Amazonia puede convertirse en inmensa sabana

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Por Mario Osava *
RÍO DE JANEIRO (IPS/IFEJ).- Una Amazonia cada vez menos exuberante, de selvas sustituidas por sabanas, es la imagen diseñada por los últimos informes científicos en los que ganan protagonismo los meteorólogos, agravando las peores advertencias de los ecologistas.

De mantenerse la tendencia actual, la deforestación, que en los últimos 30 años llegó a casi 600 mil kilómetros cuadrados sólo en la Amazonia brasileña –un área equivalente a Alemania e Italia sumadas–, habrá destruido más de 30 por ciento de los bosques amazónicos en 2050, señala el nuevo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático  (IPCC, por sus siglas en inglés).

Ese proceso puede “convertir en sabanas” (praderas cubiertas de pastos) hasta 60 por ciento de la Amazonia en este siglo, según un estudio realizado en 2003 por Carlos Nobre y Marcos Oyama, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE).

El recalentamiento planetario “ampliará mucho” tales efectos, señala el IPCC en el segundo volumen de su informe 2007, titulado “Impactos, Adaptación y Vulnerabilidad” y publicado el viernes 7 en Bruselas.

El informe del IPCC, del cual Nobre es uno de sus autores, enfatiza en la urgencia de contener la deforestación amazónica, responsable de 75 por ciento de las emisiones brasileñas de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático.

“Brasil sólo puede ganar con eso”, porque protegería una enorme riqueza futura y lideraría las discusiones sobre cambio climático, dijo en una entrevista Antonio Ocimar Manzi, gerente ejecutivo del Experimento de Gran Escala de la Biosfera-Atmósfera en la Amazonia, programa de estudios que involucra a científicos brasileños y extranjeros.

La temperatura amazónica podría subir en promedio ocho grados hacia el final del siglo si se mantienen los factores que recalientan la Tierra, destacó el meteorólogo José Antonio Marengo, en un informe presentado al Ministerio de Ambiente a fines de febrero.

En algunas áreas, la temperatura puede aumentar hasta 12 grados, observó Philip Fearnside, ecólogo estadounidense y estudioso amazónico desde hace tres décadas en el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (INPA). Pero eso ocurrirá si no se hace nada para contener la deforestación ni los cambios climáticos globales, agregó.

Las temperaturas más elevadas hacen que los árboles consuman más agua para ejecutar la fotosíntesis, por eso afectan los bosques. Pero la gran amenaza del cambio climático es la de generar un fenómeno permanente de El Niño (el calentamiento periódico de las aguas del océano Pacífico), que se manifiesta en más calor y largos periodos de lluvias escasas al norte del río Amazonas, dijo Fearnside, otro de los autores del informe del IPCC.

Eso ocurrió en 1997-1998, cuando la sequía provocó incendios devastadores en el septentrional estado de Roraima. Y en 2006, un moderado Niño redujo mucho las lluvias a lo largo del río Negro, gran afluente del Amazonas.

El recalentamiento global actual, ligero en relación al que se espera, se ha visto acompañado de un aumento de la frecuencia de El Niño desde 1976.

El Niño será “más frecuente y más intenso” si la humanidad no actúa para contener el efecto invernadero, sostuvo Fearnside en una entrevista para este artículo.

Al sur del río Amazonas también hay sequías, al calentarse las aguas atlánticas. En 2005 hubo incendios incontrolables en el occidental estado de Acre, que desarrolla una reconocida política de conservación forestal. Los incendios son el gran factor de la conversión de las selvas en sabanas.

Una voz aislada, la del respetado geógrafo brasileño Aziz Ab’Saber, de 83 años, se levantó contra tales pronósticos, previendo al contrario una mayor densidad de los bosques amazónicos y de otros biomas de este país con el recalentamiento global.

* Este artículo es parte de una serie sobre desarrollo sustentable producida en conjunto por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de Periodistas Ambientales).

El calor aumentará la evaporación en el Atlántico, y la humedad llegará al continente, incrementando las lluvias, razonó en varias entrevistas concedidas después de publicado en febrero el primer volumen del informe del IPCC.

Ab’Saber recuerda que hace seis mil años el planeta vivió un “optimum climático”, con un recalentamiento que elevó el nivel de los océanos después de la era glacial y provocó más lluvias y la “retropicalización” de Brasil. Las corrientes calientes del Atlántico se mantendrán y no fueron consideradas por el IPCC, criticó Ab’Saber.

Los demás investigadores evitan la polémica, pero recuerdan que los actuales estudios se basan en complejos modelos matemáticos que consideran todas las variables, como experiencias pasadas y corrientes marítimas.

“Los resultados son consistentes” y quizás evalúan mejor el “ciclo del agua”, de conocimiento más reciente y poco considerado por Ab’Saber, dijo Gilvan Sampaio, investigador del INPE.

Casi la mitad de las lluvias amazónicas son producto de la reevaporación a través de los bosques. La deforestación reducirá la humedad, y también el centro-sur de Brasil y partes de Argentina, Bolivia y Paraguay sufrirán los efectos, añadió Sampaio en una entrevista.

