Alzas en la factura petrolera

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POR CLAUDIO CABRERA
Desde el año 1974, cuando la República Dominicana empezó a sentir el fuerte impacto de un primer “shock” petrolero que conmovió toda su economía, el país no ha cesado de estar fuertemente estremecido por las sacudidas cíclicas que el alza y baja de los precios de los hidrocarburos a nivel mundial han producido en nuestra economía, estando presente en prácticamente las cuatro fases críticas que han erosionado de manera combinada con otros factores, la estabilidad macroeconómica y la continuidad del crecimiento.

Tales son, entre otros, los aspectos más relevantes resultantes del análisis contenido en el libro “40 Años de Economía Dominicana”, del autor, Carlos Despradel, recién editado, donde sostiene que tras los desajustes económicos propiciados por estos “choques externos” a nuestra economía, sectores empresariales, inconscientes al principio, seguían exigiendo condiciones monetarias y cambiarias similares a las prevalecientes con anterioridad a la ocurrencia de estas crisis.

PRIMER CHOQUE, TRAS GRAN AUGE

En su libro, el licenciado Despradel, ex gobernador del Banco Central y ex secretario Técnico de la Presidencia, hace referencia al primer aumento de los precios internacionales del petróleo en 1974, el cual, por fortuna para el país, coincidió con precios “muy favorables” de los principales productos de exportación, como fue el caso del azúcar, el cacao y el café.

“En esos años posteriores al 1974 -sostiene el autor – la economía dominicana también se vio favorecida con la incorporación de nuevos renglones de exportación, especialmente en el sector minero, entre los que se destaca el inicio de las operaciones de la Falconbridge Dominicana, que explotó exitosamente los yacimientos de ferroníquel de Bonao”.

Afirma que esa fue la primera gran inversión extranjera en el país, tras la caída de la dictadura de Trujillo, razón por la cual los negociadores aprobaron concesiones especiales que después de muchos años fueron revisadas.

Luego entró en operación la Rosario Dominicana, gran exportadora de oro y plata que trajeron grandes ingresos de divisas que permitieron compensar el incremento de nuestra factura petrolera.

Sostiene que de no haber sido por estas afortunadas alzas del precio de los principales rubros de exportación ocurridas en el 1974, y por la incorporación de nuevos minerales a la canasta de bienes exportables, para ese año y sin duda en 1975, “la economía dominicana hubiese sentido presiones externas que la hubieran desequilibrado profundamente”.

No obstante, resalta que de todas formas, el incremento de los precios internacionales del petróleo no dejó de impactar negativamente la economía del país, “la cual vio aumentar la factura petrolera en, aproximadamente, US$126 millones anuales, al pasar de US$42 millones en el año 1973, a más de US$168 millones en el 1975”.

Mientras el Producto Bruto Interno se había reducido a tan sólo 5.2% anual, el país estaba ya acostumbrado a tasas de crecimiento superiores al 10%, consideradas normales para muchos dominicanos, nivel más alto de la región.

“Entre los efectos negativos que tuvo el choque petrolero del 1974, se pudiera decir que el mismo le costó el cargo (en 1976) al legendario gobernador del Banco Central, doctor Diógenes Fernández, quien por más de 13 años dirigió prácticamente la economía del país desde la poderosa institución que él mismo contribuyó a modernizar y tecnificar”.

CAMINO AL SEGUNDO CHOQUE

Al adentrarse en el análisis del segundo “shock” externo de la economía hacia 1979, instalado ya el gobierno de Don Antonio Guzmán, le tocó dirigir el Banco Central al doctor Diógenes Fernández, en los primeros dos años del nuevo gobierno del PRD que ganó las elecciones en mayo de 1978.

Despradel sostiene que tras cinco años durante los cuales los precios internacionales del petróleo se estabilizaron entre los US$12 y los US$13 por barril, “se produjo al principio del 1979, es decir, pocos meses después del inicio del nuevo gobierno, el segundo gran choque petrolero, el cual dislocó la economía mundial, ya que para esa época, el 60% de toda la energía del planeta era generada por hidrocarburos”.

