Amígdalas y salud oral

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Las amígdalas están ubicadas detrás de la garganta. Son dos, una a cada lado, y forman parte del sistema linfático del ser humano, por tanto ayudan en la prevención de las enfermedades, ya que impiden el paso al organismo de gérmenes patógenos que se encuentran en la boca.
En la cavidad oral conviven regularmente una infinidad de microorganismos, patógenos y no patógenos; sencillamente es la puerta de entrada al resto del cuerpo humano. Funciones tan simples y comunes como alimentarse, hablar, besar… implican en ocasiones la variación de esa flora microbiana.
Las amígdalas tienen una ubicación privilegiada que las hace ser la primera línea de defensa con que cuenta el cuerpo, ellas evitan que un gran número de organismos patógenos pasen al interior del cuerpo humano y se desencadene un proceso infeccioso.

Amigdalitis es la inflamación de las amígdalas, ya sea por causa viral, bacteriana o por fuertes y repentinos cambios de temperatura. Es muy común en la población, tanto en niños como en adultos.

Las enfermedades orales más comunes, que son la caries y la enfermedad periodontal, aumentan la cantidad de bacterias en la boca, por lo tanto, la presencia de estas incrementa el riesgo de padecer amigdalitis.

Ese proceso infeccioso se caracteriza por dolor localizado en el área de la garganta, dificultad para tragar, cambio del sabor de los alimentos, mal aliento, fiebre y malestar general.
Las amígdalas se tornan rojas y cubiertas por una placa blanquecina.

La amigdalitis como tal no es una enfermedad infecto-contagiosa, sin embargo, los virus y bacterias que la originan sí lo son, por lo tanto deben tomarse medidas preventivas para evitar que todo el círculo de personas que comparten con el enfermo terminen con amigdalitis.
Hay medidas sencillas que son altamente efectivas. Separar los cubiertos del enfermo y evitar que su cepillo dental esté en contacto con el resto de los cepillos de la familia, son algunas de las recomendaciones.
Una correcta higiene oral previene las caries y la enfermedad periodontal, disminuyendo así la cantidad de organismos patógenos en boca y, por tanto, las posibilidades de padecer de amigdalitis.

En ocasiones es el odontólogo quien le da la voz de alerta al paciente de que debe visitar al otorrinolaringólogo, ya que observa unas amígdalas inflamadas, rojizas y cubiertas de placa blanquecina.
El otorrinolaringólogo es el especialista que dicta las pautas a seguir como el tratamiento, y debe ser respetado por el paciente. En otros casos, el médico refiere al paciente al profesional de la salud para la eliminación de focos infecciosos en la cavidad oral.

Las apariciones de amigdalitis de formas repetitivas y con corto periodo de tiempo entre sí, así como la magnitud del evento, influyen en que sea necesario el tratamiento quirúrgico.

Tal y como se había mencionado, las amígdalas son los primeros soldados en la batalla de mantener la salud, ante su ausencia, el paciente pasa a ser más vulnerable ante las enfermedades. Por otro lado, mantener unas amígdalas con continuos procesos infecciosos no es saludable para el individuo.

Una vez más, la prevención toma un papel estelar en el bienestar y la salud. Higiene, sana alimentación y visitas periódicas al profesional médico son valiosas herramientas para vivir saludable.

Recuerde que el cuerpo humano es un engranaje de piezas que funcionan en conjunto, de ahí la estrecha relación de la salud oral y la general.