Pero la cuestión de las lluvias en la Amazonia aún presenta “incertidumbres”, matizó Manzi. La mayoría de las evaluaciones también indican más lluvias en el occidente amazónico, cerca de los Andes, y por tanto bosques más densos.

No se puede descartar efectos menos trágicos que los anunciados, pero dependen de que se adopten medidas, como reducir rápidamente la deforestación amazónica, agregó.

Desde los años 70 se intensifican los fenómenos extremos, como la sequía de 2005 en el sudoeste amazónico.

Fearnside destacó la sinergia entre sequías provocadas por El Niño y el calentamiento de las aguas atlánticas, la tala por el avance agrícola y maderero y los incendios provocados por actividades humanas, secas y calor, que queman sobre todo los árboles mayores, vitales para mantener el microclima forestal. Todo contribuye a la deforestación.

* Este artículo es parte de una serie sobre desarrollo sustentable producida en conjunto por IPS (Inter Press Service) e IFEJ (siglas en inglés de Federación Internacional de Periodistas Ambientales).

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Ballenas en juegos de amor
Por Diógenes Pina*

República Dominicana protege desde 1986 dos zonas de apareamiento y cría de las ballenas jorobadas, visitadas en los últimos años por decenas de miles de turistas.

SAMANÁ, República Dominicana, (Tierramérica)  En una suerte de danza marina, acompasados y en paralelo, una ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) y su hijo suben a la superficie de la costa atlántica dominicana, mostrando apenas una aleta dorsal y los orificios nasales de sus descomunales cuerpos. 

En 10 minutos los cetáceos repiten esos movimientos cuatro veces, manteniendo absortos a los 67 pasajeros del barco Victoria II, que fueron a observarlos al Santuario de Mamíferos Marinos de Samaná, 250 kilómetros al noroeste de la capital dominicana. Luego desaparecen en esa área de 500 kilómetros cuadrados.

Bamboleándose, la embarcación de unos 18 metros de largo por ocho de ancho gira para que sus pasajeros sigan el espectáculo, persiguiendo a los mamíferos que pasan desde enero a inicios de abril en estas cálidas aguas para aparearse y parir, antes de regresar al Norte. Este año, 40 mil turistas llegaron a observarlas a República Dominicana.

Se calcula que unas dos mil ballenas llegan a las costas caribeñas cada año para desarrollar sus juegos de amor en estas aguas, tras viajar miles de kilómetros desde los gélidos mares de Islandia, Nueva Escocia, Suecia, Groenlandia y la costa este de Estados Unidos.

La travesía de unas cinco horas en el Victoria II apenas permite observar a la madre y su cría, además de otra ballena que asoma de improviso y deja ver su cola en la superficie por algo menos de un minuto. La escena provoca aplausos y suspiros. Cuando el mamífero se sumerge y desaparece, el público se desconsuela.

“Ayer las ballenas estuvieron muy animadas. El mar estaba picado, y cuando el día está así ellas se animan, salen y juegan”, dice a Tierramérica Pedro, tripulante del Victoria desde hace cinco años, quien intenta responder a la aflicción de los pasajeros.

Además de la Bahía de Samaná, en República Dominicana hay otro santuario de mamíferos marinos: el Banco de la Plata, situado 140 kilómetros al norte de la costa septentrional de Puerto Plata.

Ambos recibieron la protección del gobierno en 1986, por la gran cantidad de cetáceos que los visitan. En esos santuarios sólo se permite la pesca artesanal y está vedado el pasaje de buques mercantes y petroleros. La explotación turística comenzó en 1994, y en 1998 las autoridades establecieron normas para visitantes y embarcaciones.

* Colaborador de IPS.

“Esta zona favorece a las ballenas jorobadas. Las aguas cálidas y bajitas de la Bahía y del Banco de la Plata son propicias y seguras para su apareamiento y observación”, dice a Tierramérica Patricia Lamelas, del Centro de Estudios y Conservación de la Bahía de Samaná y su Entorno.

Kim Beddall es canadiense y llegó a Samaná hace 24 años para trabajar como instructora de buceo. Ahora opera el Victoria II, uno de los 43 barcos autorizados a surcar las aguas para observar cetáceos.

“Antes que dedicarnos a cazar ballenas, promovemos su observación con responsabilidad”, dice a Tierramérica.

El Caribe no surte de alimentos a los cetáceos, que se alimentan de krill –un pequeño crustáceo similar al camarón, abundante en aguas frías–, arenques y peces diminutos. Durante los 90 días en zonas caribeñas, las ballenas adultas sobreviven con las reservas alimenticias ingeridas en el Atlántico Norte.

Las ballenas jorobadas son una especie en extinción, desde 1955 protegida de la caza comercial por la Comisión Ballenera Internacional. Unas 10 mil viven en el Atlántico Norte. En las costas dominicanas siempre fueron protegidas, mientras en otras regiones se las cazaba con fines comerciales en los siglos XIX y XX.

En los primeros días de abril, los cetáceos se marchan, pero en enero de 2008 regresarán con sus danzas de amor.

* Colaborador de IPS.