Al analizar este impacto, el autor sostiene que “este aumento de los precios internacionales del petróleo se recrudeció después de la reunión de la OPEP de 1980, celebrada en Riad, donde los principales países productores del mundo, liderados por el Saudita Ahmed Saki Yamani, decidieron seguir controlando la producción de esta vital fuente de energía, para así poder aumentar aún más su precio, el que llegó hasta US$39.5 el barril, nivel que equivalía a más de US$60.0 para el año 2004”.

Este aumento, sostiene, provocó la paralización del crecimiento económico de las grandes potencias, un aumento en la inflación mundial del 20% en algunos países desarrollados de Europa, subida de las tasas de interés internacionales que alcanzaron a los mercados financieros, así como una agudización del desempleo.

Resalta que todo este panorama provocado por el alza del petróleo, se revirtió luego en forma negativa contra los países en vías de desarrollo no productores de petróleo, que entraron en la que luego fue llamada la “Década Perdida”, “muchas de las cuales todavía están pagando el remanente de esa crisis económica internacional, ocurrida hace dos décadas”.

A nivel del país este segundo “choque externo” provocado por el alza del petróleo tuvo efectos muy negativos, comenzando por el aumento en la factura petrolera, que pasó de aproximadamente US$190 millones en 1978 a más de US$314 millones en 1979 y a cerca de US$500 millones en cada uno de los años subsiguientes.

Esta situación implicó unos US$300 millones anuales adicionales en divisas de las cuales el país debía disponer, además de que todos los bienes importados aumentaron de precios por la alta inflación mundial. La carga de la deuda externa también se elevó en tanto influyó negativamente sobre la balanza de pagos.

11 DE SEPTIEMBRE: TERCER GRAN CHOQUE

El auge que experimentó la economía del país, en parte como resonancia del auge económico mundial que permitió incentivar el turismo y las zonas francas, fue precedida de una crisis provocada por factores externos que, en gran medida, obedecieron a los acontecimientos relacionados con el 11 de septiembre del 2001, según el autor.

“El 11 de septiembre del 2001 sucedió un acontecimiento que estremeció la humanidad, al producirse un ataque terrorista en dos de las principales ciudades de los Estados Unidos, especialmente en la ciudad de New York, donde quedaron destruidas las torres gemelas del Centro de Comercio Mundial, con la pérdida de vida de miles de ciudadanos indefensos”.

Con esos ataques, señala el autor en su libro, el terrorismo internacional no sólo había causado una profunda herida a ese país, sino que también causó un gran daño al turismo mundial, pues los viajeros se sintieron, de pronto, inseguros en cualquier parte del mundo.

El temor a viajar se reflejó de inmediato en una fuerte caída en el flujo del turismo en el ámbito mundial, pues en el contexto mundial sólo en 1982 se había producido una caída tan notoria del turismo desde 1982. En adición, se estaban produciendo aumentos significativos en la factura petrolera del país.

“Por factores externos, fuera del control de las autoridades, los ingresos de turismo, en lugar de seguir creciendo al 12% anual como lo venían haciendo en los últimos años, de pronto comenzaron a reducirse, precisamente en el momento que más los necesitábamos para poder hacer frente al aumento de la factura petrolera”.

Esta situación produjo una desaceleración de las actividades económicas muy marcada, siendo el crecimiento negativo posteriormente e implicando pérdida de las reservas internacionales.

Para disminuir los efectos de esta situación negativa, explica el economista, la Fundación Economía y Desarrollo, así como el economista Lois Malkún, influyeron al último trimestre del 2001 en la decisión del Presidente de recurrir a los mercados internacionales para lo cual se hicieron las diligencias que conllevaron a la contratación de los primeros US$500 millones de Bonos Soberanos.

Esto fue lo que permitió que en el año 2001 y en el 2002 la economía exhibió tal crecimiento, aunque “debido a las condiciones internacionales, en el 2001 y posiblemente el 2002, la economía dominicana no debió haber crecido”.

Sostiene el autor que tras la secuela dejada por el tercer choque externo, surgieron factores que desestabilizaron la economía con la pérdida de dinamismo del turismo y de las zonas francas, así como con los signos de debilidad generalizada en toda la economía, a lo cual se añadió una difícil situación en el sistema financiero, en la que tres bancos, incluyendo Baninter, comenzaron a mostrar gran debilidad, auspiciado todo “por las crecientes dudas sobre la estabilidad de la moneda nacional”.

Esto se evidenció en el canje de depósitos en pesos a dólares en que incurrieron muchos depositantes del país.