales de la OMS, la ciencia no ha parado de investigar y enfocarse en los tratamientos. Aunque la OMS no ha sido partidaria de ese enfoque, los científicos del mundo han logrado avances sustanciales en esta materia, y aunque hace falta tiempo, ya contamos con tratamientos experimentales que muestran resultados alentadores para todas las fases de la enfermedad y para sus complicaciones, los mismos se están usando en casi todos los países.

Otro error de la OMS ha sido promover el pánico, debido a que éste, en los países como en las personas, no permite la toma de decisiones inteligentes y prudentes. El pánico paraliza y obnubila y no contribuye a ver las cosas con claridad, por tanto, no permite tomar decisiones acertadas. Frente a esta crisis, los países y la humanidad, debieron ser sosegados, prudentes y moderados y no asumir posiciones radicales o exageradas. Sobrereaccionar es tan riesgoso como no reaccionar a tiempo.

Ha sido también un error hacer creer a las personas que, por el simple hecho de quedarse en sus casas, la pandemia terminaría. Lo cierto es que la enfermedad permanecerá por mucho tiempo y talvez eternamente en el ambiente. Solo la viruela ha sido erradicada por la humanidad, después de ésta debemos convivir con todas las enfermedades, lo que implica que

siempre habrá un riesgo de contagiarse de coronavirus, aun cuando se haya erradicado, cuestión que es poco probable.

Eventualmente tendremos que salir de casa. La cuarentena no podrá ser eterna por razones económicas y vitales. El ser humano para sobrevivir está obligado a producir. La sobrevivencia del ser humano depende directamente de la producción y transformación de recursos, por tanto, considerar la cuarentena como la principal solución es al menos errado. De lo que se trata con ella es de ganar tiempo, en lo que los tratamientos (que ya hay) estén completamente probados y disponibles al público, aun así, la tasa de mortalidad nunca será cero.

Ha sido un error garrafal contraponer la economía con la salud, ambas son complementarias en la vida, ya que los recursos y la calidad de vida son indispensables para garantizar la buena salud y alargar la vida. La demostración de eso es la esperanza de vida de los países desarrollados (80 años aproximadamente) frente a la esperanza de vida de países pobres (60 años aproximadamente).

En ese sentido, ha sido fatal promover la paralización productiva y política de los países. Si bien era necesario disminuir los niveles de contacto social, el cual es la causa principal del contagio, tan bien es cierto, que se pueden y se deben realizar actividades productivas y recreativas sin necesidad de un contacto social que exponga a la enfermedad, y además, existen medidas de protección adecuadas para realizarlo con distanciamiento sociales.

Si bien se podían clausurar las actividades sociales y económicas no imprescindibles: bodas, partidos, fiestas, restaurantes, una parte del comercio, transporte masivo, entre otros y de la misma manera se pueden mantener operando y con un bajo riesgo actividades productivas importantes que nos permitan reducir el impacto económico de la crisis.

Una economía sólida y un Estado en movimiento garantizan una mejor capacidad de respuesta a cualquier crisis, que una economía maltrecha y un Estado paralizado y quebrado.

Por otro lado, el confinamiento y la paralización, pueden conllevar a problemas derivados tales como el aumento de peso, las enfermedades y trastornos psicológicos y de ansiedad, el aumento de los problemas cardiovasculares por los efectos de la ansiedad y el sedentarismo, así como la alteración de los patrones sociales y culturales, cuyos efectos todavía están por verse.

La dificultad de movilidad, además de los efectos económicos obvios que provoca, también tiene impacto sobre el acceso a salud y tratamiento de otras enfermedades. El cierre de consultas médicas y la misma situación de dificultad y funcionamiento social puede constituir en una barrera infranqueable para tener acceso a servicios de salud a tiempo para el tratamiento y atención de otras enfermedades, lo que puede conllevar muertes previsibles.

La OMS y por tanto la mayoría de los países del mundo han cometido graves errores en el manejo de la pandemia, que derivan principalmente de la incomprensión del fenómeno, su dinamismo y volatilidad, pero sobre todo por no medir a cabalidad y correctamente los efectos de las medidas propuestas para contrarrestar el coronavirus y sus costes futuros. Probablemente estemos enfrentando esta Pandemia, creando otras.

No estoy seguro, pero tengo la sospecha de que la verdadera pandemia no ha comenzado aún; La verdadera pandemia puede que se esté incubando en el mundo y talvez será una profunda recesión, el resultado directo de la debacle económica, política y social que se producirá en el mundo por venir, lo cual será probablemente un gran y doloroso parto para un mundo diferente, esperemos que sea mejor.

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