Ambulancias de Luis El Gallo

UBI RIVAS
El dirigente político Luis Acosta Moreta, a quienes todos conocemos mejor como Luis El Gallo, por aquel gallo heroico que confeccionó y colocó frente a la residencia de Máximo Gómez 25, donde se aposentó el poder absoluto por 22 años, es uno de nuestros políticos más trabajadores, aportadores y auténticos.

Dirigiendo hoy la Oficina de Desarrollo de la Comunidad (ODC), una institución que le viene a Luis como anillo al dedo por su capacidad gerencial para aportar a las comunidades, como lo ha hecho mutuo propio siempre, ha incluido en su repertorio amplio de iniciativas la incorporación de seis unidades de ambulancias con asistencia lo más rápido posible gratis a quienes la requieren llamando al teléfono 533-3131 extensión 262.

Es uno de los aportes mayúsculos que político alguno ha podido aportar a su sociedad, habida cuenta de que en el país no hay ambulancias para las comunidades, tampoco para la capital, que no sean las privadas, que operan a un costo prohibido para los 4.8 millones de dominicanos que son pobres y los 1.6 millones que subyacen en la extrema pobreza.

De manera que a las sábanas, frazadas, mosquiteros, desinfectar áreas de mosquitos y sabandijas, con flit y Tres Pasitos, Luis El Gallo ejecuta un programa en el cual se adelanta inclusive a los gobernantes que no han dispuesto dotar a la capital ni a las comunidades de unidades idóneas para transportar personas en situación de emergencia sea por accidentes automovilísticos, heridas de armas blancas y otros colores, shock cardíacos y otras menudencias en que la salud humana es menester restaurarla porque ha fallado, como acontece a diario millares de veces.

Aunque por esta ocasión, Luis El Gallo que, además de superaportador es superinteligente, ha endosado al presidente Leonel Fernández el palmarés de la iniciativa felíz que es el tema central de esta entrega a HOY.

Es un quizás guiño inteligente que Luis envía a las altas instancias del poder para iniciar la asignación de ambulancias a todas las comunidades del país, sin que se quede ninguna, y que probablemente ha secundado a tiempo el titular de la SESPAS, doctor Sandino Báez, al anunciar la distribución de 400 unidades de ambulancias para los hospitales del Estado incluido los del IDSS.

Porque hasta ahora, en barriadas suburbanas y no tanto, y en todas las comunidades, pueblos, inclusive capitales provincianas, los sin recursos que requieren una rápida transportación para solucionar un problema de salud, es menester transportarlos en la cama de una camioneta poniéndole un colchón encima para amortiguar los atropellos en los saltos de las vías sin la pavimentación requerida. ¿O no es así?

Es decir, que presenciamos la traumática dicotomía de una sociedad que se gasta el lujo de disponer de más yipetas proporcionalmente a su población que el más rico de los países, y más individuos con residencias fastuosas en Roma (La Romana es para los pobres), Cap Cana o Miami en la exclusiva avenida Brikley, mientras la mayoría de sus ciudadanos no dispone de un medio de transporte idóneo para enfrentar un imperativo de salud.

Luis El Gallo ha dado una certera clarinada con el aporte de las seis primeras ambulancias para uso de la gente pobre, su gente, e inclusive ordenó la impresión de una hoja suelta para distribuirla en las barriadas, para que como afirman los alguaciles en sus actos, “no se alegue ignorancia”.