América Olivo en sus obras recientes nos presenta “Skin Deep”

América Olivo expone en un novedoso espacio cultural situado en Novocentro, dirigido por la arquitecta y gestora de proyectos Amelia Calventi, joven con mucho criterio y conocimiento sobre las artes plásticas y visuales, quien desde pequeña estuvo disfrutando del arte y la cultura, lo que le ha permitido desarrollar el “buen ojo” y por supuesto, buen gusto para los proyectos culturales que desarrolla.

“Skin Deep”se expondrá hasta el 30 de noviembre, en el primer nivel de Novocentro, en un horario de 11:00 de la mañana hasta las 7:00 de la noche. Nos atrevemos a augurar que este espacio será cita de lo más actual del arte dominicano. Actualmente se exhibe una exposición de telas, dibujos e instalaciones de la artista América Olivo, que nos presenta una exposición individual de mucha coherencia, muy serena y bien lograda entre los tres soportes antes mencionados. Esta artista, oriunda de La Romana, parece haber investigado por un tiempo su concepto artístico y lo ha llevado en buen camino de ejecución plástica y visual. Estamos frente a una idea cuyo discurso es difícilmente palpable de buenas a primeras.

Podríamos tener un primer roce partiendo de la piel como paisaje externo y abierto del ser humano, una geografía orgánica de nuestra epidermis en sus manifestaciones orgánicas externas e internas. El círculo, como célula o molécula aparece en las telas y en los dibujos, en un concierto cósmico que se mantiene en estado de levitación durante un eclipse de vida. Los colores son tiernos y alegres, en sus armonías de rosa, verde gris y azul. Estas obras abiertas al círculo toman una dimensión particular en el mayor formato rectangular que marca la colección como si en ella se concentrara toda la poética del conjunto. Esta es una tela en el sentido literal y plástico, porque la artista trabaja la materia tela que puede ser recuperada de lo que fue una sábana y reciclarla hasta convertirla en obra de arte.

América Olivo tiene experiencia en el tratamiento del tejido crudo, sea algodón o lino, sabe recoger el mínimo pliegue, corte, trazo o retal para sacarle la mayor expresión estética. Esta artista lleva varios años trabajando con las telas y parece dominar toda su plasticidad. En este gran formato estamos frente a un paisaje en gran pantalla, confundidos y conmovidos por un conjunto de trazos alegres, color fucsia que convive con el amarillo, el violeta y el gris, suscitando en la tela una energía que evidencia “la vida”.

En otra pintura, nos presenta el enlace del trazo rojizo, marcando la presencia del cuerpo humano en movimiento de danza y rodeado de moléculas que llevan el compás.

Las pinturas y los dibujos de América Olivo responden a un lenguaje muy personal, de referente abstraccionista donde el círculo-molécula puede, hasta cierto punto, recordarnos algunas etapas del constructivismo lírico. Es difícil y siempre atrevido señalar en el arte actual guiños de la memoria, pero se puede entender si aceptamos que el arte es un discurso abierto e inacabado.

En esta exposición individual hemos encontrado en las instalaciones, sobre todo en la pieza “Body”, la geografía interna de la piel con todas las sugestiones visuales y viscerales, aquí también, lo comentamos en el sentido literal. La artista sabe partir de la topología del organismo para resaltar en la tela los espesores de la materia anatómica y hacerla cuerpo dentro de un retal de corte de cuerpo humano en el que los musgos de las paredes viscerales crean los efectos de volumen en una fusión de tejido matélico de algodón, tejido anatómico y orgánico. Pero sucede que la comunión de lo trivial y de lo sublime hacen arte, y América Olivo ejecutó en esta pieza lo más íntimo de su búsqueda que desde los señalamientos de la ciencia el cuerpo humano toma movimiento y vida de adentro hacia afuera, de lo invisible hacia lo visible, de lo desconocido hacia lo conocido. Frente a esta instalación, ella nos revela el cuerpo en un corte interno, donde presenciamos una plasticidad que metafóricamente nos lleva hacia una sonografía de nosotros mismos, quizás a una introspección de nuestro “yo desconocido”.

Más allá de las interpretaciones de la metáfora y del simbolismo, la ejecución técnica de América Olivo evidencia su talento y su oficio. Esta artista egresada de la Escuela de Diseño de Altos de Chavón, La Romana, lleva unos 15 años produciendo su obra y con actitud abierta y comunicativa con las exigencias del actual mercado de arte dominicano. Ha participado en varias colectivas y lleva su carrera desde La Romana, donde puede contar con jóvenes coleccionistas interesados en su obra, y en el presente nos parece muy oportuno que desde la capital –gracias a la galerista Amelia Calventi- nos muestre su última producción en la que observamos una trayectoria que manifiesta coherencia y madurez.

Hace unos años, América Olivo “nos tocó” con su muestra individual en el Centro Cultural de España que tituló “Lo perenne y lo transitorio”. Esto ocurre cuando ella regresa a República Dominicana, después de una estadía de especialización en Boston, Mass. Estados Unidos, donde amplió su formación académica recibida en la Escuela de Diseño de Altos de Chavón. Captamos en esta artista la búsqueda de una luz íntima y simbólica, para darle a la tela un espacio preciso de vida geológica, botánica y natural. Porque ella utiliza los símbolos geográficos de nuestro planeta. Proyecta su línea en momentos cósmicos, logrando juntar la luna y el sol en un beso de duelo. Definitivamente, estamos ante una obra muy simbólica envuelta en la metáfora de las libertades de lecturas e interpretaciones que ofrece el mensaje evocativo. Las investigaciones de América Olivo, la sutileza de su obra, la metáfora cromática y todos sus recursos y técnicas, nos propone volver al principio de todos nuestros sueños…