“Amada de la noche” entre suspenso y humor

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Asistimos al teatro The Alley de Downtown Center, a ver la obra “Amada de la Noche” del dramaturgo venezolano, Gustavo Ott, dirigida por Ramón Santana.
Nuestro primer encuentro con el teatro de Ott fue en el 2009 cuando se presentó en Bellas Arte su obra, “Divorciadas, evangélicas y vegetarianas”, luego en el 2012 en la Sala Ravelo, disfrutamos de “Tu ternura Molotov”. En ambas apreciamos un teatro metafórico, actual, en el que drama existencial vinculado a lo social es una constante, como lo es el humor fino e ingenioso. Salvando las distancias, estas características las encontramos en su obra “Amada de la Noche”, pero son el humor negro en esta comedia dramática y el suspenso, producido por una estructura dramática muy tensa, los elementos vitales, y la denuncia social sin llegar a las aberraciones, es la impronta.
Originalmente “Amada de la noche” es conocida como “Pavlov” o Dos minutos antes del Crímen, título dado por Ott, que toma el apellido del famoso psicólogo y fisiólogo ruso, Iván Petróvich Pavlov y su tesis sobre el llamado “Reflejo Condicionado” –estímulo, respuesta- como basamento de su obra, sin que por esto se convierta propiamente en un drama psicológico, acercándola más bien, al género policial negro.
El argumento narra la historia de “Amada de la Noche” la conductora de un “Radio talk show” –elemento condicionante- quien es asesinada, y todos los personajes de la obra –asiduos oyentes- son sospechosos, como consecuencia de una reacción inducida; la obra inicia con una escena impactante, premonitoria, los personajes dos minutos antes del crímen, colocados justo detrás de Amada, declaran unidos todos a una, “necesito matarte”… se abre la incógnita, Las luces enfatizan el momento, elemento esencial que gravitará durante todo el desarrollo de la obra.
A partir de este introito la narrativa de Ott nos sumerge en los mundos de sus personajes. Consumado el asesinato, la escena nos remite a la estación de policía donde se ventila el asesinato. Paco es el investigador policial, y allí acude el principal sospechoso, Mauricio, un joven creyente un tanto contestatario. Daniel Sarcos, a quien por primera vez vemos en escena, asume el papel del investigador de manera un tanto hiperbólica, su voz amplificada con micrófono, nos remite sin duda a su función de presentador de televisión. El joven Lowensky Natera, resultó una revelación, su caracterización del controversial personaje de Mauricio, nos pareció muy buena, definitivamente posee condiciones, talento, que deberá desarrollar.
Un personaje aparentemente discreto e inseguro es “Pili”, la secretaria, pero en su supuesta discreción e inseguridad está el detalle, Elizabeth Sinaí –otra revelación- logra trascender este personaje encantador, siendo sus silencios y dudas más elocuentes que sus palabras.
En otra faceta más íntima, “Mauricio”, en su hogar junto a su madre –Santa-, Lowensky Natera, reafirma su indudable capacidad actoral, siendo un reto para el joven actor, interactuar con una actriz de la categoría de Olga Bucarelli, quien con gracia hace de esta madre un tanto castigadora, un personaje singular. Un segundo sospechoso llega a la comisaría, es Eduardo, quien se cree clarividente y realiza programas de participación. Oscar Carrasquillo logra una buena actuación.
El personaje eje de la trama “Amada” es una figura de nuestro tiempo, una especie de pitonisa, astróloga, que ha alcanzado gran poder sobre sus incautos seguidores, pero bien podría tratarse de un fanático religioso, un iluminado o un político de los tantos que abundan en nuestra fauna. Escrita hace más de treinta años, -cuando aun no llegaban las “redes sociales”-, la obra cobra vigencia en el tiempo, todo se ha multiplicado, es como si Gustavo Ott se adhiriera al postulado de Einstein cuando decía que “Solo la estupidez humana, es infinita”.
Amada se nutre del infortunio de sus oyentes, puede convencer, aparentemente aliviar angustias, pero al mismo tiempo, es capaz en algunos casos de desatar los demonios; los personajes protegidos en el anonimato de una llamada, en la oscuridad de la noche, van mostrando más de un móvil para cometer el crimen. La actriz María Angélica Ureña, ataviada de un fantasioso vestuario, recrea la artificialidad del personaje con gran acierto, con una gestualidad apropiada, articulada en su punto exacto.
Los personajes tortuosos, se desdoblan, el inquisidor Paco, desde su hogar, muestra a través de una llamada, su verdadera personalidad y preferencia. Daniel Sarcos logra una actuación orgánica apreciable. La tímida “Pili” se convierte en una seductora damisela de gestos provocativos, y cubierta de una bata deja al descubierto su hermosa figura; Elizabeth Sinaí es perfecta para asumir esta faceta de su personaje.
Olga Bucarelli, no se desdobla, simplemente asume otro personaje –Consuelo-, de la madre un tanto abandonada, se convierte en una elegante y coqueta dama, dando rienda suelta a un histrionismo desbordante.
El amplio escenario es racionalmente utilizado, las escenografías, diseños de Marcos Malespín Estévez, se adecúan a la propuesta, algunas cambiantes de manera simple, con el solo cambio de colores, recrean diferentes estancias. Las luces juegan un papel importante en el devenir de la obra, buen trabajo de Franges Eventos. Otro elemento a destacar es la música escogida por Jhoel Aneudy Jawell, sugerente en la creación de climas.
La narrativa escénica, a un ritmo “in crescendo” va cónsona al suspenso argumental; tras las candilejas hay una mano oculta que lo envuelve todo, determinante en el éxito de esta puesta en escena, es la del director Ramón Santana. Finalmente, ¿Quién mató a la “Amada de la noche”? el público tendrá la respuesta. Asista y disfrute de esta interesante obra, y saque usted sus propias conclusiones.