Amor, respeto y disciplina, principios claves en la familia de Pedro de La Cruz

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POR ROSA FRANCIA ESQUEA
“A los hijos de tus hijos verás reunidos en torno a tu mesa”. Tal y como expresa el salmista, esa es una de las mayores satisfacciones de don Pedro de la Cruz, quien ha disfrutado la dicha de tener una familia cimentada en el amor, el respeto, la disciplina y, sobre todo, en los principios cristianos.

Tiene 88 años de edad, 60 de los cuales ha estado unido con doña Lourdes Suero de De la Cruz, con quien ha procreado diez hijos: Zunilda Altagracia, Marcos Antonio, Lourdes Ciriaca, Fanny Xiomara, Pedro Antonio, Lorenzo Rafael, Héctor Leonidas, Alba Rosemary, Manuel de Jesús y Nancy Corpiña. Éstos, a su vez, le han regalado 28 nietos y siete bisnietos.

Con excepción de Alba Rosemary, que reside en Puerto Rico, y de Lorenzo Rafael que permanece en su pueblo natal, Tamayo, todos acostumbran a reunirse a compartir en familia, bien sea un almuerzo, un paseo, una alegría, o el problema de cualquiera de ellos.

“El padre tiene que ser amigo de sus hijos, tratarlos con amor y estar atento a la vida de ellos, no sólo mientras están en el hogar, sino también después que se casan”, señala con firmeza don Pedro, quien disfruta en grande los logros de su prole y sus descendientes.

A Lourdes la conoció en Azua, de donde es oriunda, por eso allí nacieron algunos de sus hijos. Los demás vinieron al mundo en Tamayo, su ciudad de origen. El matrimonio luego emigró a la capital donde los muchachos concluyeron sus estudios secundarios y universitarios.

Zunilda está casada con Nelson Polanco; Marcos Antonio con Elsa Reyes (Edita); Lourdes Ciriaca, con Adonis Campos; Fanny Xiomara, con Juan Saviñón; Pedro, con Marilyn Reyes; Rafael, con Ruddy Díaz y Héctor Leonidas, con Sonia Méndez.

Sus hijas abrazaron el oficio del magisterio y, con excepción de Rosemary que trabaja como diseñadora de modas, todas están integradas al colegio Nuestra Señora de la Altagracia, que dirige Zunilda.

 Cuatro de los varones se inclinaron por la mecánica y Héctor Leonidas es contador. La mayoría de sus nietos son ya profesionales y trabajan.

Doña Lourdes, quien casó a los 19 años con don Pedro lo define como un buen esposo y un buen padre, “siempre me respetó, me ayudaba siempre en los quehaceres del hogar y todavía está viejo y lo continúa haciendo, arreglando las llaves que se rompen, lava, cocina, suapea…”. Juntos viajan a Estados Unidos, por lo regular una o dos veces al año, a conocer y a disfrutar de los familiares que residen allí.

 En los próximos días tienen planeado un paseo a Holanda invitados por unos amigos, entre los que está incluido un sacerdote que es como un hijo para ellos.

Para los hijos constituye un privilegio tener como padres a don Pedro y a doña Lourdes, por el ejemplo que les han dado acerca de lo que es un matrimonio unido por los sólidos lazos del amor y por las cualidades que adornan a ambos progenitores.

Por ejemplo, Fanny Xiomara confesó que lo que más admira es que en su padre sobreabunda la capacidad de amar y de perdonar. Asegura que él les brindó mucho amor “y nosotros continuamos repartiéndolo”. Otro motivo es que él siempre busca el lado bueno de los seres humanos “y sirve sin esperar recompensa”.

Cuando le pedimos a don Pedro un consejo a los padres de ahora, sus palabras fueron: “que críen a sus hijos juntos”. Y es que recuerda con pesar que él prácticamente no pudo disfrutar de la compañía de sus progenitores, pues vivió casi todo el tiempo con su papá; la madre suya falleció cuando tenía once años de edad y por eso siempre añoró tener un hogar unido, aspiración que ha sido satisfecha con creces.

Su padre, que llegó junto a su madre embarazada de él en el año 1917, trabajó haciendo las trochas en el lugar donde edificaría el ingenio que lleva el nombre de la provincia.

 “El ingenio empezó con la primera ocupación norteamericana; decían que iban a sembrar algodón, pero luego se decidieron por la caña de azúcar, comenta.

A él le toco trabajar siendo todavía un niño, como cadenero de un topógrafo; después, por espacio de 40 años, desempeñaría diversos oficios, como el de carpintero, albañil, electricista, inspector general de canales y maestro constructor.

Se siente satisfecho de haber sido pionero en algunas cosas, como por ejemplo, construyó la única pista de patinaje que ha habido en Tamayo; un convento que luego fue la sede de Radio Enriquillo; fue propietario de la primera fábrica de block en esa comunidad, y de la primera motocicleta que llegó allí.

Además, fundó la primera comunidad cristiana y fue presidente de Asamblea de la Iglesia Católica de Tamayo, presidente de la sala capitular y de la Oficialía Civil de allí, ambos cargos honoríficos.