Ambición de poder

Faltan dos años y algo para la celebración de nuevas elecciones presidenciales, congresuales y municipales, pero desde ya los dominicanos empezamos a ser bombardeados con una fuerte campaña política.

En las entradas principales de las ciudades y en sus centros se están colocando las imágenes de una gran cantidad de aspirantes al poder.

Es una demostración clara de cuánto se ama estar arriba y, sobre todo, de con cuántos recursos se dispone, pues uno sabe que no es nada fácil estar sosteniendo por tanto tiempo el costo de lo que esto implica.

Pero son los mismos rostros de siempre.

Esto no sólo da la impresión de una especie de megalomanía, sino de una condición avasallante que no quieren darle oportunidad ni espacio a nadie más.

El nuevo Presidente de la República no va siquiera por la mitad de su mandato, pero gran parte de sus funcionarios y gente de su propio partido dedicará ahora gran parte de su tiempo al proselitismo, a las críticas de contrincantes-entre ellos mismos- y a esbozar ante el pueblo discursos interminables sobre valoraciones de aspirantes.

Lo que se empieza acuñar fuertemente es la idea de quién será la figura que sustituirá en el 2016 al Presidente que ahora tenemos.

Esta es la de nunca acabar.

Obligatoriamente que uno tiene que preguntarse, ¿cuál es el espacio que definitivamente los políticos del país dejan libre para ser dedicado al trabajo, a la creatividad y a fomentar lo que realmente nos ayuda al desarrollo, al crecimiento y al fortalecimiento como nación?

Con unas elecciones ahora generalizadas, todo apunta a que la batalla será bien fuerte, lo que no dejará mucho tiempo disponible para que se luche por la solución de los problemas y para que se piense sobre alternativas.