Amaina violencia barrio

PUERTO PRINCIPE, Haití (AP).– Mientras sus dos vehículos blindados blancos se internaban en el barrio de tugurios más grande de Haití, los soldados brasileños de las Naciones Unidas atisbaban sobre sus fusiles temerosos de francotiradores enemigos en callejuelas pintarrajeadas con la leyenda “Abajo la ONU”.

Pero los grafitos parecían contrastar con las sonrisas y saludos que les tributaban mujeres y niños escuálidos que recogían agua en recipientes de plástico.

Hace dos meses, las fuerzas de pacificación de la ONU no podían poner el pie en Cite Soleil sin tirotearse con pandillas armadas que controlaban ese enorme barrio misérrimo en las afueras de la capital haitiana. “Nos solían disparar todo el tiempo”, dijo el teniente José Serrano a un reportero de la AP que acompañó a su patrulla.

Ahora su unidad ha pasado más de 60 días sin recibir disparos y Cite Soleil disfruta de su período de mayor tranquilidad desde que un golpe en el 2004 derrocó al presidente Jean-Bertrand Aristide y condujo al emplazamiento de 9.000 soldados de las Naciones Unidas.

El motivo del sosiego, dice de la ONU, ha sido su ofensiva de febrero y el arresto de 400 supuestos pandilleros, incluidos varios jefes buscados por una serie de asesinatos y secuestros en Puerto Príncipe.

Las pandillas, al menos por ahora, están inactivas en Cite Soleil. Una bandera celeste de la ONU flamea desde una escuela acribillada a balazos y convertida en base militar. Unos pocos días después que la patrulla de Serrano pasó por el lugar, el enviado especial de la ONU Edmond Mulet hizo su segunda visita al barrio y cubrió de pintura un mural donde los pandilleros habían pintado un fusil Kalashnikov, ganándose la aprobación del público.

Cuando Serrano llegó por primera vez a Haití en diciembre, los pistoleros solían disparar contra los neumáticos de su vehículo blindado. Ningún residente se atrevía a hablar con los soldados por temor a ser catalogado de informantes.

“Ahora quieren vernos. Es mejor para ellos y mejor para nosotros”, dijo.

Alfred Jean-Daniel, un desempleado de 24 años de edad que vive en una choza de chapas metálicas de descarte, dijo que “si las pandillas regresan sólo nos traerán problemas, y no necesitamos tener más problemas”.

Pero los soldados de la ONU no bajan la guardia. Se oye una orden en una radio y los vehículos blindados frenan de golpe. Los soldados descienden en una callejuela polvorienta y tórrida y revisan casa por casa en busca de pistoleros. Todo lo que encuentran son gestos de sorpresa de la gente.

El problema de los soldados es distinguir los pandilleros de los jóvenes desempleados que vagabundean en las esquinas. “Los bandidos están aquí todavía”, dijo Serrano. “No se han ido todos. Dificulta nuestro trabajo porque no sabemos quién es bandido y quién no”.

Es la misma dificultad que encuentran los soldados estadounidenses en Irak. Otro paralelismo con Irak radica en la probabilidad de que, si los soldados de la ONU se van demasiado pronto, el enemigo puede volver a tomar control de la situación.

“Las experiencias anteriores han demostrado que si nos vamos demasiado pronto tendremos que regresar”, dijo Mulet durante su visita. “Nos quedaremos aquí hasta que todo esté en su lugar”.

El mandato de la ONU en Haití expira en octubre, pero se descuenta que el Consejo de Seguridad lo renovará. Unos 9.000 soldados y policías de más de una docena de países _mayormente de Brasil, Chile, Bolivia, Guatemala, Jordania y Sri Lanka_ sirven en la misión. Quince han muerto en Haití, varios de ellos en choques con las pandillas.

Mantener la paz dependerá a largo plazo de la celeridad con que las donaciones del extranjero y el gobierno haitiano puedan aliviar la pobreza. Es tan severa en Haití que las madres alimentan a sus infantes desnutridos con “galletitas” de lodo secado al sol para mitigar su hambre.

Durante la visita de Mulet los soldados distribuyeron alimentos mientras uno de ellos, con un disfraz de cocodrilo, entretenía a los niños.

“Este es un momento decisivo en la historia de Haití”, dijo a la AP el diplomático guatemalteco. “Esto es sólo el comienzo, librarnos de los jefes de las pandillas. También está la cuestión del desarrollo y asistencia a la población”.

El Dr. Jackie Saint-Fleur, director médico del único hospital en funcionamiento en Cite Soleil, ha visto una reducción notable en el número de heridos de bala desde la ofensiva de la ONU. Pero se pregunta cuánto durará la paz.

“La situación está tranquila ahora, pero quién sabe si cambiará en uno o dos meses”, se preguntó.

“El origen de la violencia en Cite Soleil es la pobreza”, agregó Saint-Fleur. “Para que termine la violencia en Cite Soleil hay que mantener al pueblo”.