Alicia Alonso “In memoriam”

Alicia Alonso, Cuba's prima ballerina and director of Cuba's National Ballet, center, is escorted by dancers during the opening ceremony of the 22nd International Ballet Festival in Havana, Thursday, Oct. 28, 2010. The festival ends Nov. 7. (AP Photo/Javier Galeano)
Alicia Alonso, Cuba's prima ballerina and director of Cuba's National Ballet, center, is escorted by dancers during the opening ceremony of the 22nd International Ballet Festival in Havana, Thursday, Oct. 28, 2010. The festival ends Nov. 7. (AP Photo/Javier Galeano)

Iniciaba la década de los cincuenta del pasado siglo, aun no entrábamos en la adolescencia y asistíamos a la Academia de Ballet de Magda Corbett -la Madame-.

En esos años tuvimos la oportunidad de ver a dos grandes figuras de la danza mundial, que en ocasiones diferentes se presentaron en nuestra ciudad: Alexandra Danilova y Tamara Toumanova.

Corría el año 1958, y la noticia de la presentación en el país de Alicia Alonso e Igor Youskévitch, quienes venían como invitados del Ballet de Washington, nos colmó de alegría. Era la primera vez que se presentaba una compañía de ballet en el país.
La gran incógnita era dónde se presentaría el Ballet de Washington, pues no teníamos un teatro adecuado –aunque ya existía Bellas Artes– para un espectáculo de tal magnitud.

Se decidió construir un escenario en el Teatro Agua y Luz y allí, acompañado de la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por el maestro Roberto Caggiano, y con más de 2000 espectadores, se presentó el 4 de septiembre de aquel año, bajo un cielo estrellado, el Ballet de Washington, donde brillaba la estrella rutilante de Alicia Alonso, quien se encontraba en el apogeo de su carrera, considerada “Ballerina Assoluta” luego de sus presentaciones en 1957 en la entonces Unión Soviética, cuando se convirtió en la primera ballerina clásica latinoamericana invitada a bailar en la URSS.

Aquella noche indescriptible nos transportó, en alas de la danza, hacia lugares recónditos donde se desplazan los cisnes en un apacible lago. Alicia Alonso, convertida en “Odette”, nos envolvió en la magia de su danza; luego, en el cisne negro hizo galas de virtuosismo, e inició los treinta y dos “fouettes”, los que a coro contamos emocionadas las jóvenes que allí nos encontrábamos.

El cuerpo del Ballet de Washington dio un ejemplo de profesionalismo, sobresaliendo sus primeras figuras: Marcia Barrett y Robert Davis. En la segunda parte del programa se presentaron “Las danzas polovetszianas”, de “El príncipe Igor” de Borodin. El recuerdo de aquella noche, como nombre grabado en la corteza, se ahonda y nos acompañará por siempre.

Grande sería nuestra sorpresa cuando al otro día, al llegar a nuestra Academia de Ballet, entonces ubicada en el sótano de Bellas Artes, la “madame” nos informó muy emocionada que recibiríamos la visita de Alicia Alonso. ¡Todas brincamos de alegría! Un rato después la vimos llegar acompañada de Robert Davis.

Los recibimos con aplausos, y luego Alicia habló con nosotros y finalmente nos dijo: ¡Vamos, a las barras!, entonces inició una clase, que luego continuó Davis. Como despedida a tan ilustres visitantes, nuestra primera bailarina Ruth Garrido bailó “La muerte del cisne”.
Años después, en 1976, regresó Alicia Alonso a nuestro país, esta vez junto al Ballet Nacional de Cuba, e interpretó “Carmen”, de la “suite” de Alberto Alonso, y luego de “El lago de los cisnes” a “Odette”, teniendo como “partner” al gran bailarín, Jorge Esquivel. Eduardo Villanueva escribiría: “Sólo Alicia Alonso es capaz de ofrecernos en una noche ‘Carmen’, toda fuego y pasión, para después regalarnos su incomparable creación de ‘Odette’, con la sublimidad del aliento de una virgen sobre un espejo de plata”. (Periódico “El Nacional”)
En esta ocasión tuvimos la oportunidad de compartir con Alicia y recordar aquella distante primera vez.

En ocasión del décimo aniversario del Teatro Nacional (1983), se presentó nueva vez Alicia y Ballet Nacional de Cuba; en 1987 regresó la compañía y Alicia bailó junto al bailarín Lázaro Carreño “Roberto y el diablo”, “La viuda alegre” y “La Diva”.

En nuestra crítica dijimos: “En ‘La Diva’, dedicado a María Callas, coreografía de Alberto Méndez, Alicia es la verdadera diva, y nos envuelve con su presencia legendaria. El ballet “La viuda alegre” parece haber sido creado para Alicia. Se destaca aquí por su gracia, donaire y picardía. Alicia Alonso, como la Gioconda de Da Vinci, no posee el brillo de los colores con que fue creada, pero la Gioconda, sigue siendo La Gioconda; Alicia sigue siendo Alicia”. (Periódico “Listín Diario”).

En el año 1992, siendo directora del Ballet Clásico Nacional, fui invitada al Festival Internacional de Ballet de La Habana. Allí viajamos en compañía de la bailarina Miriam Bello y vimos bailar por última vez a la gran Alicia Alonso, acompañada por Orlando Salgado.

Ese mismo año, en conversación telefónica con Alicia, le informamos que necesitábamos un bailarín para nuestras próximas presentaciones, y nos dio dos nombres. Le dejamos a ella la elección, y entonces contratamos a Armando González, quien optó por asentarse en nuestro país, siendo hoy director del Ballet Nacional Dominicano.

Como directora del Teatro Nacional, en el 2003, programamos la celebración del 30 aniversario del Teatro Nacional, e incluimos la presentación del Ballet de Cuba. Alicia entonces era ya su directora.
Viajamos a La Habana junto a la bailarina Carmen Espinosa, y allí conversamos largamente con ella, conocimos una y mil anécdotas sobre su carrera que con un dejo de nostalgia se empeñaba en relatar. Luego hablamos sobre el programa a presentar. Finalizado el encuentro, nos invitó a visitar el Museo de la Danza.
El programa presentado por el Ballet Nacional de Cuba los días 30 y 31 de mayo finalizaba con la suite de “Carmen”, esta vez Carmen fue interpretada por la joven bailarina Viengsay Valdés. Alicia recibió, junto a su compañía, un cálido y prolongado aplauso… acaso consciente que era la última vez que vería, aunque esta vez no como bailarina, la figura paradigmática de Alicia Alonso sobre el escenario del Teatro Nacional.
Al día siguiente, en un emotivo acto, develamos en la Galería de la Danza una placa conmemorativa al paso de Alicia Alonso por el Teatro Nacional; visiblemente emocionada, agradeció la distinción.
En el año 2008 el Ballet Nacional de Cuba regresó y, aunque sin su presencia física, Alicia estuvo allí, a través de su ballet “A la caída de la tarde” inspirado en el poema homónimo del compositor dominicano José Dolores Cerón, del que escribimos: “Alicia Alonso despierta emociones y sentimientos, convirtiendo el poema sinfónico en un poema danzado”. (Periódico “Hoy”)
El espíritu de “Giselle” se ha elevado a nuevas transparencias, el aleteo del cisne ha detenido su vuelo, pero su halo de luz brillará por siempre, a través de la danza. Descansa en paz, Alicia Alonso.