CUESTIÓN MALVINAS: Soberanía, diálogo y diplomacia
Por Jorge E. Taiana *

En 2007 se cumple un nuevo aniversario del Conflicto del Atlántico Sur, uno de los peores momentos de la larga historia de la disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

La dictadura militar que gobernaba la Argentina en 1982 actuó a espaldas del pueblo argentino, apartándose del tradicional reclamo pacífico sobre las islas. Se trató de una decisión equivocada porque el pueblo argentino siempre supo que el ejercicio pleno de la soberanía sobre las islas sólo puede ser recuperado por el diálogo pacífico y diplomático; equivocada porque se malversó la confianza de los combatientes al ponerlos al servicio de un subterfugio ideado para sobrevivir a la coyuntura política que le era adversa al gobierno de facto de entonces.

La Argentina conmemora este aniversario con profundo respeto por quienes dieron sus vidas y sus esfuerzos en esa parte entrañable de su territorio. Por su parte, el Reino Unido ha anunciado públicamente un programa de eventos que revisten un carácter celebratorio y militarista. La Argentina no puede compartir ese espíritu.

Transcurridos 25 años, no debemos perder de vista que la causa del conflicto de 1982 lo precedió en mucho tiempo y continúa plenamente vigente a 174 años de la usurpación británica de las islas: la recuperación del ejercicio pleno de nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme a los principios del derecho internacional, que constituye un objetivo permanente e irrenunciable de la República Argentina consagrado en su Constitución Nacional.

Las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur son parte integrante del territorio argentino desde el momento de la independencia argentina, por formar parte del territorio heredado de España. Hasta 1833, el Gobierno argentino ejerció en forma efectiva el gobierno de las islas mediante autoridades por él designadas y con sede en ellas. No obstante, el Reino Unido usurpó las islas y expulsó a las autoridades y pobladores argentinos, los que fueron sustituidos por una administración colonial y una población de origen británico, que se mantienen hasta el presente. Perpetrado el despojo de 1833, la Argentina inició inmediatamente lo que devendría un permanente reclamo por la restitución de las islas, que no dejó de incluir propuestas de solucionar la controversia por diversos medios pacíficos.

La justicia de nuestro reclamo fue reconocida en 1965 por la Asamblea General de las Naciones Unidas que adoptó la Resolución 2065 (XX) y reconoció la existencia de la disputa de soberanía sobre los archipiélagos australes a la que denomina “Cuestión de las Islas Malvinas”, la define como una forma de “colonialismo” e impone a las únicas dos partes en la disputa la obligación de negociar, a la mayor brevedad, para encontrar una solución pacífica, justa y duradera a la controversia, teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las Islas. Todas las resoluciones posteriores de la Asamblea General y del Comité Especial de Descolonización reiteran, hasta nuestros días, la vigencia de dicho mandato.

El Conflicto del Atlántico Sur no alteró, de este modo, la vigencia ni la naturaleza de la disputa y así lo reconoció la Resolución 37/9 del 4 de noviembre de 1982 de la Asamblea General, a menos de cinco meses de finalizado el conflicto, y resoluciones posteriores. Al igual que antes de 1982, la comunidad internacional continuó reconociéndolo desde entonces, a través de reiterados pronunciamientos, año tras año, de la Asamblea General y del Comité Especial de Descolonización.

Reanudadas las relaciones diplomáticas en 1990, ambos países acordaron varios entendimientos provisorios de cooperación, bajo fórmula de salvaguardia de soberanía, sobre aspectos prácticos en el Atlántico Sur con miras a generar el marco propicio para reanudar las negociaciones de soberanía para solucionar la disputa. Sin embargo, el Reino Unido continúa ejecutando ilegítimos actos unilaterales, bajo reiterada protesta argentina, contrarios no sólo a la cooperación convenida sino al mandato de la comunidad internacional, alejando a las partes de la mesa de diálogo.

A 25 años del conflicto, el Reino Unido persiste así en su renuencia a reanudar las negociaciones a fin de solucionar la disputa, contradiciendo los reiterados llamamientos no sólo de las Naciones Unidas sino también los de la Organización de Estados Americanos y otros foros como las Cumbres Iberoamericanos, Reuniones de Presidentes de América del Sur, Cumbres de Jefes de Estado de la Comunidad Sudamericana de Naciones, Grupo de Río, MERCOSUR, ALADI y Cumbre de los Países Sudamericanos y Países  Árabes.

En la permanente búsqueda de una solución a la controversia es que la Nación argentina mantendrá inclaudicablemente su reclamo con firmeza y de modo pacífico, haciendo presente en todos los foros internacionales la plena vigencia de la disputa de soberanía y la urgente necesidad de dar cumplimiento a la obligación que pesa igualmente sobre ambas partes de encontrarle una solución mediante la reanudación de las negociaciones bilaterales sobre la cuestión de fondo. A tal fin, resulta de la mayor importancia continuar contando con el apoyo decidido y activo de

nuestra región. Por ello, la Argentina agradece y valora el incondicional apoyo de la República Dominicana, cuya renovada solidaridad de país hermano contribuirá a poner fin a esta anacrónica disputa colonial.

* El autor es Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la República Argentina